Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 22 abril 2018 - 10:58 am
Categoría: General

David Barbero

-Muchos de mis amigos saben que esperaba el día de ayer con impaciencia, para ver ‘Blackbird’, en el Teatro Barakaldo. Eliminé otras ofertas para esa fecha. Incluso cambié otros acontecimientos para que fuera posible.
-Incluía en mi interés, principalmente, el texto David Harrower, la dirección de Carlota Ferrer, la adaptación de José Manuel Mora y las interpretaciones de Irene Escolar y José Luis Torrijo.
-Sabía de la expectación creada por esta obra desde que fue escrita hace ya una docena de años. Conocía su éxito desde el principio en varios países. También era consciente de los interesantes trabajos escénicos hechos con ella por directores e intérpretes importantes.
-En concreto, había seguido con interés su puesta en escena, hace unos años en Barcelona, en catalán bajo la dirección de Lluís Pasqual. Aunque no pude ver el espectáculo, he releído las críticas que destacan su meticuloso estudio de los personajes y el trabajo para potenciar el hilo ascendente y emotivo de la acción.
-En el origen concreto de este proyecto, recordaba el rápido interés de la actriz Irene Escolar por hacerse con los derechos de este texto. Incluso en pugna con algún veterano director. El propósito era dar el salto definitivo desde los éxitos conseguidos en los círculos de teatro más experimental hacia otros campos más abiertos y generales. También estaban en la memoria sus gestiones con actores destacados, que no terminaron de asumir el arriesgado papel del protagonista masculino.
-En las últimas peripecias, aparecían la asunción del proyecto por parte de la directora Carlota Ferrer y el adaptador José Manuel Mora. Las suspicacias creadas hacia los peligros de intentar introducir señas personales reconocibles, incluso a costa de oscurecer el texto o perjudicar el desarrollo limpio de la acción y los discursos, mental o emotivo, de los personajes.
-Como detalle de la intensidad de mi expectación, diré que me cambié de butaca con el fin de tener una visión más directa y una comunicación más próxima con el escenario.
-Ya la primera visión con los intérpretes muy lejanos, metidos en un contenedor fue negativa. Difícil de justificar el juego de maquetas colocadas en medio. El primer efecto era distanciar lo substancial para acercar las aportaciones secundarias.
-Antes, ya había habido una muestra del video de arranque, que se completaría al final con el de cierre. Se puede reconocer que la idea llega a ser ingeniosa. Pero la aportación es muy reducida.
-Esa distancia y esa frialdad se prolongan a lo largo del espectáculo. Hay momentos en los que los intérpretes, sobre todo Irene Escolar, intentan dar contenido emotivo a su rico y complejo personaje. Pero el planteamiento general no ayuda. La línea ascendente de la acción y la comunicación emotiva, que en otros montajes habían sido alabados y agradecidos, se transforman aquí en continuas rupturas o cambios de registro que provocaban idas y venidas que reforzaban la separación y desconcierto.
-A esa sensación, contribuye también el uso de micrófonos y altavoces innecesarios, salvo para provocar esa sensación de alejamiento, o aumentar la falta de naturalidad. Ese efecto se nota de modo todavía más perjudicial en los dos monólogos remarcados artificialmente. Quizá en ellos, se hubiera salvado el efecto de la invasión del mar en otro planteamiento más emocional.
-Sobre la canción y la coreografía, se podría salvar la buena interpretación vocal del donostiarra José Luis Torrijo, y los movimientos suavemente rítmicos de la danza. Pero otros efectos al conjunto eran difíciles de percibir.
-Punto y aparte, como efecto negativo, cabe atribuir al artificial juego de las bolsas de basura. Está incluso a punto de arruinar la sorpresa final del texto.
-En definitiva, una pena, pensando en lo que podía haber sido un ‘Blackbird’ con las alas completas. Y también una oportunidad perdida, especialmente para quien adquirió los derechos con ilusiones positivas.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 19 abril 2018 - 12:37 pm
Categoría: General

