Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 21 enero 2026 - 1:04 am
Categoría: General

David Barbero

-Reconozco que he acudido con una especial curiosidad esta tarde al palacio Euskalduna de Bilbao, dentro de la temporada operística de la Abao, para disfrutar de la ópera ‘Werther’, de Jules Massenet con  libreto de Éduard Blau, Paul Milliet y Georges Hartmann.

Conozcía el personaje de Werther desde la literatura, por la obra de mi admirado Johann Wolfgang von Goette, en la que se ha inspirado esta composición operística. Siempre me ha parecido un personaje muy potente, de impresionante emotividad, digno de analizar y también para meterse dentro de su espíritu torturado y su vivencia trágica.

Así que me ha resultado muy gratificante y enriquecedora este ‘reencuentro’ emocional añadido y complementario a través de diferentes elementos artísticos y expresivos.. 

En consecuencia, agradeceré a quienes me lo han permitido. Comienzo por los intérpretes. Los protagonistas han sido Celso Albelo, Annalisa Stroppa, Lucía Iglesias, y Ángel Òdena. Ha intervenido  la Bilbao Orkestra Sinfonikoa, dirigida por Carlo Montanaro, el Coro Ópera de Bilbao y Leioa Kantika Korala.

De la dirección de escena se ha responsabilizado Rosetta Cucchi. Deseo detenerme en ella. Su labor ha sido calificada, para bien,  como ‘descontextualizadora’ en el tiempo y en el espacio. Ha realizado una ucronía con gran resultado eficaz y artístico para acercar os hechos y los personajes. Traslada la acción desde el último tercio del siglo XVIII a la mitad del XX, con una plasticidad cuajada en una cuidada sensibilidad  y  dominio escénico, que ha facilitado la conexión emocional para los espectadores. Desde luego, para mí sí. A ello han contribuido la escenografía de Tiziano Santi, la iluminación der Daniele Naldi y el vestuario creado por Claudia Pernigotti.

Vuelvo a los intérpretes. También sobre ellos, también se han expuesto ya valoraciones positivas. En lo referente a la parte de cantantes, y en el aspecto de actores o actrices.   Celso Albelo, en el papel de Werther, ha dado una lección, tanto en el saber escénico como en el canoro, de cómo ha de abordase el personaje del joven escritor enamorado con turbulencias emocionales suicidas.  No soy el primero que lo señala. Ha construido un personaje de calado psicológico y gran inteligencia vocal.

La mezzosoprano italiana Annalisa Stroppa ha encarnado una Charlotte entregada con una gran fuerza y emotividad dramática en su calidad de amante sojuzgada por las convenciones sociales, siendo su momento cumbre cuando canta, con desgarro contenido, las escenas más dramáticas.

Asímismo se ha destacado la expresividad de la soprano a Lucía Iglesias interpretando una Sophie llena de emotividad. El barítono Ángel Òdena, en su rol de Albert, ha demostrado su profesionalidad y maestría.

Así que, volviendo a lo expresado al comienzo, reitero mi satisfacción y hasta mi agradecimiento por permitirme reverdecer mi vivencia emotiva de Werther, e incluso haber añadido la de Charlotte.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 17 enero 2026 - 12:03 am
Categoría: General

David Barbero

Acabo de venir del teatro Arriaga de Bilbao donde he presenciado un impresionante testimonio teatral titulado ‘Blaubeeren’, escrito por Moisés Kaufman  y Amanda Gronich, que aquí en España ha sido dirigido por Sergio Peris-Mencheta, lo que significa además su regreso público, después de su grave enfermedad.

Este texto, con el título de ‘Here There are Blueberries‘, se estrenó en La Jolla Playhouse Theatre, de San Diego, en el año 2022. Desde entonces, ha tenido un prolongado y exitoso recorrido en teatros de todo el mundo, tanto por el fondo de su exposición y denuncia como por la originalidad del tratamiento.

En definitiva, la pieza expone y muestra, de modo detenido y muy cuidado en todos los aspectos, el proceso investigación sobre un álbum de fotografías correspondientes a la segunda guerra, al periodo nazi en Alemania y en concreto a los actos de exterminio llevados a cabo en el campo de concentración de Auschwitz. Y también las conclusiones históricas, morales, políticas y humanas que se deducen de los hechos que esas fotografías confirman y denuncian.  

