David Barbero
-He acudido esta tarde al teatro Social de Basauri a ver la comedia ‘Los hermanos’, un texto cómico clásico romano que escribió Publio Terencio Africano, con la intención de analizar cómo se puede adaptar el humor dirigido a los romanos antiguos hasta los espectadores del siglo XXI, lo que no me parece tarea fácil.
Señalaré, para empezar, que adaptación en esta ocasión ha sido realizada por Josu Eguskiza acompañado de la dirección escénica de Chiqui Carabante. En el elenco de intérpretes, figuran Eva Isanta, Cristina Medina, Santiago Molero, Belén Ponce de León, Josu Eguskiza, Jasio Velasco y Falín Galán.
El tema de la obra es la educación de los hijos, que al parecer ya preocupaba a los antiguos romanos. Terencio, en tono de comedia, versa sobre si hay que educarlos con rigor o en libertad, por utilizar términos generales. Una discusión que todavía hoy puede estar también presente.
Los Hermanos’, estrenada en el año 160 antes de Cristo, durante las fiestas públicas en honor a Júpiter, está considerada como la más depurada comedia de Terencio. A su vez, a este autor se le suele atribuir un estilo más depurado que el de Plauto, aunque éste tenga más fama, Sabe combinar el humor con la crítica social. Trasciende la trama amorosa y plantea un debate de mayor alcance. En esta ocasión, propone la oposición entre disciplina y libertad, entre severidad y permisividad, entre las apariencias sociales y la realidad personal.
El tratamiento escénico y las reacciones actorales que se ofrecen a su texto, en esta ocasión unos dos mil docientos años después, llevan a una atención mayor hacia los aspectos cómicos que al tema de debate, aunque éste se mantiene, con algunas variaciones. Quizá el cambio más llamativo sea cambiar a los dos padres de Terencio por dos madres y hacerlas a ellas responsables de la educación de los hijos.
Ese énfasis en el humor se manifiesta sobre todo en la interpretación y la puesta en escena. Los gestos, las actitudes, los tonos, los movimientos, todo en definitiva, se lleva a la exageración con la intención de provocar la risa inmediata. Abundan las expresiones de doble intención. Las reiteraciones intencionadas, dirigidas hacia ese mismo objetivo.
Un elemento que se ha cuidado especialmente es la parte musical, tanto instrumental como vocal. También bañada por la intención humorística. Quizá en este aspecto del sonido haya que señalar el uso potente de la microfonía individual para crear intencionadamente una atmósfera invasiva sobre el público.
Otro elemento que no se puede dejar de señalar es la disciplinada entrega de las actrices y los actores en esa interpretación y encarnación exagerada de sus personajes.
Todos estos elementos, detalles y cuidados han tenido como consecuencia, o mérito, el reconocimiento final de numeroso público que llenaba el Teatro Social de Basauri con sus aplausos y las risas a lo largo de la obra, que ha llevado el humor de Terencio hasta la enésima potencia.