Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 20 septiembre 2026 - 11:04 pm
Categoría: General

David Barbero

-Esta tarde he acudido ,con gran ilusión y curiosidad, a la sala Kúpula del teatro Campos Elíseos de Bilbao con la intención de  volver a ver la obra ‘Pareja abierta’ De Darío Fo y Franca Rame. He puesto el ‘gran’, porque es una mis obras preferidas de unos de mis autores más admirados.

La versión y la dirección escénica, de lo visto y oído hoy, estaban firmadas por Isabel Martí y los nombres de los intérpretes eran Rafa Alarcón y Marta Chiner.

Ya he calificado de grande mi interés previo. Pero ha habido un aspecto que, con antelación, me ha puesto la mosca detrás de la oreja. En las explicaciones previas a la representación, he leído alusiones a que esta adaptación ha sido realizada pensando en que ahora nos encontramos en un momento distinto a cuando se estrenó.

Se hacía una referencia concreta a que ahora estamos en ‘tiempos de poliamor’. Esa alusión me ha despertado todavía más inquietud y dudas. Pero he continuado hasta la sala Kúpula.

Esta obra fue escrita e interpretada por Dario Fo y Franca Rame en 1983. En ella, se plantea ,en tono de sátira directa y profunda, una crítica inteligente y valiente a la doble moral que ha existido y existe alrededor del sexo y el matrimonio en la sociedad.

Relata la vida de una pareja «progre» que piensan que son muy liberales y abiertos, pero el único que disfruta de esa libertad es el hombre. Muestra el machismo que se encierra a veces incluso en las parejas más liberales y progresistas. Es una obra llena de gags cómicos y situaciones delirantes que ayudan a entender esa crítica, sin que esta deje de mostrar con toda su crudeza la realidad. Es un texto que así que pasen los años, sigue teniendo vigencia.

Sin embargo, nada más comenzar la representación de hoy, se comprobar que esta adaptación, con las correspondientes dirección escénica e interpretación, van en otra dirección, con otro tono, sin la profundidad, ni ironía, ni crítica, ni denuncia que tiene el texto y la versión original. Se encamina hacia el tono de los monólogos, un tanto vulgares y burdos, que tratan el tema de las infidelidades matrimoniales con superficialidad, sin ingenio, con lenguaje chabacano, sin sutiliza y sin muchas de las cualidades que pusieron los autores e intérpretes originales.  Además, se exceden en las descaradas y tópicas interpelaciones al público, habituales en este tipo de espectáculos.

Así que debo confesar que el interés, las curiosidades y las esperanzas de disfrutar de la añorada obra de mis autores e intérpretes favoritos han quedado frustradas.

A pesar de este disgusto, dedicaré unas consideraciones positivas hacia Isabel Martí, la escritora de este nuevo texto y la directora de escena. Me ha parecido vislumbrar cualidades en ambos campos dignos, a mi juicio subjetivo, de mejor causa. Y también en el campo de la interpretación, ya que se ha dado la circunstancia de que, en la función de hoy, ha tenido que sustituir, como actriz, a la protagonista. Y quizá se pueda decir lo mismo de Rafa Alarcón, el otro intérprete.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 19 septiembre 2026 - 11:54 pm
Categoría: General

  David Barbero

-Esta tarde-noche he acudido ilusionado, en modo celebración, a la sala teatral La Fundición de Bilbao, con el fin de asistir al comienzo de la temporada numero cuarenta, que ha resultado ser de muy notable calidad, lo que puede-debe ser interpretado como un signo esperanzador e ilusionante.

-Este arranque ha sido realizado con la representación de la pieza ‘Sólo quería bailar’, con texto elaborado  a partir de la novela homónima de Greta García, por el dramaturgo Sergio Martínez Vila, con una meritoria dirección escénica de Alberto Velasco, y en la que su única intérprete, Olalla Hernández realiza un trabajo memorable.

Al entrar en la sala, el público se encuentra en el escenario con un cuadrilátero construido a base de muchas zapatillas de ballet y con una silla en su interior. Tan eficaz y elemental espacio escénico sirve para que se desarrolle una representación intensa, absorbente, lúcida y de creciente interés.

En ella, se expone, de un modo original, variado e impactante, la  historia en primera persona de Pili, una joven treintañera, que va contando desde la prisión en la que está encerrada tras su condena a treinta años de reclusión. En esa muy expresiva exposición, el público va reviviendo sus aventuras y desventuras en torno al mundo de la danza y los problemas que surgen alrededor.

Esta bailarina  sevillana, está en la cárcel porque acabó jarta (como ella dice) de las instituciones y de la burocracia, hasta el punto de convertirse en una violenta ‘terrorista’. Pili habla en ‘andalú’ y se expresa corporalmente con tanta perfección que transmite todos sus sentimientos y emociones.  Es divertida, escatológica y tonta, o eso le han dicho una y otra vez, pero sus palabras demuestran todo lo contrario. 

