Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 17 enero 2026 - 12:03 am
Categoría: General

David Barbero

Acabo de venir del teatro Arriaga de Bilbao donde he presenciado un impresionante testimonio teatral titulado ‘Blaubeeren’, escrito por Moisés Kaufman  y Amanda Gronich, que aquí en España ha sido dirigido por Sergio Peris-Mencheta, lo que significa además su regreso público, después de su grave enfermedad.

Este texto, con el título de ‘Here There are Blueberries‘, se estrenó en La Jolla Playhouse Theatre, de San Diego, en el año 2022. Desde entonces, ha tenido un prolongado y exitoso recorrido en teatros de todo el mundo, tanto por el fondo de su exposición y denuncia como por la originalidad del tratamiento.

En definitiva, la pieza expone y muestra, de modo detenido y muy cuidado en todos los aspectos, el proceso investigación sobre un álbum de fotografías correspondientes a la segunda guerra, al periodo nazi en Alemania y en concreto a los actos de exterminio llevados a cabo en el campo de concentración de Auschwitz. Y también las conclusiones históricas, morales, políticas y humanas que se deducen de los hechos que esas fotografías confirman y denuncian.  

Para situaros, debo decir que, en el año 2006, se produjo el hallazgo de un álbum de 116 fotografías de la Segunda Guerra Mundial, nunca vistas hasta entonces. Fueron enviadas a Rebeca Erbelding, directora de archivos del Museo Conmemorativo del Holocausto de los Estados Unidos. Tras un estudio detenido, resultaron ser instantáneas recogidas por los oficiales nazis encargados del campo de Auschwitz.

 Esas fotos recogían el día a día de quienes lo administraban, sus rutinas, sus fiestas, su cotidianidad y hasta su descanso en el especial lugar de retiro y relajación de Solahütte, cercano al campo. En esa colección fotográfica, no aparecían las víctimas, sino la bucólica vida campestre de sus guardianes, al otro lado de los muros y alambradas que les separaban del horror.

El álbum fue nombrado como la colección Hoecker, por el apellido de su dueño, que resultó ser el último ayudanta del comandante de ese campo. Su rostro puede reconocerse en muchas imágenes, junto al de su jefe Rudolf Hoss, además de Richard Baer o Josef Mengele, incluyendo grupos de mujeres que se ocupaban de tareas como mecanografía, taquigrafía u operadoras de comunicación del campo de concentración.

Los autores de este texto dramático, Kaufman y Gronich, iniciaron un proceso de investigación y entrevistas, sobre el que se construye  esta pieza de teatro documental,. Se incorporan testimonios de descendientes de aquellos nazis. Lo más impresionante de estas imágenes, como se refleja a lo largo de la pieza, es que demuestran que personas normales, en determinadas condiciones, traspasan los límites de humanidad, anestesiándose ante la interiorización del sistema y su crueldad. 

Desde el punto de vista teatral, la pieza está muy cuidada y es irreprochable en sus formas, con una escenografía de Alessio Meloni que se transforma  continuamente para acoger lo que es más impactante de esta propuesta: las fotografías. Cuenta con el acertado trabajo de Emilio Valenzuela en los audiovisuales. Adecuadas aportaciones de Pedro Yagüe en iluminación, Elda Noriega en vestuario, Benigno Moreno en sonido y Joan Miquel Pérez en composición musical. 

El elenco de actores y actrices, que también son  músicos,está formado por Clara Alvarado, Víctor Clavijo , Eric de Loizaga, Nacho López, Irene Maquieira , Natxo Núñez , María Pascual  y Paloma Porcel, se comporta como un todo, con un magnífico resultado coral.

La pieza mantiene al público impresionado y atento a  cuanto pasa sobre el escenario  transformado en el Museo Conmemorativo del Holocausto de los Estados Unidos. A ello, contribuye la meticulosa dirección escénica de Sergio Peris Mencheta y la muy convincente  interpretación del elenco arriba citado.

En definitiva, un montaje impactante y de denuncia que nos recuerda que aquellos campos de concentración no ha terminado, y que hoy basta con mirar hacia ciertos conflictos se reproducen con idéntica crudeza.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 16 enero 2026 - 12:21 am
Categoría: General

David Barbero

-He acudido esta tarde al Teatro Campos Elíseos de Bilbao para ver la comedia titulada ‘Mejor no decirlo’, escrita por la autora francesa Salomé Lelouch, dirigida por Claudio Tolcachir e interpretada por Imanol Arias y María Barranco.

-Con la gran popularidad que tienen los intérpretes, era fácil suponer que el teatro iba a estar totalmente abarrotado y así ha sido. Lleno de fans o  admiradoras. De ambos sexos. De una cierta edad, como se suele decir ahora.