David Barbero

-Debo confesar el gran error que cometí ayer al ir a ver en el Teatro Arriaga de Bilbao la obra ‘An und Aus’ del autor alemán Roland Schimmelppennig, dirigida por Burkhard Kosminski.
-Ese grave error consistió en no haberme documentado suficientemente sobre el contenido de la obra, sobre sus objetivos, sobre la manera de desarrollarla, sobre los propósitos del autor, sobre los motivos por los que la ha escrito.
-Yo fui sólo con una breve información sobre el contenido de la obra. Una información muy limitada. Cuatro ideas sobre el autor y dos sobre el director. Además de haber oído el comentario de la calidad de los actores y de los técnicos que participan.
-Fui con la disposición de recibir el impacto y completarlo con las ideas de los sobre títulos de la traducción del texto.
-Me enteré de muy poco. Fundamentalmente, salí con la sospecha de que allí había un trabajo muy serio en todos los sentidos y yo no lo había percibido. Por mi torpeza.
-Así lo debatimos una serie de amigos a la salida en una tertulia improvisada a las puertas del teatro. Lo debatimos y lo lamentamos.
-Pero alguna participante en el coloquio ha sido más diligente. Ha seguido la investigación y ha descubierto que todo eso existía.
-¡Una gran pena! Esperemos que sirva para aprender.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 15 abril 2018 - 4:22 pm
Categoría: General

-La asistencia ayer al teatro Barakaldo para ver ‘La carta’ de Paolo Nani se convirtió en un homenaje al rey de los clowns europeos.
-Qué dominio de los gestos, de los movimientos, de las muecas, de la manera de andar, de sentarse, de mirar, de no mirar, de reír, de llorar, de sonreír, de ni llorar ni reír. ¡Qué dominio de todo!
-Además, con los utensilios mínimos.
-Un maestro.
-Es espectáculo ‘La carta’ fue creado hace ya más de un cuarto de siglo. Con todo merecimiento ser ha convertido en un clásico del teatro gestual.
-Es de justicia no restar ningún mérito.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 14 abril 2018 - 4:59 pm
Categoría: General

David Barbero

-Asistí ayer, en el teatro Arriaga de Bilbao, a un muy destacado acontecimiento cultural. Fue el estreno absoluto del montaje de ‘Johannes Passión’ por Calixto Bieito bajo la dirección musical de Erik Nielsen.
-Para sintetizar la importancia del acontecimiento, además de destacar el hecho de ser un estreno a escala mundial, es preciso destacar su característica artística. Fue la plasmación, a mi juicio, de cómo algo que se puede quedar en un concierto sacro al uso es convertido en un espectáculo total.
-Entiendo por espectáculo total aquel que integra toda la diversidad de expresiones artísticas a nivel humano, instrumental y técnico. Su objetivo es comunicar al público no solo un cúmulo de sensaciones estéricas y vitales. También busca un impacto y una convulsión personal.
-Ese efecto se logra mediante la profundización en todos los elementos de la obra que se representa y en la potenciación de los sentimientos, las ideas, las emociones, las sorpresas, los impactos psíquicos y estéticos que se encierran en ella.
-Asimismo hay que idear, crear, coordinar, unir y dirigir todos los instrumentos y capacidades de que se dispone. Es preciso trabajar con excelencia en los campos de la creación, la dirección y la interpretación. Sólo de esa manera, el potencial de conocimiento y de emoción llega con toda su fuerza hacia el destinatario.
-Calixto Bieito había manifestado, en varias ocasiones, su deseo de afrontar esta ‘Pasión según San Juan’ de Juan Sebastián Bach por considerar que en esa pieza se incluyen todos los elementos que pueden permitir un efecto artístico y vital de tales dimensiones.
-Aparte su evidente contenido religioso, el director ve en ella un camino hacia la búsqueda personal, el encuentro con el otro, la autovaloración, el perdón, la liberación personal, el dolor, el consuelo o la posibilidad de una renovación interna.
-Ese deseo y ese proyecto artístico integral es el que ayer culminó sobre el escenario y el patio de butacas del teatro Arriaga de Bilbao. Para ello, ha contado con un equipo humano de gran categoría. Entre todos, han realizado un trabajo profundo e intenso orientado en una misma dirección. Todo el conjunto ha estado contagiado de un espíritu idéntico
-Muy destacada es la participación de Erik Nielsen, tanto en su labor de director de la orquesta Sinfónica de Bilbao como en la interpretación del clave. Él también está inmerso en la profundidad del mundo de Bach y ha querido llevar a sus músicos hasta ese descubrimiento.
-Una importancia decisiva hay que atribuir a la labor dramatúrgica de Bettina Auer, en el sentido que esta actividad tiene en el centro de Europa. Se trata de la mediación entre el ‘texto’ original y el director para llevar todo ese contenido hasta el público. En este trabajo concreto, se nota mucho su esclarecimiento del carácter de cada uno de los personajes. También la determinación de las acciones y el progreso continuo en la evolución del espectáculo.
-La coordinación entre ella y el director ha llevado a resaltar la fuerza de determinados objetos simbólicos, como las piedras, la soga, los zapatos, la tierra. También su planteamiento conjunto ha permitido acercar la obra y conectarla directamente con las personas de hoy para lograr una comunicación inmediata y sin intermediarios.
-Una consideración destacada se merecen las interpretaciones. Por supuesto, hay que alabar su calidad vocal. También es justo elogiar su intensidad interpretativa como actores que encarnan con toda la fuerza sus personajes hasta las últimas consecuencias. Hay que aplaudir a la soprano Berit Norbakken, como una María Magdalena integral; al alto Carlos Mena sin límites interpretativos; al tenor, desolado, Robert Murray; al patético e impactante Jonathan McGovern; al sorprendente Jesús de James Newby, o la seguridad del evangelista de Johua Ellicot.
-El coro fue también un punto y aparte en su trabajo. Su intensidad, su calidad, su fuerza, su ductilidad. La expresividad del conjunto basada en los méritos de cada uno. ¡Extraordinario!
-En realidad, es una injusticia no alabar a cada uno de los otros participantes en este espectáculo por la calidad de su trabajo. Citemos a las ayudantes de dirección Lucía Astigarraga y Barbora Horákova.
-Habiendo seguido con detenimiento la trayectoria de Calixto Bieito en su todavía corta estancia en el teatro Arriaga, se puede decir que este espectáculo pone la coherencia y el sentido a los propósitos que él expuso en su presentación inicial. Allí señaló que deseaba proyectar en Bilbao una manera de crear espectáculos que era aquí desconocida y que ya se practica en centro Europa. Eso se vio ya en el primer espectáculo que programó y que llevada el sugerente título de ‘Y entonces viniste a robarme el alma’. Aunque por medio, quizá, todo no haya ido en la misma dirección, ayer esa línea quedó de manifiesto con toda su fuerza.
-Otro de los objetivos que se expuso aquel día primero fue el deseo de internacionalizar el teatro municipal de Bilbao. Esta ‘Johannes Passión’ es una coproducción con el teatro du Chatelet de Paris. ¡Y el estreno absoluto ha sido aquí!

