Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 13 noviembre 2019 - 11:34 am
Categoría: General

David Barbero

-Ayer me ratifiqué en la necesidad de que exista y se desarrolle un teatro ‘difícil’. Entiendo por difícil, un teatro conceptual, discursivo, intelectual, ideológico, de debate. Hay que aceptar que también suele resultar árido, duro, esforzado y poco gratificante.
-Llegué a esa conclusión, asistiendo a la representación en el teatro Arriaga, de la ya conocida obra ‘Ella no es Liz Taylor’, escrita y dirigida por Chema Trujillo. Está interpretada por Ana Blanco y Eguski Zubia. En su preparación, también han participado, Aitor Borobia como ayudante de dirección, Anitz en la caracterización y Nati Ortiz de Zárate en el vestuario.
-Se mueve esta pieza en el ambiente del arte contemporáneo. Ofrece una exposición y un debate sobre las maneras de concebir y vivir la creación artística. Se toma como pie el regalo de un retrato que Andy Warhol hace a la actriz Elizabeth Taylor. Y desarrolla las consideraciones que hace Marcel Duchamp, otro mito de ese mundo plástico.
-El polifacético Chema Trujillo demuestra aquí un más que notable conocimiento del arte moderno y de las teorías que tratan de explicarlo. También evidencia una gran valentía al afrontar un proyecto de gran riesgo.
-Esas mismas cualidades exhiben las actrices Eguzki Zubia y Ana Blanco. Sus personajes ofrecen muchísimas resistencias para ser interpretados. El desarrollo discursivo y abstracto de la pieza hace su labor todavía más complicada. Por esa razón, es preciso reconocer su merito.
-Yo ya he expuesto, al comienzo, mi opinión favorable a la existencia y desarrollo de este tipo de teatro.
-Pero también es comprensible el criterio de quienes ayer salían del teatro Arriaga opinando que la experiencia de asistir a una representación escénica debe ser gratificante.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 11 noviembre 2019 - 12:18 pm
Categoría: General

David Barbero

-Este fin de semana, ha estado, en el Teatro Arriaga de Bilbao, la extraordinaria actriz Nuria Espert representando los versos de ‘El romancero Gitano’ de Federico García Lorca.
-He destacado, desde el principio, lo de ‘extraordinaria’ actriz. Desde hace muchos años, tengo en gran estima sus actuaciones profesionales y sus actitudes personales.
-También he utilizado el verbo representar en lugar de recitar, a pesar de ser un texto esencialmente poético. La gran capacidad de comunicación con el público de Nuria Espert y su implicación con el texto, lo ha llevado a una representación con todas las consecuencias.
-Hay que señalar que ha demostrado, una vez más, sus cualidades y su gran maestría en la dicción, los movimientos, gestos, posturas. Todo el espectáculo estaba especialmente cuidado, en las luces, los sonidos hasta los más mínimos detalles.
-No me gustaría ahorrar ninguna alabanza hacia Nuria Espert, antes de explicar el título que he puesto a este comentario.
-Parto de la consideración de que, en esta gran actriz, caben dos posiciones, planteamientos, actitudes, o incluso personalidades. Por un lado, está la perfección, el detalle medido, el gesto preciso, la contención. Lo designaría como ‘Doña Nuria’. Conviviendo con esa actitud, hay otra, llena de pasión, de fuerza, de ruptura, incluso de rebeldía. La podemos llamar ‘La Espert’. No creo que sean opuestas sino complementarias.
-Pienso que, este fin de semana, ha venido al Arriaga la primera. La prefecta, la precisa, la exacta, la controladora. Hasta para colocarse en el lugar correspondiente al mejor foco o para sentarse de la manera más adecuada en la butaca señalada.
-A mí, me hubiera gustado también presenciar ‘El romancero gitano’ por la Espert. Por la rompedora, por la pasional. Quizá sin respetar las luces establecidas. Quizá llegando a sudar. O saltándose los tonos exactos. O no diciendo con tanta exactitud las introducciones escritas para cada uno de los poemas.
-Mejor todavía. Hubiera sido extraordinario haber visto un día a la perfecta ‘Doña Nuria’ y otro día a la apasionada ‘La Espert’.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 10 noviembre 2019 - 12:01 pm
Categoría: General

