David Barbero
-He puesto en el título de este comentario ese grito reivindicativo del tipo de espectáculo que he presenciado esta tarde en el rato del teatro Arriaga de Bilbao. Allí he presenciado el estreno de la obra ‘La Virgen del Rocío se aparece porque se lo ha dicho su psicóloga’. Un título largo. Pero expresivo del contenido y las intenciones de la pieza.
He utilizado el el adjetivo irreverente. Pero a la salida del local, he escuchado otros igualmente laudatorios, a mi juicio, referidos a este espectáculo: lúcido, atrevido, valiente, divertido, rebelde. Los expongo como muestra de que mi opinión ha resultado ser, creo, bastante compartida.
Así que vamos a adelantar, como reconocimiento, los nombres de las personas responsables a quienes van dirigidos esos reconocimientos. Idea original hay que atribuírsela a Gemma Martinez, que participa también en la dramaturgia y la interpretación. Laura Ortega está en la dirección, la dramaturgia y el diseño de la escenografía. En los textos, han participado también Pedro Rivero, Silvia Delgado y David Caiña. La otra intérprete es Vito Rogado, que ha desarrollado también sus grandes cualidades como cantante. El diseño de la iluminación es de Edu Berja. En la banda sonora han intervenido: Nerea Alberdi y David Sánchez. En la coreografía, Alberto Ferrero. Además de las labores de producción, que también han sido importantes. Otro aspecto de gestión a destacar es que hoy se ha estrenado en el teatro Arriaga. Pero de modo inmediato, pasa a representarse en el nuevo local de Pabellón 6 de Bilbao.
En esta comedia, la Virgen del Rocío, conocida también por otras denominaciones, decide enfrentarse a sus traumas divinos y humanos y revisar su papel en ese gran best seller patriarcal llamado Biblia. Realiza un viaje entre lo místico y lo mundano, donde se descubre que los ángeles tampoco saben gestionar sus emociones, los santos no entienden de género, las otras vírgenes se pelean por la custodia compartida y Dios tiene varios asuntos pendientes a los que atender. Ella, por su cuenta, lo que desea de verdad es bajarse del pedestal y dedicarse a otros cosas como bailar.
Después de siglos en lo alto de los altares, envuelta en incienso y promesas, rodeada de claveles rojos, la Virgen del Rocío ha decidido cambiar de vida y arreglar sus problemas psicológicos y buscar su felicidad.
Mientras su hijo acapara milagros y su marido se lleva los méritos del silencio, ella queda reducida a un adorno piadoso. Así que ha pedido cita con una psicóloga y bajo su supervisión comienza a poner en marcha la terapia oportuna.
Todo este planteamiento ha llevado a disfrutar de una comedia completa y contagiosa. Pero ha servido también para poner solfa y cuestionar aspectos y creencias, o supersticiones, que se dan por intocables. Lo cual, por otra parte, siempre ha sido misión del teatro, sobre todo en el género cómico.
También ha servido para evidenciar, una vez más la calidad de las personas citadas más arriba en el campo de la creación teatral, la escritura, la dirección escénica, la interpretación, escenografía y otras actividades de la representación teatral.
Por esa razón, es preciso apuntar que el numeroso público asistente, al final de la representación, ha reconocido las cualidades de ese trabajo con largos aplausos y otras manifestaciones de reconocimiento.