Olalla Hernández se adueña de la atención completa desde el primer minuto, hipnotiza al público y no lo suelta porque muestra una actitud sincera y profunda, además de  rebelde y combativa, para hacer frente a una vida que no parece sonreírle nunca.

La dramaturgia de Martínez Vila provoca la necesidad en el espectador de saber cada vez más. Así el montaje resulta  interesante, y desgarrador, a la vez que divertido, emocionante, amargo, crítico contra el sistema y también realista.

El monólogo posee una extraña y cautivadora forma de vida, en la que su expresividad interpela sin pedir permiso. Por momentos, la convención teatral desaparece y la sensación es que no hay de distancias. Solo existe una habitación cerrada, para asistir a algo que sucede en presente y en directo.

En el mismo sentido, hay que destacar la labor de la dirección del montaje, que va diseccionando escena por escena con una mirada quirúrgica e inquieta. La propuesta permite ver el presente en la cárcel, pero al mismo tiempo abre fisuras para que se cuelen su pasado y su futuro, incluyendo todo su recorrido vital.

Cabe, por lo tanto concluir que la presentación de ‘Sólo quería bailar’ ha constituido un magnífico comienzo de la cuadragésima temporada de la entrañable sala teatral La Fundición de Bilbao.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 17 septiembre 2026 - 11:30 pm
Categoría: General

David Barbero

-Acabo de llegar a casa, después de ver la la obra ‘La pasión infinita’ en el teatro Arriaga de Bilbao, como primera propuesta tras la minitemporada festiva con ocasión de la Aste nagusia. Debo empezar diciendo que he encontrado en ella aspectos y elementos de interés poco habituales, atrevidos, que me llevan a calificarlo positivamente como un cuidado esperpento, en el mejor sentido de este término valleinclanesco.

-Es una pieza, escrita y dirigida, nada menos que,  por José Troncoso. Expone una desmedida idea, o quizá una tesis extendida sobre la esencia, o la posible metáfora del teatro. Parte de una curiosa anécdota de que la pasión profesional no siempre nace temprano, sino que se forja con trabajo,  experiencia, riesgo y constancia. Y lo comunica de una manera original, y también atrevida en la que está presente una buena dosis de comicidad inteligente, unida a un elevado porcentaje de imaginación y otra ración de intención satírica muy saludable.

Uno de los protagonistas, interpretado por el conocido actor Pepón Nieto, está lejos de encarnar el mito del actor famoso y perfeccionista, para exagerar el proceso contrario de cómo desarrolló la vocación artística sobre la base de una obsesión y un trabajo incluso en la carencia de todo talento.

Junto a él, otro personaje protagonista,  en el  papel  de un director de escena apasionado lleva sus ideas de representación hasta las últimas consecuencias. Se da circunstancia, por supuesto premeditada, de que este personaje está interpretado, como actor, por el muy reconocido autor y director latinoamericano de escena Claudio Tolcachir.

Funciona con eficacia e imaginación la síntesis de estas dos historias, cruzando la figura del director obseso de innovación con la del actor carente de todo tipo de cualidades y atractivos. Incluso la figura del director apasionado se contrasta con la de su ayudante, que aspira unicamente a ganar dinero. Mientras el actor sin ningún talento ni atractivo, tiene como réplica a su esposa que oculta otras aspiraciones.

La Pasión Infinita es una nueva producción de MixtoLobo y Pentación Espectáculos. Desarrolla una historia de humor, esperanza y pasión, protagonizada por los citados Pepón y Claudio Tolcachir, junto a Ana Labordeta y Avelino Piedad. También interviene Lola Barroso, que participa en la acción mientras se encarga de la parte musical con su piano. La labor de los cinco es digna de toda alabanza al exponer registros y matices de interés.            Asimismo es de absoluta justicia reconocer el mérito y la maestría de José Troncoso en la autoría y la dirección de escena. Por sus anteriores trabajos, cuenta ya con el reconocimiento generalizado por su trabajo. Pero en esta ocasión, aporta matices y elementos que aumentan esa aceptación.          Así que se puede considerar un buen comienzo de la temporada temporada teatral normalizada en Bilbao.  
Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 12 septiembre 2026 - 12:16 am
Categoría: General

David Barbero

 

-Comienzo con una consideración que pone en duda mis criterios literarios. A pesar de no ser admirador de Ágatha Christie, sino todo lo contrario, reconozco, y destaco desde el principio, que ha sido el principal atractivo que ha llenado prácticamente esta tarde el aforo del teatro Campos Elíseos de Bilbao, en una representación cuyo director e intérpretes no son especialmente conocidos por el público.

La obra que he visto es ‘La ratonera’, sobre el texto de la muy popular autora británica de intriga, Con Ignasi Vidal al frente de la dirección y adaptación, ayudado por Paula Braguinsky;  con un elenco de intérpretes valencianos: Rebeca Valls, Lara Salvador, Jordi Ballester  Xavo Giménez, Lola Moltó Victoria Salvador, Ferran Gadea, Àngel Figols, Diego Braguinsky, Vanessa Cano y Bruno Tamarit.