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 8 abril 2018 - 11:13 am
Categoría: General

David Barbero

-Me voy a referir otra vez a la teoría de los ‘coreógrafos teatrales’. Ya he dejado claro que no me la puedo atribuir. Todavía ando debatiendo sobre ella con interés. Me han intentado convencer de que es un punto clave para conocer los nuevos caminos del teatro. Yo, por mi torpeza sin duda, estoy todavía intentando asimilar su naturaleza y su importancia.
-Ayer me defendieron que la obra ‘El funeral’ que vimos, no muchos, en el teatro Barakaldo es otra muestra de esa tendencia. Añadamos que se trata de una producción de la compañía Teatro Che y Moche. Son de Zaragoza. El director de la función es Joaquín Murilllo. En el programa de mano, no aparece ninguna alusión ni nombre del autor. El espectáculo lo desarrollan cuatro instrumentistas musicales, también actores. Hay que reconocer que son buenos en sus diferentes facetas.
-La síntesis de la obra, ellos lo dicen así, es una reunión para celebrar el funeral de su abuelo Dimitri. En su honor, tocan y cantan las piezas o canciones que más le gustaban a él. De esa manera, la reunión se convierte en un teórico homenaje hacia el fallecido y una fiesta divertida para el público.
-La que me explicaba esta teoría sobre el carácter coreográfico de la dirección teatral, me insistía ayer en que esos son los elementos esenciales de la nueva tendencia, Fundamentalmente, hay que coger un acontecimiento musical y ‘teatralizarlo’, darle profundidad, o comicidad o acercarlo al público. En definitiva, convertirlo en espectáculo. Queda claro que en el buen sentido de la palabra. No siempre va dirigido hacia la comicidad ni mucho menos. En general, tiene como objetivos potenciar y destacar los valores o el sentido de lo que se quiere comunicar.
-Escuché atentamente las explicaciones. Hice algunas preguntas. Voy avanzando en la comprensión de la teoría. Pero tengo que seguir investigando.

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