Para situaros, debo decir que, en el año 2006, se produjo el hallazgo de un álbum de 116 fotografías de la Segunda Guerra Mundial, nunca vistas hasta entonces. Fueron enviadas a Rebeca Erbelding, directora de archivos del Museo Conmemorativo del Holocausto de los Estados Unidos. Tras un estudio detenido, resultaron ser instantáneas recogidas por los oficiales nazis encargados del campo de Auschwitz.

 Esas fotos recogían el día a día de quienes lo administraban, sus rutinas, sus fiestas, su cotidianidad y hasta su descanso en el especial lugar de retiro y relajación de Solahütte, cercano al campo. En esa colección fotográfica, no aparecían las víctimas, sino la bucólica vida campestre de sus guardianes, al otro lado de los muros y alambradas que les separaban del horror.

El álbum fue nombrado como la colección Hoecker, por el apellido de su dueño, que resultó ser el último ayudanta del comandante de ese campo. Su rostro puede reconocerse en muchas imágenes, junto al de su jefe Rudolf Hoss, además de Richard Baer o Josef Mengele, incluyendo grupos de mujeres que se ocupaban de tareas como mecanografía, taquigrafía u operadoras de comunicación del campo de concentración.

Los autores de este texto dramático, Kaufman y Gronich, iniciaron un proceso de investigación y entrevistas, sobre el que se construye  esta pieza de teatro documental,. Se incorporan testimonios de descendientes de aquellos nazis. Lo más impresionante de estas imágenes, como se refleja a lo largo de la pieza, es que demuestran que personas normales, en determinadas condiciones, traspasan los límites de humanidad, anestesiándose ante la interiorización del sistema y su crueldad. 

Desde el punto de vista teatral, la pieza está muy cuidada y es irreprochable en sus formas, con una escenografía de Alessio Meloni que se transforma  continuamente para acoger lo que es más impactante de esta propuesta: las fotografías. Cuenta con el acertado trabajo de Emilio Valenzuela en los audiovisuales. Adecuadas aportaciones de Pedro Yagüe en iluminación, Elda Noriega en vestuario, Benigno Moreno en sonido y Joan Miquel Pérez en composición musical. 

El elenco de actores y actrices, que también son  músicos,está formado por Clara Alvarado, Víctor Clavijo , Eric de Loizaga, Nacho López, Irene Maquieira , Natxo Núñez , María Pascual  y Paloma Porcel, se comporta como un todo, con un magnífico resultado coral.

La pieza mantiene al público impresionado y atento a  cuanto pasa sobre el escenario  transformado en el Museo Conmemorativo del Holocausto de los Estados Unidos. A ello, contribuye la meticulosa dirección escénica de Sergio Peris Mencheta y la muy convincente  interpretación del elenco arriba citado.

En definitiva, un montaje impactante y de denuncia que nos recuerda que aquellos campos de concentración no ha terminado, y que hoy basta con mirar hacia ciertos conflictos se reproducen con idéntica crudeza.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 16 enero 2026 - 12:21 am
Categoría: General

David Barbero

-He acudido esta tarde al Teatro Campos Elíseos de Bilbao para ver la comedia titulada ‘Mejor no decirlo’, escrita por la autora francesa Salomé Lelouch, dirigida por Claudio Tolcachir e interpretada por Imanol Arias y María Barranco.

-Con la gran popularidad que tienen los intérpretes, era fácil suponer que el teatro iba a estar totalmente abarrotado y así ha sido. Lleno de fans o  admiradoras. De ambos sexos. De una cierta edad, como se suele decir ahora.

-Sin embargo, ellos no han elegido una comedia de esas al uso, para lucirse con gracietas hilvanadas con un argumento sentimental sobre un falso enredo. Tampoco han buscado un director especializado en provocar carcajadas y aplausos en cada mutis. Incluso, ni siquiera hay mutis. 

-Como ya lo sugiere el título, no hago ningún spoiler perjudicial si digo que ellos dos son un matrimonio veterano con los problemas habituales en esa situación. El conflicto, o uno de ellos, es la comunicación entre la pareja. Los secretos o la libertad de decir siempre toda la verdad, los problemas que eso puede traer, y el debate sobre si es mejor callar y no decirlo todo o si resulta aconsejable hacer exactamente lo contrario.  

Los dos personajes  comparten una vida de apariencia tranquila. Han aprendido a convivir midiendo las palabras, guardando silencios que evitan heridas y preservan la paz. Pero un día, sin motivo aparente, comienza a decirlo todo o casi. 