Entre las narraciones de Agatha Christie, se puede decir que ‘La Ratonera’ funciona como una trampa argumental, en el buen sentido, dentro de su habitual esquema de suspense. Sin realizar ningún tipo de spoiler, se puede decir que este esquema parte de un asesinato previo, cuya autoría hay que investigar. La investigación se realiza mediante una larga lista de preguntas a los sospechosos. Éstos se niegan a contestarlas. Y al final todo se aclara mediante una confesión inesperada. En este caso, más inesperada de lo habitual.

‘La ratonera’, basada en su novela ‘Tres ratones ciegos’ ,es su pieza más conocida y más exitosa sobre todo entre las adaptadas para la representación escénica.Tiene el récord de permanencia mundial en los escenarios y ha aparecido representada en multitud de escenarios por todo el mundo. Además, como se ha constatado hoy, sigue manteniendo el atractivo y hasta  la veneración del público. 

Ignasi Vidal, como director y adaptador  coloca la obra a la actualidad con elementos referidos a internet y a los teléfonos móviles, referencias a la economía de nuestros días o con guiños a otros temas actuales. Lleva también la interpretación y el perfil de los personajes hasta el extremo para lograr una mayor comicidad y entretenimiento momentáneo. Pero quizá no ayuda a la comprensión del argumento, sobre todo durante el largo proceso de la investigación.

Quizá por esa razón, la estructura de entrevistas e interrogatorios continuados acaba resultando algo repetitiva y poco clarificadora. Se abren muchas incógnitas, se lanzan sospechas y muchas puertas se quedan abiertas.Hay personajes que parecen culpables por motivos turbios y, cuando llega la resolución, sus tramas se quedan inconclusas.

De todos modos, la satisfacción del público hacia la trama ideada por Ágatha Christie quedó manifestada con generosidad por los aplausos unánimes de los numerosos espectadores.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 12 septiembre 2026 - 12:06 am
Categoría: General

David Barbero

-Comienzo con una consideración que pone en duda mis criterios literarios. A pesar de no ser admirador de Ágatha Christie, sino todo lo contrario, reconozco, y destaco desde el principio, que ha sido el principal atractivo que ha llenado prácticamente esta tarde el aforo del teatro Campos Elíseos de Bilbao, en una representación cuyo director e intérpretes no son especialmente conocidos por el público.

La obra que he visto es ‘La ratonera’, sobre el texto de la muy popular autora británica de intriga, Con Ignasi Vidal al frente de la dirección y adaptación, ayudado por Paula Braguinsky;  con un elenco de intérpretes valencianos: Rebeca Valls, Lara Salvador, Jordi Ballester  Xavo Giménez, Lola Moltó Victoria Salvador, Ferran Gadea, Àngel Figols, Diego Braguinsky, Vanessa Cano y Bruno Tamarit.

Entre las narraciones de Agatha Christie, se puede decir que ‘La Ratonera’ funciona como una trampa argumental, en el buen sentido, dentro de su habitual esquema de suspense. Sin realizar ningún tipo de spoiler, se puede decir que este esquema parte de un asesinato previo, cuya autoría hay que investigar. La investigación se realiza mediante una larga lista de preguntas a los sospechosos. Éstos se niegan a contestarlas. Y al final todo se aclara mediante una confesión inesperada. En este caso, más inesperada de lo habitual.

‘La ratonera’, basada en su novela ‘Tres ratones ciegos’ ,es su pieza más conocida y más exitosa sobre todo entre las adaptadas para la representación escénica.Tiene el récord de permanencia mundial en los escenarios y ha aparecido representada en multitud de escenarios por todo el mundo. Además, como se ha constatado hoy, sigue manteniendo el atractivo y hasta  la veneración del público. 

Ignasi Vidal, como director y adaptador  coloca la obra a la actualidad con elementos referidos a internet y a los teléfonos móviles, referencias a la economía de nuestros días o con guiños a otros temas actuales. Lleva también la interpretación y el perfil de los personajes hasta el extremo para lograr una mayor comicidad y entretenimiento momentáneo. Pero quizá no ayuda a la comprensión del argumento, sobre todo durante el largo proceso de la investigación.

Quizá por esa razón, la estructura de entrevistas e interrogatorios continuados acaba resultando algo repetitiva y poco clarificadora. Se abren muchas incógnitas, se lanzan sospechas y muchas puertas se quedan abiertas.Hay personajes que parecen culpables por motivos turbios y, cuando llega la resolución, sus tramas se quedan inconclusas.

De todos modos, la satisfacción del público hacia la trama ideada por Ágatha Christie quedó manifestada con generosidad por los aplausos unánimes de los numerosos espectadores.

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