David Barbero
-Reconozco que he acudido esta tarde al teatro Barakaldo para ver la obra ‘El efecto’ con notable curiosidad ya que había oído y leído numerosas alabanzas sobre ella y era consciente de la gran aceptación por el público.
Contaré incluso que en dos ocasiones anteriores he intentado ver esta función. Pero cuando he llegado a reservar las entradas, ha resultado que estaban ya todas agotadas. Todo eso había aumentado mi interés por descubrir las motivaciones secretas de ese atractivo.
En consecuencia, he llegado esta tarde al teatro Barakaldo con bastante frío y con amenaza de lluvia, que después no se ha cumplido. Pero llevaba unas expectativas muy elevadas. Una vez vista la obra, debo decir que esas expectativas se han cumplido e incluso han sido superadas.
A mi juicio, es posible que una de las razones esté en el tratamiento diferente de un asunto tan cotidiano e importante como es el amor. Pone sobre la mesa de análisis, juntos, el sentimiento amoroso y las reacciones químicas que produce en el cuerpo humano, con las posibilidades de condicionar o manipular esas emociones. Intenta dilucidar dónde empieza el origen, a qué niveles de dopamina se genera esa emoción y cuáles son los límites y las consecuencias de ese efecto. Analiza si esos niveles químicos en el cuerpo concluyen inevitablemente o no en la generación del sentimiento amoroso.
Otro motivo del éxito y la positiva aceptación general está en el tratamiento que ofrece el texto de Lucy Prebble. Mezcla las emociones con los análisis científicos y las manipulaciones médicas con gran habilidad narrativa y escénica. Además de autora de teatro, ha destacado como guionista en series televisivas y hasta en videojuegos. Todo eso proporciona habilidades narrativas muy notables, que ha sido reconocidas con varios premios. Sobre todo, supera las formas habituales que se usan sobre los escenarios.
No me parece menor, ni mucho menos, el mérito atribuible a Juan Carlos Fisher como adaptador y como director de escena. Lo ha demostrado ya en otras ocasiones. Plantea un desarrollo escénico basado en una serie de secuencias casi cinematográficas con flashes sonoros y lumínicos para abrir y cerrar las diversas escenas de esta historia. Da a cada una de ellas una entidad propia y las llena de fuerza expositiva y emocional. Así convierte toda la pieza en una experiencia teatral absorbente y cautivadora. La serie de cortantes flashes , visuales y sonoros, llevan al espectador a presenciar este asunto emocional, ético y científico con cierto distanciamiento y objetividad para que, finalmente, sea el propio espectador y saque sus conclusiones.
Tampoco me ha parecido menor, ni mucho menos, la aportación de los intérpretes. Los jóvenes analizados Elena Rivera e Itzan Escamilla, resultan muy convincentes en todo el proceso. Sobre todo al final, cuando ninguno de ellos sabe si la conexión que sienten es real o si es la consecuencia de los fármacos que les están administrando en el ensayo farmacológico en el que participan. También realizan un trabajo muy destacable los científicos y médicos que supervisan el experimento y que a la vez sufren sus propios problemas. Son Alicia Borrachero, como psiquiatra y psicóloga de amplia formación que arrastra tendencias depresivas a raíz de una tortuosa relación amorosa, y Fran Perea, último responsable frente a la farmacéutica del resultado del ensayo, que tampoco se libra de su propia mochila emocional.
Con todos esos mimbres, ‘El efecto’ nos hace cuestionar si lo que sentimos puede ser realmente nuestro se nos provoca artificialmente y hasta qué punto es posible controlar nuestras vidas. Una obra de teatro espectáculo teatral en la que todos y cada uno de los elementos están cuidados con precisión, calidad y meticulosidad.
De esa manera es como se logra ‘el efecto’ disfrutado hoy en el teatro Barakaldo.
Esta entrada se escribio el domingo, 25 enero 25 2026 a las 0:43 am. en la categoría: General. Puedes seguir los comentarios de esta entrada usando RSS 2.0 feed. Puedes dejar una respuesta, o trackback desde tu pagina web.