-Ayer tuve ocasión de asistir a una representación teatral de especial calidad. Fue ‘Comedia Aquitana’ de Torres Naharro, por la compañía Nao d’amores, bajo la dirección de Ana Zamora. La especial calidad se extendió al meticuloso cuidado de todos los detalles.
-Es una obra injustamente infravalorada, del renacimiento español, del siglo XVI. Está llena de frescura, dinamismo, incluso picardía y hasta modernidad. Esa injusta infravaloración es la otra cara de la quizá super estima que se hace de la generalidad del teatro del llamado siglo de oro, inmediatamente posterior.
-La recuperación de esta ‘Comedia aquitana’ ha venido de la mano de la celebración del quinto centenario de la recopilación de las obras de Torres Naharro. Y ha tenido la gran suerte de caer en manos de la extraordinaria directora Ana Zamora y de su compañía Nao d’amores.
-Eso ha permitido la posibilidad de que se presente un texto de gran valor literario y con unas características excepcionales como testimonio de un periodo histórico especialmente interesante.
-La dirección ha logrado descubrir todos los matices, a la vez que ha dado una agilidad muy dinámica a la acción. Ha conseguido eso que se suele dar en llamar un espectáculo total para poder disfrutar de sus variados elementos.
-La interpretación de un elenco tan consolidado como es el de esta compañía ha hecho parecer fácil su comunicación actoral, cuando se percibe un muy cuidado trabajo de preparación y una técnica interpretativa muy dominada.
-Especiales alabanzas es preciso atribuir al vestuario por su contribución a la fidelidad del espectáculo. Tampoco hacia la música y hacia su interpretación, no se pueden escatimar los mayores elogios por su originalidad y su calidad.
-He leído que la compañía completa y la directora han trabajado la preparación de esta obra en la Real Academia de España en Roma para matizar al máximo las influencias italianas en este peculiar texto del siglo XVI. También se han encerrado en un monasterio para redondear su puesta en escena. Es muy de agradecer esta meticulosidad. Se nota en la calidad del resultado final y en la gratificación que recibe el público al contemplarlo.
David Barbero
-Completamos ayer el recorrido analítico de las últimas adaptaciones teatrales de Daniel Veronese desde propuestas cinematográficas. Tras haber asistido en el Teatro Barakaldo a la presentación de ‘Todas las mujeres’, acudimos a las Jornadas de Teatro de Éibar para estar presentes en la puesta en escena de ‘7 años’.
-Pongo el plural porque fuimos varios.
-Recordemos que subjetivamente habíamos considerado que la aplicación del método veronesiano a la historia de acción de ‘Todas las mujeres’ hacia resultado desacertada y perjudicial. Echamos la culpa a la desconexión entre los objetivos de la propuesta inicial, acción por encima de los personajes, y los medios sobre añadidos de profundización dramática de estos personajes.
-La visión de ‘7 años’ se completó además ayer con un encuentro lúdico gastronómico, en un txoko, junto a todos los intérpretes de la obra. La conversación sobre sus propósitos, su trabajo, su método de ensayos, las circunstancias de cada representación, nos ayudó a comprender más el proyecto.
-El resultado de ‘7 años’ es más positivo, siguiendo ese mismo criterio subjetivo y sin incluir ningún deseo de pontificar por parte de nadie.
-Según ese criterio, la elección de la obra es más acertada. Resulta más propicia para aplicar el método de introspección de los intérpretes y la búsqueda de motivaciones en cada una de las actitudes, acciones y movimientos de cada personaje.
-Tampoco es descubrir nada sobre el argumento decir que la pieza trata de una reunión de empresarios para decidir quién de ellos asumen la culpa de todos por un intencionado y continuado ‘error’ fiscal.
-No existe, por lo tanto, una acción manifiesta que arrastre a los personajes por encima de su caracterización. Predomina la pugna dialéctica entre ellos para convencer a los otros o para dominarlos y así librarse de pagar esa culpa de cárcel expresada en el título.
-Por lo tanto, todo o casi todo se juega en las relaciones hacia dentro y hacia afuera de cada uno de los personajes. Ese juego es mucho más propicio para los ejercicios de interiorización y profundización de motivos.
-Y esa adecuación se nota en el resultado final. Es lógico que así sea.
-En la conversación con los intérpretes, en el txoko, era evidente que todos estaban muy contentos y satisfechos de la experiencia de haber sido dirigidos por Daniel Veronese y de haber vivido, e incluso haberse enriquecido, por ese ejercicio.