-Sin embargo, ellos no han elegido una comedia de esas al uso, para lucirse con gracietas hilvanadas con un argumento sentimental sobre un falso enredo. Tampoco han buscado un director especializado en provocar carcajadas y aplausos en cada mutis. Incluso, ni siquiera hay mutis. 

-Como ya lo sugiere el título, no hago ningún spoiler perjudicial si digo que ellos dos son un matrimonio veterano con los problemas habituales en esa situación. El conflicto, o uno de ellos, es la comunicación entre la pareja. Los secretos o la libertad de decir siempre toda la verdad, los problemas que eso puede traer, y el debate sobre si es mejor callar y no decirlo todo o si resulta aconsejable hacer exactamente lo contrario.  

Los dos personajes  comparten una vida de apariencia tranquila. Han aprendido a convivir midiendo las palabras, guardando silencios que evitan heridas y preservan la paz. Pero un día, sin motivo aparente, comienza a decirlo todo o casi. 

El texto de la francesa Salomé Lelouch, También actriz. construido con agilidad y eficiencia sobre la base de escenas y diálogos sin una acción anecdótica continuada, aborda las relaciones sentimentales desde sus aspectos más cotidianos y, al mismo tiempo, delicados. Es un repaso por los temas que muchas veces evitamos. Aunque no profundiza demasiado en cada uno, funciona como motor dialéctico y explora discrepancias o tensiones.

La dirección a cargo de Claudio Tolcachir, opta por la contención formal, aportando por una comicidad sutil e inteligente, basada en el juego y complicidad verbal. Denuesta el dominio de este director argentino en el manejo de los intérpretes.  la escenografía de Mariana Tirantte es minimalista pero versátil, con elementos móviles que transforman puertas en ventanas o camas en armarios y plataformas que mutan los espacios domésticos continuamente. La iluminación de Matías Sendón refuerza esas transiciones. Pero comete el error de colocar las luces detrás de los actores y enfocadas directamente al público.

Esa aparente simplicidad constituye el desafío para los intérpretes tanto Barranco y Arias demuestran su talento y su madurez en el oficio. Deben permanecer totalmente presentes, sin artificios ni apoyos que los protejan. María Barranco aporta toda su versatilidad, encarnando a la voz dominante de la pareja: locuaz, imparable, siempre un paso por delante en el diálogo.

Imanol Arias representa el polo opuesto: el hombre conocedor de que bajar la voz es una estrategia de supervivencia. Su personaje parece simple, pero el actor lo aborda con una ingenuidad fascinante que subraya tanto el humor como la tensión.

En definitiva, una comedia que da, en todos sus aspectos, más de lo que habitualmente se espera.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 12 enero 2026 - 12:08 am
Categoría: General

David Barbero

-Vamos a situarnos. Esta tarde he acudido al teatro  en Pabellón 6 de Bilbao para ver de nuevo la obra ‘Lovesong’ como había prometido justo el día que vi su estreno en el teatro Arriaga hace unas semanas. Dejé constancia  de ese compromiso en este mismo espacio. Ahora ratifico su cumplimiento ante las dudas expresadas por algunas.

El motivo de esta repetición está en mi convencimiento de que las distancias en el teatro entre el escenario y el espectador son fundamentales. En Pabellón 6, casi no existen. Eso hace que la comunicación no sólo sea más cercana sino diferente. Se perciben otro tipo de matices y de emociones.

Hay otras dos razones. En el cambio aludido, se produce una variación en las dimensiones del escenario. No es un detalle pequeño cuando el número y las dimensiones de los muebles y el atrezo es considerable. También influye que  en el teatro Arriaga ví el estreno. Es decir la primera representación. Ahora han pasado varias semanas y un montón de representaciones. Esto repercute en la serenidad de la interpretación, la complicidad entre los miembros del elenco y el aporte de nuevos matices.

Todos esos matices han llevado a que esta tarde haya visto casi una nueva obra. He colocado un ‘casi’. No quiero exagerar. Si tuviera que elegir, me quedaría seguramente con la de hoy. Por el conjunto de cambios en la visión y en las sensaciones. Pero no tengo que elegir, así que no excluyo a ninguna.

Hay un aspecto que no sé cómo explicarlo y determinar sus causas. Me han llegado los personajes, su evolución, la expresión sus  limitaciones, quizá contradicciones, su incomunicación, sus vacíos vitales, las insatisfacciones. En el estreno, me llegaron más los aspectos formales, los movimientos, los contactos sutiles entre los intérpretes que encarnan el mismo personaje con diferentes edades.

