Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 3 julio 2020 - 11:31 am
Categoría: General

David Barbero

-Aseguran que vivimos tiempos líquidos. No sólo por esto del coronavirus. Sucedía antes y seguirá después. Lo han dicho gente considerada importante. Ensayistas, escritores, sociólogos, psicólogos. Filósofos. Incluso ¡‘pensadores’!
-Describen que los tiempos líquidos se caracterizan por su movilidad constante, su inestabilidad, su falta de consistencia, su preferencia de la preparación frente al resultado, de la prueba frente a lo definitivo. Por el miedo a lo duradero. Por la preferencia de lo inmediato, lo inmaduro y lo perecedero. Por lo efímero, por lo imperfecto.
-La pieza de danza que se presentó ayer en la sala la Fundición de Bilbao es seguramente una muestra de ese carácter de estos tiempos. He escrito lo de ‘danza’ con cierto miedo. Las referencias se han difuminado. Y he tenido también temor al poner ‘seguramente’. Ya no existen seguridades.
-El título de esta pieza es ‘Ensayo en bruto o práctica compartida’. Ya en el título se dejan claros los conceptos de que se trata de algo no definitivo ni terminado. El autor, intérprete y creador total es Daniel Hernández. Sobre la liquidez de los conceptos autor, creador… también se ha dicho mucho y todavía hay mucho más que decir.
-Es obligatorio y responsable desarrollar el arte de los momentos que te han tocado vivir. Sobre lo que es ‘arte’ y lo que no, también se está pesando mucho. ¿He dicho ‘pensar’? Tengo que revisar ese término.
-Al terminar la función de ayer, me entraron unas ganas enormes de saber cómo serán los tiempos, cuando llegue la época gaseosa.
-Habrá que seguir acudiendo a la Fundición dentro de…

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 2 julio 2020 - 12:35 pm
Categoría: General

David Barbero

-A pesar de la lluvia, ayer fui andando hasta la sala de la Fundición de Bilbao. Acudí especialmente interesado. Convencido, como siempre, de que hay acontecimientos teatrales que sólo tienen lugar en esta sala.
-Se trataba de una performance titulada ‘Ningún hombre me llevará a la cumbre’. Sé que a muchas personas, incluso entre la vanguardia, les asusta un poco esto de las performances. Yo, en cambio, creo que hay asuntos que requieren su tratamiento en este género.
-Ese requisito sucedía ayer. Se trataba de exponer vivencialmente la transformación integral llevada a cabo por Mauricio para convertirse en Celeste. Quizá la vivencia más profunda que se puede realizar. Exige la implicación de todos los elementos y capacidades de la persona. Implica a todas las emociones, conocimientos, recursos, sentimientos, incertidumbres, deseos, dudas, condición, género, sexo…
-Al llegar a la ‘Fundi’, comprobé que el interés era muy compartido. El aforo, aunque obligatoriamente reducido, estuvo lleno. Había expectación, inquietud, curiosidad. Admitamos que quizá un poco de morbo. Pero, sobre todo, se notaba un deseo abierto y cómplice de participar en la comprensión de esa transformación.
-En la representación, estaban los elementos necesarios: las metáforas del bosque quemado, las cartas personales, un tono poético, una música impactante, movimientos de danza en dos direcciones, juegos de luces, la presencia del protagonista real…
-Sin embargo, la aventura, la vivencia performática, a mi juicio, se quedó corta, deshilvanada, puede ser que inmadura. No lo sé. Otras personas a mi lado, -quiero decir a la distancia de dos metros y con mascarilla- quedaron impactadas. Pudo ser culpa mía.
-Es posible que yo hubiera puesto demasiadas esperanzas en el género de la performance.
-Pero quizá esto tenga todavía remedio. Es una aventura teatral que aún está creciendo. Puede llegar a la ‘cumbre’. Sería estupendo y merece la pena. Creo.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 1 julio 2020 - 11:25 am
Categoría: General

David Barbero

-Acudí ayer al teatro Arrriaga de Bilbao, con todas las medidas de la llamada nueva normalidad, para ver… Voy a comenzar de nuevo. Tengo que corregir el verbo.
– Acudí ayer al teatro Arrriaga de Bilbao, con todas las medidas de la llamada nueva normalidad, para disfrutar del espectáculo ‘Desfasando que es gerundio’. Está protagonizado, en sus diferentes oficios y tareas, por Gemma Martínez, Maribel Salas y Sol Maguna.
-No voy a comenzar por tercera vez. Pero debo decir que los espectáculos de estas tres, conocidas y reconocidas, artistas no sólo se ven. No sólo se disfrutan. Hay más. Te proporcionan una visión propia y madura sobre la vida, sobre las pequeñas cosas importantes, sobre acontecimientos cotidianos a la vez que decisivos. Esa visión está impregnada de humor. Lleva también buenas dosis de ironía, de humanidad, de rebeldía, de denuncia, de reflexión y otras muchas especias de distintos sabores y tonalidades.
-Como las tres pertenecen, desde hace tiempo, al panorama cotidiano de las artes escénicas cercanas, seguro que tendréis múltiples ocasiones de volver a apreciarlo. No soy quien para dar consejos. Sólo insinúo que sería un error no aprovechar las oportunidades.
-Las mascarillas, que todavía hay que llevar, ocultan mucho. Pero permiten observar realidades evidentes. Por ejemplo. El público del teatro sigue siendo mayoritariamente femenino. Sobre el escenario, hay cada vez más mujeres. Los asuntos, universales, tratados tienen más connotaciones femeninas. El humor que se hace es cada vez más…
-Esto del humor requiere comentario. El humor de ‘Desfasando que es gerundio’, el habitual de Sol, Maribel y Gemma, no es agresivo, ni violento, ni provocador, ni… Es cercano, de ironía fina, de asuntos reales, de emociones, de situaciones vividas. Es amable y pícaro a la vez, sin dejar de ser profundo. Provoca menos carcajada bruta pero más sonrisa inteligente. Conduce a la reflexión.
-Yo salí pensando que quizá estén llegando ya nuevos tiempos. Llegando también es gerundio.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 26 junio 2020 - 12:02 pm
Categoría: General