David Barbero

-Esta vez, voy a comenzar por el final y plantear una cuestión subjetiva.
-Al salir ayer del Teatro Social de Basauri, bajo la lluvia, se me impuso el debate sobre quién es el destinatario último del teatro y del arte en general.
-¡Ah! No he dicho que habíamos estado viendo ‘La isla’, obra producida por Histrión Teatro; escrita y dirigida por Juan Carlos Rubio; e interpretada, además magníficamente, por Gema Matarránz y Marta Megías.
-Es posible que nos influyeran las palabras del programa de mano en las que se decía que este espectáculo había sido preparado ‘expresamente’ para esas actrices.
-En ese sentido, se cumplió el objetivo establecido. Ya he indicado que las dos se lucen y demuestran sus grandes capacidades interpretativas.
-Me dio la impresión, -algo subjetivo-, de que no se había pensado tanto en el lucimiento de los técnicos de iluminación o atrezzo. Ni quizá tampoco en el equilibrio interno de la construcción de la obra.
-También me había llegado la sensación, -otra subjetividad-, de que no se había pensado muy detenidamente en el público y en la mejor manera de hacerle llegar la profunda historia que se deseaba contar. Es decir. La obra no se había hecho ‘expresamente’ para los espectadores.
-Las preguntas concretas del debate que mantuvimos, camino de casa, fueron las siguientes: ¿El ‘éxito’ final de una obra de teatro no es conseguir que el público haya comprendido, y sentido, exactamente lo que se quiere decir? ¿O el objetivo es la satisfacción del creador o interprete por creer que ha hecho las cosas bien?
-Una de las participantes en el debate pensaba que había una dosis elevada de manipulación en ese planteamiento. Pero tampoco en eso nos pusimos de acuerdo.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 9 noviembre 2019 - 11:30 am
Categoría: General

David Barbero

-La compañía teatral portuguesa Chapitó es uno de los ejemplos mundiales de permanencia y mantenimiento de una manera de trabajar sobre el escenario. Comenzaron hace décadas ya con ese estilo y lo mantienen con las correspondientes actualizaciones y mejoras.
-Empezaron en unos locales parroquiales de Lisboa. Y creo que todavía siguen ensayando allí.
-Ese estilo característico consiste en elegir un texto clásico y reelaborarlo a su manera. Se suben al escenario vestidos de calle, no usan decorados, cada uno asume varios personajes y actúan comunicándose directamente con el público.
-Este año están girando con ‘Hamlet’. Mantienen la autoría de Shakespeare. Extraen del texto las ideas esenciales. Corrupción, ambición de poder, locura, venganza o incesto. Llevan la acción desde Dinamarca hasta un ascensor de Nueva York. Los tres actores y una actriz se visten con un traje masculino, o quizá unisex, de ejecutivo actual. Y lo representan en un tono lleno de humor, acrobático, en movimiento continuo, casi de circo.
-Es posible que su humor se esté haciendo más enigmático, menos intencionado, con una elaboración más compleja, menos directa. O quizá sea una impresión mía.
-Siempre han actuado con ese esquema. Comenzaron con los textos clásicos griegos. Ahora le ha tocado al insigne William.
-Tradicionalmente han sido muy bien acogidos en los escenarios vascos. Incluso han realizado colaboraciones con compañías de aquí. En el festival internacional de teatro de Santurtzi, tienen un puesto fijo. Ayer estuvieron allí.
-Antes éramos pocos los que les seguíamos incondicionalmente. Ahora han abierto muchas puertas en el mercado teatral internacional.
-Si todavía no te has encontrado con ellos, puede ser éste el momento.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 8 noviembre 2019 - 12:20 pm
Categoría: General

David Barbero

-Permitidme una advertencia previa. Soy racionalista. Me gusta comprender las cosas. Por ejemplo, cuando presencio un espectáculo, realizo esfuerzos para entenderlo. Y reconozco que, cuando no lo logro, tengo tendencia a disgustarme.
-Ayer asistí a ‘Not a moment too soon’. Se trata de un homenaje al coreógrafo innovador Merce Cunningham. Forma parte del Festival internacional de danza contemporánea, Dantzadia, que organizan, con esfuerzo y talento, los responsables de la sala La fundición.
-En el programa de mano, la pieza es definida como ‘una obra escénica multidisciplinar que integra danza, texto, música y video y recorre la experiencia vital… ‘Es un viaje compartido en sus compases finales… ‘Un acto de introspección en una memoria compartida…
-A lo largo de la representación, realicé el habitual esfuerzo de comprensión. Reconozco que con escaso resultado. A la salida, un grupo de aficionados realizamos un coloquio. Pero no nos pusimos de acuerdo en si aquello había sido una auto ficción deconstruida o una elucubración performática.
-Alguien entendido en estos lances artísticos vanguardistas me ha dicho varias veces que mi método es equivocado. No procede intentar comprenderlo todo racionalmente. Hay otras vías para enfrentarse al arte: La imaginación, la apertura emocional, dejarse llevar por las sorpresas. De esa manera, se logra participar en propuestas artísticas avanzadas y descubrir nuevos horizontes. .
-Estoy convencido de que este amigo tiene razón. Pero tengo el lastre de mi racionalismo.
-Debo cerrar con una advertencia final. ¿Cómo avanzaríamos artísticamente aquí sin estas novedosas experiencias que nos traen estas/os chicas/os de La Fundición?

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