Ha sido una interesante experiencia. Esta doble visión me ha resultado muy útil. Deseaba sólo dejar constancia también de ello. Sobre la adaptación y dirección escénica de Sandra Maturana mantengo lo que entonces señalé. Lo mismo sucede con las interpretaciones de Itziar Lazkano, Felipe Loza, Itxaso Sánchez y Kepa Alesso. Sin olvidarme de abundante vestuario de Betitxe Saitua.

Una conclusión positiva que me ha dado la sensación de haber sido compartida y generalizada en todas las representaciones. Los aplausos finales, hoy, que ha sido la última función por ahora, así como el día del estreno, han sido prolongados y emotivos. Hay que interpretarlos como símbolo de satisfacción y reconocimiento.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 11 enero 2026 - 12:43 am
Categoría: General

 David Barbero

-He acudido esta tarde a conocer el espectáculo multidisciplinar ‘Caramel’ con gran curiosidad y con bastantes desconocimiento. Había oído hablar ligeramente sobre las hermanas Peya, una pianista y otra bailarina. También sobre el dúo que forman con el nombre de ‘Les impuxibles’. Pero poco más. Así que el atractivo para mí estaba en el teatrero integral Pablo Messiez, que firma los textos del espectáculo.

-Sabía que las dos hermanan han temas tan actuales como la salud mental, en una obra titulada ‘Suite TOC núm 6‘, o el suicidio, en ‘Harakiri’.  Ahora afrontan otra cuestión de actualidad y preocupación, como es el de las drogas en este, ‘Caramel’ que ha sido producido por el Teatre Lliure de Barcelona. En este caso es donde cuentan con la colaboración del dramaturgo Pablo Messiez, autor de los textos, y también de un grupo de intérpretes.

-No me he atrevido a decirlo hasta ahora. Pero lo digo. He ido a ver ‘Caramel’ con un cierto escepticismo por todo ese desconocimiento. Y la verdad es que he quedado sorprendido, no sólo para bien, sino para muy bien. Desde el principio. Además de sorprendido, impactado, muy gratificado.

El montaje utiliza el esquema, la complejidad, y a la vez la fusión, de elementos escénicos y artísticos ya empleados por las protagonistas en las ocasiones anteriores. Clara no sólo al piano, sino en toda la música y en el espacio sonoro completo. Creo que ya he empleado el adjetivo impactante. No importa. Lo vuelvo a repetir. Contagia. Comunica perfectamente emociones y sentimientos. Impresiona.

Ariadna, por su parte, está en la parte visual y de movimiento. Dirige las coreografías, absolutamente dinámicas, diferentes, nuevas, heterodoxas y perfectas a la vez. Expresivas y comunicadoras de sentimientos, acaparadoras de la atención, sin que puedas apartar los ojos y deseando ponerlos en cada uno de los movimientos o posturas.

Toda la acción – lo digo en plural- Todas las acciones  transcurren o suceden o se crean en un bar o lugar de encuentro o espacio de imaginación compartida. En él se desarrollan los monólogos, bailes y canciones. En esa atmósfera están los intérpretes, los bailarines y otros artistas de diversas especialidades, que son los creadores a la vez del ambiente y de su contenido.  

¡Ah! Es preciso dedicar un comentario especial a los textos de Pablo Messiez. Libres, irónicos, intencionados en cada detalle, sugerentes, ambiguos pero directos, provocadores pero realistas. Originales y cuidados al máximo. Además, encarnados por los intérpretes de una forma sugerente e intencionada. A veces, con picardía y otras con la necesaria ironía.

Para este espectáculo, las hermanas Peya , junta a Pablo Messiez, los interpretes, las bailarinas y todos los participantes, han partido de un proceso de investigación sobre el universo del consumo de las drogas. Tratan el tema con libertad y profundidad. Sin prejuicios. Señalan la importancia de diferenciar entre el consumo recreativo y el consumo problemático, éste último vinculado a factores como el género, la clase social o las condiciones estructurales.

El montaje se articula a partir de una hibridación  o fusión o suma de lenguajes. La música, el movimiento y el texto dialogan entre sí para crear un espectáculo sensorial en el que el público tiene una experiencia artística y sensorial que afecta a prácticamente todos los sentidos. Resulta como otra manera de entender y realizar el arte escénico de la interpretación y comunicárselo a los espectadores. La escenografía, limpia y sugerente, es una mezcla entre espacio simbólico y realista.

 El espectáculo propone un viaje sensorial a través de la música, el movimiento y la palabra que invita a ahondar en la reflexión sobre el problema que plantea. Ahonda en la relación entre el uso y la dependencia, las categorías morales que aparecen cuando se habla del tema y la necesidad de ausentarse como signo de los tiempos actuales 

De esta manera, realizan una realización dramática integral que evoluciona en la construcción de un lenguaje propio para descubrir nuevas formas de creación. El resultado es una propuesta escénica comprometida que invita al público a una reflexión colectiva.