-Me escudo de nuevo en mi subjetividad para exponer una apreciación sobre esa experiencia de los intérpretes.
-Sin duda, esas experiencias y esa gratificación son importantes y beneficiosas para actores y actrices. Sin embargo, puede ser que al espectador le llegue también una sensación de que el adaptador, el director y los intérpretes estén realizando un ejercicio actoral. Eso puede producir un cierto distanciamiento, una sensación de artificialidad o una pérdida de naturalidad y de ‘verdad’.
-Pero lo dicho. Esto es una mera especulación subjetiva. Lo de ayer en Éibar funcionó mucho mejor. Estuvo lleno el teatro. Tanto que hoy tienen otra función que no estaba programada.
David Barbero
-Tenemos ahora en Bilbao una circunstancia my favorable para hacer un análisis de las últimas adaptaciones teatrales de Daniel Veronese. Bueno. No es exactamente Bilbao. Se trata de las localidades cercanas a la capital vizcaína.
-La circunstancia es la siguiente: Ayer se presentaban en dos teatros diferentes sus dos adaptaciones recientes. Las dos tienen como base sendas películas. Son films que se pueden catalogar en lo que se llama cine comercial, aunque con características distintas.
-El inconveniente es que las obras se ponían ayer en diferentes locales. Barakaldo y Basauri. Pero a la misma hora. Así que era imposible ver las dos. Pero hay un truco. Ayer se podía ver una, ‘Todas las mujeres’: Y dejar para esta tarde la otra, ‘7 años’, que vuelve a representarse en la cercana localidad de Éibar.
-Así que estamos en disposición de comentar ‘Todas las mujeres’ que ayer se presentó en el teatro Barakaldo con un muy aceptable éxito de público. Y dejar para mañana ‘7 años’.
-Según mis cortos conocimientos, antes de su adaptación teatral por Daniel Veronese, ‘Todas las mujeres’ había sido no sólo película sino también serie televisiva. Por lo tanto, hay que reconocer el éxito a sus responsables iniciales, Mariano Barroso y Alejandro Hernández.
-Trata de las gestiones, amaños y manipulaciones que un veterinario realiza para solucionar un problema complicado en el que se ha metido. Esas acciones interesadas las realiza principalmente con las mujeres que han pasado por su vida. Por eso, lleva ese título. Éste el tema. No crean que les he destripado el argumento. Esa síntesis, o una parecida, aparece en el programa de mano.
-En las versiones originales, la acción tiene un desarrollo ágil y movido de todas estas gestiones hasta desembocar en el resultado final, sobre el que no se me ocurrirá decir nada.
-La versión teatral de Veronese cambia el esquema. Lleva la acción a unas escenas más largas, en las que condensa la acción manipuladora del veterinario con cada una de sus mujeres, por separado.
-Eso le permite realizar su habitual y característica introspección de cada uno de los personajes, buscando las intenciones y motivaciones de las diferentes acciones y reacciones.
-El propio Veronese expone, en el programa de mano, este propósito de análisis en profundidad de cada personaje y de cada acción. ‘En cada uno de esos encuentros, nos descubrirá partes ocultas de su naturaleza. Veremos las maneras de operar y manipular, su debilidad para comunicarse con los demás. Entrará en juego la capacidad que tenemos todas las personas para cimentar genuinamente relaciones humanas’.
-Nadie puede dudar de que se trata de una labor encomiable e interesante.
-Lo que sucede es que el texto elegido tiene, como principal interés, la acción rápida, ingeniosa y ocurrente de un tipo en apuros para resolver un problema ocasional. El desarrollo de la intriga está muy por encima de la caracterización de los personajes.
-Existe entonces el riesgo de que esa introspección profunda pinche muy pronto en hueso. Como repercusión negativa, puede ocasionarse una ralentización de la acción que se va reteniendo hasta desear que se llegue pronto a la resolución final.
-Hay que reconocer que los intérpretes colaboran con entusiasmo en el propósito del afamado adaptador y director. Tanto el protagonista masculino como las antagonistas femeninas. Sin embargo, esa distorsión entre la línea original y la sobre impuesta lleva a un esfuerzo añadido. Así se transmite la sensación de que la tensión no les deja disfrutar.
-Por estas razones, mi conclusión subjetiva es que un método interesante como el de Veronese no se puede aplicar en todas las ocasiones de la misma manera. Puede llegar a ser perjudicial si el material original transita por otros caminos.
-Pero, por supuesto, esto no es más que una impresión meramente subjetiva.