David Barbero

-Estos días recién pasados, he realizado la experiencia de comprobar si ‘Hoy, última función’ me seguía paciendo cada vez una pieza teatral nueva, incluso viéndola dos días seguidos. El miércoles, la volví a ver en el Teatro Arriaga y, ayer, en Pabellón 6.
-La disfruté, por primera vez, en su estreno en los años iniciales de la década de los noventa. No sólo estábamos en el siglo pasado. Era también el pasado milenio.
-Diré que me ha vuelto a parecer ’nueva’, por lo menos, en un doble sentido. Cada función tiene una vida propia, específica y diferente. Es erróneo, creo, decir que una obra de teatro la tienes ‘vista’ por haber asistido a una de sus representaciones.
-También me sigue pareciendo nueva por mantenerse vigente y actual. Conecta con el público de hoy. Sigue emocionando. Continúa hipnotizando y atrayendo con su magia en este momento.
-A mi entender, la clave está en haber dado con las emociones y sentimientos fundamentales, eternos y comunes a todos. Ahí están la ilusión, el amor, el fracaso, la esperanza, el humor, la ironía, la autoestima y la auto burla, el fin y el comienzo, el volver constantemente a empezar o el estar terminando desde el principio…
-Ahí está condensado el gran amor por el teatro, la entrega al oficio teatrero, duro y magnífico en similares proporciones. La pasión por el escenario como vivencia personal, a la representación como forma de sobrevivir, de comunicarse…
-No faltan dos personajes potentes, enteros, sólidos, poliédricos, contradictorios y uniformes a la vez, como son Nicéforo y Semíramis.
-Y otra clave importante: dos actores extraordinarios. Ramón Barea e Itziar Lazkano. O al revés. Sin ellos, no se sostendría todo ese tinglado de la vieja y la nueva farsa.
-Por nadie de todos ellos, pasan ni los días, ni los años, ni los siglos ni los milenios.
-Así que… (Pausa dramática)… nos volveremos a ver en el próximo…

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 19 junio 2020 - 11:23 am
Categoría: General

David Barbero

-Os prometí ayer contaros la aventura de acudir al teatro con mascarilla y en la distancia. Así que voy a cumplir.
-Había pensado, incluso, comenzar este comentario por esa circunstancia nada anecdótica. Pero no lo voy a hacer por reconocimiento al gran trabajo que tuvo lugar sobre el escenario del Teatro Arriaga.
-Es conocido que se representaba ‘Ez dok hiru. (Akustikoa)’, un repaso irónico, divertido, un poco loco del imaginario musical vasco.
-Alguien puede pensar que se trata de un reto menor como desafío teatral. Pero en esas obras, teóricamente pequeñas, se pueden encontrar interpretaciones y valores de mucho más tamaño.
-Eso sucedió ayer. Allí estaban, para lograrlo, el extraoridnario intérprete Mikel Martínez, que hace tiempo ha entrado en el reducido grupo de los grandes, el muy polifacético Patxo Tellería y el ya maestro en varias disciplinas Adrián García de los Ojos. Dirigidos por el no menos valioso Jokin Oregi.
-Como no permiten quistarse la mascarilla, me quito el sombrero en reconocimiento de su trabajo.
-Vamos con la aventura. Me voy a inventar una expresión contradictoria para exponerlo: Una desilusión positiva. Trato de explicarla
-Acudí al teatro Arraiga, además de con mi mascarilla nueva, con un cierto morbo. Una insana curiosidad sobre cómo se resolvería el lio de entradas salidas, distancias, precauciones y confinamientos.
-Resultó que no hubo ningún lío. Todo estaba perfectamente organizado, señalizado, dispuesto y preparado. Varias puertas de entrada. Espacio para colocarse en espera. Te dan hidratante sanitario. Te indican por dónde subir muy espaciosamente. Comprueban tu localidad. Te acompañan. Han quitado algunas filas y algunas butacas para más comodidad. Ninguna aglomeración. Te indican las prioridades para salir Ni un solo problemas
-Así que tonta ‘desilusión’ por ausencia del morboso lío. Y sensación positiva por esa cuidada, aunque muy relativa, ‘normalidad’ en el teatro.
-De todos modos, el deseo, en todos, de próximos tiempos mejores.

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