Es un trabajo en el que todo el equipo y cada uno de sus miembros participa activamente y de modo excelente en su creación y realización. Hemos citado la labor destacada de las hermanas Clara y Ariadna Peya, les impuxibles. También a Pablo Messiez.  Hay que citar a todos. La dramaturgia es de Marc Cartanya. En la interpretación, también están Helena Gispert, Pol Guimerá, Mabel Olea,  Yasser D’Oquendo, Sandra Pujol y Joan Solé.

Enhorabuena a todos por el trabajo bien hecho y el agradecimiento por comunicarlo de esa manera.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 9 enero 2026 - 11:50 pm
Categoría: General

David Barbero

Comencemos diciendo que puede ser un signo de buen augurio comenzar el año teatral, tras las inevitables vacaciones navideñas, en el teatro Arriaga de Bilbao con un estreno, en el que participan profesionales conocidos, reconocidos y cercanos.

Voy a comenzar con una anécdota sucedida, justo hace unos momentos, cuando he salido del teatro municipal de Bilbao, de ver el estreno en castellano de ‘Desobedientes 18/98’. Un aficionado conocido con el que suelo conversar sobre temas escénicos me ha lanzado la siguiente pregunta: ‘¡Oye tú! ¿Esto es teatro?’. No he podido responde, porque no era momento de debate, ya que estaba lloviendo, hacía viento fuerte y la temperatura era baja.

El interpelante se refería, sin duda, a que la obra estrenada no tiene la estructura habitual de las piezas de teatro de texto y el espectáculo escénico, en consecuencia, tiene un look diferente y heterodoxo y que incluso se presenta como una original presentación de una académica tesis doctoral universitaria.

De haberse dado las condiciones propicias para la conversación, yo habría defendido que a estas alturas del siglo XXI y dada las evolución escénica y la libertad de creación, es difícil establecer un canon que excluya  de la escena algo por muy controvertido que sea

El estreno, ayer en euskera y hoy castellano, es de una obra de la directora, dramaturga, actriz e investigadora teatral María Goiricelaya, que últimamente tiene el mérito y la valentía de tratar asuntos con interés y actualidad. Y presentarlos de forma no habitual, innovadora o heterodoxa, por utilizar el mismo término. Lleva el título de Desobedientes 18/98. De esa manera, da ya muchas pistas de que el tema tratado es la desobediencia civil. Asunto en el que muchos hemos estado implicados hace algunos años, y que seguramente seguramente es digno de ser actualizado de cara a los tiempos oscuros que parecen aproximarse.

La dirección y la dramaturgia han sido realizadas conjuntamente por Fernando Bernués y Mireia Gabilondo, de la compañía donostiarra Tattaka. Ambos, con experiencia y sabiduría teatral, conscientes de las ‘dificultades’ teatrales del texto se han esforzado en dar agilidad, dinamismo, énfasis y hasta impacto emocional en las escenas que lo permiten. En las otras, han trabajado también los diversos tratamientos pormenorizados de los parlamentos, las frases y hasta cada una de las palabras.

No descubro ningún secreto ni hago ningún spoiler si expongo que el argumento está protagonizado por una joven recién doctorada en Ciencias políticas. Ella defiende, ante el  tribunal académico, su tesis doctoral en la que aborda la desobediencia civil como ejemplo de lucha social pacífica en nuestras las sociedades actuales. Incluso recorre, a ejemplos significativos de esta práctica de la desobediencia civil en la historia reciente, para la conquista o defensa de los derechos civiles. 

Un mérito especial hay que reconocer al elenco de intérpretes dadas las dificultades del texto, que obliga a un trabajo muy meticuloso, cuidado detallado. Principalmente en el papel protagonista, en el que se alternan Miren Arrieta y Aiora Enparantza. También es digno de elogio el resto de actuantes Iñigo Azpitarte, Klara Badiola, Kepa Errasti y Omar Somai, que además se multiplican en diferentes roles.

Asimismo, los aspectos llamados técnicos han sido especialmente cuidados. Citemos a los responsables. Fernando Bernués también se ha encargado de la escenografía. La ejecutora del montaje audiovisual es Maialen Sarasua. El vestuario es de Ana Turrillas y la iluminación de David Bernués. Todos ellos y ellas vinculadas a la citada compañía Tanttaka.

Otro dato digno de señalar. El teatro Arriaga estaba completamente lleno. Y los aplausos finales han sido prolongados y entusiastas. Dado el carácter de la obra es para ser tenido en cuenta.

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