David Barbero
-Soy conocedor de que, para muchos buenos aficionados al teatro, el actor Arturo Fernández no existe. En su derecho están de tener esa opinión. ¡Faltaría más! No me voy a meter yo en decir lo que cada uno debe valorar.
-De hecho, a mí ese teatro que algunos llaman alta comedia me importa poco.
-Pero tiene su público. Incluso sus seguidores. Y sus aficionados. No sé cuantificarlos. Pero hay quienes conceden una ‘alta’ valoración a ese género y defienden las exigencias constructivas e interpretativas de esas obras y sus personajes.
-Ayer estuve viendo la obra ‘Alta seducción’ que presenta en el teatro Campos Elíseos de Bilbao el actor Arturo Fernández, coincidiendo con su noventa cumpleaños.
-El señor Fernández lleva muchas décadas dedicándose a este género. Lo defiende. Se ha preparado y cuidado para mantenerlo. Se ha convertido en su emblema. Tiene muchos y sobre todo muchas incondicionales. Muy pocos intérpretes, si hay alguno, pueden decir lo mismo.
-Ayer, con noventa años, mantuvo el tipo, el genio y la figura.
-En consecuencia, añado mi reconocimiento y mi elogio.
David Barbero
-Voy a intentar ser lo menos subjetivo posible. Ayer asistí, en el teatro Serantes de Santurtzi, a la representación de ‘Hermanas’ escrita y dirigida por Pascal Rambert e interpretada por Bárbara Lennie e Irene Escolar. La sala estaba completamente llena. Al final de la representación, los aplausos fueron unánimes y entusiastas. El público hizo salir a las actrices varias veces a recibir más aplausos.
-Deseo enfatizar en ello por contraste con el título de este comentario. También quiero destacar que este espectáculo se ha convertido en una referencia por su notoriedad. Tampoco deseo poner en duda la exitosa trayectoria del autor y los numerosos premios que ha recibido.
-Es muy posible, por lo tanto, que si yo discrepo en la valoración positiva de esta obra, el equivocado sea yo.
-Dicho esto, me gustaría aclarar la elección de la palabra verborrea. Responde a la sensación de que el texto de esta obra es un cúmulo de palabras y frases lanzadas sin dirección, en forma de bucle, sin progresión dramática y sin conexión como dialogo entre los personajes. En todo caso, podrían valorarse como parlamentos inconexos para ser expuestos a toda velocidad, en tono de enfado, mientras las interpretes gesticulan y se mueven sin responder a la interpelante, sin replicar a los argumentos expuestos y desde luego sin ofrecer al público un argumento ideológico o emocional coherente.
-De esa manera, lo que se dice sobre el escenario, de modo aparentemente apasionado desde el principio, ni avanza, ni cambia, ni progresa, ni provoca conflictos entre las posiciones estáticas que no se comunican, a pesar de repetir las mismas palabras en un tono casi idéntico y con gestos muy similares.
-La dirección escénica, realizada por el propio Pascal Rambert, se rige por las mismas coordenadas. Las parrafadas son lanzadas en tonos aparentemente encrespados pero emocionalmente distantes. No se ayuda a la comprensión por parte del público. Sólo hay un intento de impactarle con los gritos y los gestos aparatosos desde el principio y en el mismo tono durante toda la obra.
-Sería injusto echar la culpa de esta ‘verborrea’ a las actrices. Suficiente esfuerzo se ven obligadas a realizar para mantener el tipo durante todo el tiempo en este bucle sin posibilidad de evolucionar y sin personajes tratados en profundidad donde anclar su interpretación.
-En relación con este último aspecto, no me resisto a recoger una parte del programa de mano firmado por el autor. Dice: ‘Escribo para cuatro cuerpos. Dos cuerpos de actrices españolas y dos cuerpos de actrices francesas. Cuatro cuerpos para dos personajes femeninos’. Supongo que es una metáfora. Pero quizá hubiera sido más acertado escribir no sólo para los cuerpos de Bárbara Lennie e Irene Escolar. Son dos actrices con muchas cualidades y personas muy inteligentes.
-Pero vuelvo al principio. La mayoría de los asistentes al espectáculo de ayer en el Teatro Serantes de Santurtzi aplaudieron con entusiasmo. Así que – lo vuelvo a reconocer – seguramente la equivocación es mía.
-Y confieso otro sentimiento. Reconozco que termino este comentario con la sensación de haber caído yo en el fallo denunciado al principio: la verborrea.
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