Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 1 marzo 2014 - 6:48 pm
Categoría: General

Hola, José Antonio,
Tras la breve conversación del otro día al terminar el estreno, en el Teatro Barakaldo, de ‘El amor después de amor’, me quedé con mal de sabor de boca, por la duda de no haberme expresado adecuadamente. En resumen, te dije que deseaba ver la obra otra vez y seguramente te lo dije de forma ambigua porque no indiqué si eso era haber sacado una buena impresión o no. Por esa razón, deseo comentártelo más detenidamente.
La representación me interesó mucho. Más que mucho. Ya antes de verla, me había interesado al conocer el proyecto. Leí lo que encontré sobre ella. En el ajetreo diario, tampoco encontré mucho. Pero lo que encontré me provocó una mayor expectación. Había tres focos en mi interés: Respecto a la obra, 1.- el tratamiento del Alzheimer y 2.- una historia de amor contada por tres voces. Respecto al espectáculo completo, el ensamblaje (¿lo llamamos así?) con la obra plástica de Dora Salazar, a la que también estimo y admiro mucho.
Por lo tanto, acudí con una gran curiosidad. Con mucha más curiosidad de lo que habitualmente provoca la mayoría de los estrenos teatrales. Estuve a punto de ir al teatro con pajarita, como hago algunas veces para resaltar, para mí, el acontecimiento al que acudo. Pero, como soy persona tímida, me dio un poco de vergüenza.
Así que me senté en el patio de butacas, tras saludaros a Garbi y a ti. Afiné mis mil ojos, dispuesto a no perderme detalle y a comprender, en extensión y profundidad, el experimento artístico. Estuve en esa tensión, durante toda la representación. Sé que hay quien no recomienda esa actitud. Algunos aconsejan ir relajados y dejarse llevar. Quizá sea mejor. Pero cada uno va según su personalidad. Y la mía es ésta.
Ah! Sentado en el patio de butacas, me dio tiempo a leer las dos referencias de los dos programas de mano. La hoja de la función insiste en el aspecto de ser una historia de amor contada a tres voces y en lo de las muñecas rusas. La referencia del folleto del teatro con la programación de la temporada alude a la situación de la mujer en su velatorio, reconstruyendo su vida en un momento pongamos difícil de su estado mental. Era más o menos lo que yo había leído con anterioridad. Aunque todo confluye en lo mismo, quiero poner un poco de énfasis en el doble (¿diferente?) enfoque.
Estábamos en que me mantuve toda la representación con los mil ojos, intentando no perderme detalle y tratando de comprender todo el proyecto, deseando integrar el conjunto.
Aquí viene la explicación de lo que te dije que deseaba ver la obra otra vez con el propósito de lograr esos objetivos de no perderme detalle, de comprender todo el proyecto y de encajar todos los elementos.
En esta primera visión de la obra, me interesó, creo, más la narración a tres voces de la historia de amor. Bueno. Tres voces presentes. Pero también alguna voz ausente como la del hombre bueno. Asimismo me intereso la reconstrucción a saltos defectuosos de la memoria de la vida de la señora. Quizá me interfirió un poco. Me pareció como que en la reconstrucción de su vida completa quizá debía haber algunos otros acontecimientos que esa historia de amor, aunque sea tan interesante y profunda. Por lo tanto, para encajar esos dos aspectos, el cuerpo me pedía una nueva visión de la obra, con el fin de encontrar una cohesión armoniosa y perfecta.
Mis mil ojos estuvieron también pendientes de ver y comprender el engranaje entre la exposición plástica y la exposición teatral. Llamémoslo así, aunque la palabra exposición no sea la adecuada. Me pareció un experimento interesantísimo. Insisto interesantísimo. De un trabajo, además de muy valioso, muy intenso. Yo trataba de ir relacionando, coordinando, uniendo las dos narraciones. ¿Lo llamamos también así? Mis mil ojos trataban de multiplicarse, para no perder ni un colorido, ni una forma plástica, ni un gesto, ni un tono de voz.
José Antonio, en esta explicación, te he hecho una trampa, que seguramente es la explicación de mi reacción. Yo no tengo mil ojos. Sólo tengo dos, y una neurona oxidada que trata de coordinarlos. Por esa razón, yo deseo (necesito) ver otra representación de esta obra, que tanto me ha interesado. Pero este deseo (necesidad) es una muestra del gran interés que me ha despertado vuestro trabajo. Os felicito. Díselo también a Garbi y a Dora, por favor.
Un abrazo.
david barbero

Esta entrada se escribio el Sábado, 1 marzo 1 2014 a las 18:48 pm. en la categoría: General. Puedes seguir los comentarios de esta entrada usando RSS 2.0 feed. Puedes dejar una respuesta, o trackback desde tu pagina web.

1 comentario

    marzo 5, 2014 @ 10:56 am


    Leí tu comentario crítico el pasado domingo, después de haber pergeñado mis impresiones que no publiqué hasta ayer, martes.
    http://lucernarios.net/2014/03/04/el-amor-despues-del-amor-garbi-losada-ados-teatroa/
    Comprendo la necesidad que expresas de volver al teatro una segunda vez para acabar de satisfacer el despertado interés. Pero, aunque no sea una norma general, casi siempre las cosas que nos gustan y percibimos más que interesantes, suele ocurrirnos a la primera. Me parece bien ser prudente y esperar para conformar un juicio más acabado, pero creo que ya lo has dicho todo en tu amable explicación.
    Como te había comentado en otra ocasión, acostumbro a leerte una vez que yo -ajeno a la escritura de críticas ni de nada- me he hecho mi composición de lugar. Y tengo que decirte que, libre de conocimientos y amistades con autora, actrices y realizadores, entiendo y comparto tu inicial indecisión. Una obra buena, sí; pero le falta algo. Algo que yo no tengo interés en verificar en una segunda puesta en escena, pues me quedo con lo que vi y disfruté.
    Salud.

    Comentado por Julio G. Alonso
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