El texto de la francesa Salomé Lelouch, También actriz. construido con agilidad y eficiencia sobre la base de escenas y diálogos sin una acción anecdótica continuada, aborda las relaciones sentimentales desde sus aspectos más cotidianos y, al mismo tiempo, delicados. Es un repaso por los temas que muchas veces evitamos. Aunque no profundiza demasiado en cada uno, funciona como motor dialéctico y explora discrepancias o tensiones.

La dirección a cargo de Claudio Tolcachir, opta por la contención formal, aportando por una comicidad sutil e inteligente, basada en el juego y complicidad verbal. Denuesta el dominio de este director argentino en el manejo de los intérpretes.  la escenografía de Mariana Tirantte es minimalista pero versátil, con elementos móviles que transforman puertas en ventanas o camas en armarios y plataformas que mutan los espacios domésticos continuamente. La iluminación de Matías Sendón refuerza esas transiciones. Pero comete el error de colocar las luces detrás de los actores y enfocadas directamente al público.

Esa aparente simplicidad constituye el desafío para los intérpretes tanto Barranco y Arias demuestran su talento y su madurez en el oficio. Deben permanecer totalmente presentes, sin artificios ni apoyos que los protejan. María Barranco aporta toda su versatilidad, encarnando a la voz dominante de la pareja: locuaz, imparable, siempre un paso por delante en el diálogo.

Imanol Arias representa el polo opuesto: el hombre conocedor de que bajar la voz es una estrategia de supervivencia. Su personaje parece simple, pero el actor lo aborda con una ingenuidad fascinante que subraya tanto el humor como la tensión.

En definitiva, una comedia que da, en todos sus aspectos, más de lo que habitualmente se espera.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 12 enero 2026 - 12:08 am
Categoría: General

David Barbero

-Vamos a situarnos. Esta tarde he acudido al teatro  en Pabellón 6 de Bilbao para ver de nuevo la obra ‘Lovesong’ como había prometido justo el día que vi su estreno en el teatro Arriaga hace unas semanas. Dejé constancia  de ese compromiso en este mismo espacio. Ahora ratifico su cumplimiento ante las dudas expresadas por algunas.

El motivo de esta repetición está en mi convencimiento de que las distancias en el teatro entre el escenario y el espectador son fundamentales. En Pabellón 6, casi no existen. Eso hace que la comunicación no sólo sea más cercana sino diferente. Se perciben otro tipo de matices y de emociones.

Hay otras dos razones. En el cambio aludido, se produce una variación en las dimensiones del escenario. No es un detalle pequeño cuando el número y las dimensiones de los muebles y el atrezo es considerable. También influye que  en el teatro Arriaga ví el estreno. Es decir la primera representación. Ahora han pasado varias semanas y un montón de representaciones. Esto repercute en la serenidad de la interpretación, la complicidad entre los miembros del elenco y el aporte de nuevos matices.

Todos esos matices han llevado a que esta tarde haya visto casi una nueva obra. He colocado un ‘casi’. No quiero exagerar. Si tuviera que elegir, me quedaría seguramente con la de hoy. Por el conjunto de cambios en la visión y en las sensaciones. Pero no tengo que elegir, así que no excluyo a ninguna.

Hay un aspecto que no sé cómo explicarlo y determinar sus causas. Me han llegado los personajes, su evolución, la expresión sus  limitaciones, quizá contradicciones, su incomunicación, sus vacíos vitales, las insatisfacciones. En el estreno, me llegaron más los aspectos formales, los movimientos, los contactos sutiles entre los intérpretes que encarnan el mismo personaje con diferentes edades.

Ha sido una interesante experiencia. Esta doble visión me ha resultado muy útil. Deseaba sólo dejar constancia también de ello. Sobre la adaptación y dirección escénica de Sandra Maturana mantengo lo que entonces señalé. Lo mismo sucede con las interpretaciones de Itziar Lazkano, Felipe Loza, Itxaso Sánchez y Kepa Alesso. Sin olvidarme de abundante vestuario de Betitxe Saitua.

Una conclusión positiva que me ha dado la sensación de haber sido compartida y generalizada en todas las representaciones. Los aplausos finales, hoy, que ha sido la última función por ahora, así como el día del estreno, han sido prolongados y emotivos. Hay que interpretarlos como símbolo de satisfacción y reconocimiento.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 11 enero 2026 - 12:43 am
Categoría: General

 David Barbero

-He acudido esta tarde a conocer el espectáculo multidisciplinar ‘Caramel’ con gran curiosidad y con bastantes desconocimiento. Había oído hablar ligeramente sobre las hermanas Peya, una pianista y otra bailarina. También sobre el dúo que forman con el nombre de ‘Les impuxibles’. Pero poco más. Así que el atractivo para mí estaba en el teatrero integral Pablo Messiez, que firma los textos del espectáculo.

-Sabía que las dos hermanan han temas tan actuales como la salud mental, en una obra titulada ‘Suite TOC núm 6‘, o el suicidio, en ‘Harakiri’.  Ahora afrontan otra cuestión de actualidad y preocupación, como es el de las drogas en este, ‘Caramel’ que ha sido producido por el Teatre Lliure de Barcelona. En este caso es donde cuentan con la colaboración del dramaturgo Pablo Messiez, autor de los textos, y también de un grupo de intérpretes.

-No me he atrevido a decirlo hasta ahora. Pero lo digo. He ido a ver ‘Caramel’ con un cierto escepticismo por todo ese desconocimiento. Y la verdad es que he quedado sorprendido, no sólo para bien, sino para muy bien. Desde el principio. Además de sorprendido, impactado, muy gratificado.

El montaje utiliza el esquema, la complejidad, y a la vez la fusión, de elementos escénicos y artísticos ya empleados por las protagonistas en las ocasiones anteriores. Clara no sólo al piano, sino en toda la música y en el espacio sonoro completo. Creo que ya he empleado el adjetivo impactante. No importa. Lo vuelvo a repetir. Contagia. Comunica perfectamente emociones y sentimientos. Impresiona.

Ariadna, por su parte, está en la parte visual y de movimiento. Dirige las coreografías, absolutamente dinámicas, diferentes, nuevas, heterodoxas y perfectas a la vez. Expresivas y comunicadoras de sentimientos, acaparadoras de la atención, sin que puedas apartar los ojos y deseando ponerlos en cada uno de los movimientos o posturas.

Toda la acción – lo digo en plural- Todas las acciones  transcurren o suceden o se crean en un bar o lugar de encuentro o espacio de imaginación compartida. En él se desarrollan los monólogos, bailes y canciones. En esa atmósfera están los intérpretes, los bailarines y otros artistas de diversas especialidades, que son los creadores a la vez del ambiente y de su contenido.  

¡Ah! Es preciso dedicar un comentario especial a los textos de Pablo Messiez. Libres, irónicos, intencionados en cada detalle, sugerentes, ambiguos pero directos, provocadores pero realistas. Originales y cuidados al máximo. Además, encarnados por los intérpretes de una forma sugerente e intencionada. A veces, con picardía y otras con la necesaria ironía.

Para este espectáculo, las hermanas Peya , junta a Pablo Messiez, los interpretes, las bailarinas y todos los participantes, han partido de un proceso de investigación sobre el universo del consumo de las drogas. Tratan el tema con libertad y profundidad. Sin prejuicios. Señalan la importancia de diferenciar entre el consumo recreativo y el consumo problemático, éste último vinculado a factores como el género, la clase social o las condiciones estructurales.

El montaje se articula a partir de una hibridación  o fusión o suma de lenguajes. La música, el movimiento y el texto dialogan entre sí para crear un espectáculo sensorial en el que el público tiene una experiencia artística y sensorial que afecta a prácticamente todos los sentidos. Resulta como otra manera de entender y realizar el arte escénico de la interpretación y comunicárselo a los espectadores. La escenografía, limpia y sugerente, es una mezcla entre espacio simbólico y realista.

 El espectáculo propone un viaje sensorial a través de la música, el movimiento y la palabra que invita a ahondar en la reflexión sobre el problema que plantea. Ahonda en la relación entre el uso y la dependencia, las categorías morales que aparecen cuando se habla del tema y la necesidad de ausentarse como signo de los tiempos actuales 

De esta manera, realizan una realización dramática integral que evoluciona en la construcción de un lenguaje propio para descubrir nuevas formas de creación. El resultado es una propuesta escénica comprometida que invita al público a una reflexión colectiva.

Es un trabajo en el que todo el equipo y cada uno de sus miembros participa activamente y de modo excelente en su creación y realización. Hemos citado la labor destacada de las hermanas Clara y Ariadna Peya, les impuxibles. También a Pablo Messiez.  Hay que citar a todos. La dramaturgia es de Marc Cartanya. En la interpretación, también están Helena Gispert, Pol Guimerá, Mabel Olea,  Yasser D’Oquendo, Sandra Pujol y Joan Solé.

Enhorabuena a todos por el trabajo bien hecho y el agradecimiento por comunicarlo de esa manera.

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