Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 13 enero 2020 - 11:40 am
Categoría: General

David Barbero

-Moncho Borrajo había asegurado que su nuevo espectáculo, – que estos días pasados ha estrenado en el Teatro Campos Elíseos de Bilbao, – era diferente a los anteriores.
-Esa afirmación fue tomada con un cierto escepticismo. Es un artista del humor que, desde hace décadas, viene siendo absolutamente fiel a sí mismo.
-Comprobado in situ, se ha podido comprobar que tales diferencias son muy escasas. Prácticamente no van más allá de no cambiarse de chaquetas de colores como acostumbraba a hacer, y a reducir un poco la duración.
-En todo lo demás, mantiene esa fidelidad personal. En ese todo lo demás, hay que incluir el contendido y las formas. Mantiene su apariencia gruñona. Reitera sus anécdotas intencionadas. Sus críticas hacia todos los palos de la baraja, aunque se le noten las preferencias. Continúa metiéndose con los espectadores de la primera fila. Con ellas y ellos, utiliza palabras gruesas, pero actitud cariñosa. Saca partido a sus juegos de improvisación verbal. Pretende sorprender con los trucos de adivinanza. Ah! Y guarda un relato autobiográfico, o eso dice, para el final con alto voltaje emocional.
-Es muy difícil que Borrajo, persona perspicaz, cambie de estilo y de contendido a estas alturas. Él mismo, en los espectáculos, define a su público aludiendo a la avanzada menopausia y la consolidada próstata de los espectadores. Sería muy difícil conquistar a los jóvenes. Y podría perder a las/os fieles veteranas/os.
-Así que Moncho Borrajo mantendrá la figura y continuará con su genio.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 12 enero 2020 - 12:32 pm
Categoría: General

David Barbero

-Ayer acudí al Teatro Barakaldo para ver una vez más la obra ‘Copenhague’, escrita por Michael Frayn, dirigida por Claudio Tolcachir, e interpretada por Carlos Hipólito, Emilio Gutiérrez Caba y Malena Gutiérrez.
-Mi propósito era recrearme en las cualidades y perfecciones ya experimentadas. Pero, en esta nueva visión, reviví que una buena obra puede producir nuevas vibraciones cada que se revisa.
-Ayer en Barakaldo tuve una percepción más exacta de la extraordinaria y complicada estructura temporal en el desarrollo de la obra. Su arranque cuando los protagonistas ya están muertos. Las continuas idas y venidas en el tiempo. El minucioso y reiterativo análisis de un solo momento. En todo ese juego, se logra que el espectador no sólo no se pierda sino que profundice en los matices, en las dudas, en las desconfianzas, en la amistad común.
-Otro aspecto que ganó fuerza fue el papel de Margrethe. Teóricamente aparece como secundaria por ser la acompañante del encuentro fundamental. Pero sus intervenciones, su actitud, sus insinuaciones, sus sospechas terminan siendo necesarias para el enriquecimiento de la trama.
-Es también digno de analizar cómo las implicaciones de trascendencia histórica se entremezclan con los conflictos personales. La sincronización entre acontecimientos personales o familiares encaja con las decisiones políticas o bélicas.
-En ese contexto, adquieren una mayor resonancia los planeamientos y los conflictos éticos. Las razones científicas, los motivos estratégicos y las decisiones morales. En este campo, es muy digna de mayor reflexión sobre la ‘ética cuántica’ a la que se alude.
-Ayer. En Barakaldo, hubo ocasión para ver de nuevo la, aparentemente sencilla pero perfectamente calculada, puesta en escena de Claudio Tolcachir. ¡Y de la interpretación qué se puede decir! Sin ellos, esta representación no tendría ni la mitad de la consistencia que tiene. Carlos Hipólito, Emilia Gutiérrez Caba y Malena Gutiérrez.
-Del público, también hay que decir alabanzas. Elegir este obra difícil y exigente tiene su merito. La escucha atenta, silenciosa, detallista, llena de intereses y curiosidad profunda. Y el aplauso final sostenido de reconocimiento y hasta agradecimiento.
-Ah! Incluso ayer la conversación entre aficionados veteranos sirvió para recordar una visión en el 2003, en ese mismo teatro, interpretada por Fernando Delgado, Juan Gea y Sonsoles Benedicto, bajo la dirección de Román Calleja.
-De todos modos, habrá que estar atento a alguna nueva representación. Todavía quedan vivencias y matices que apreciar en este ‘Copenhague’.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 11 enero 2020 - 11:49 am
Categoría: General

David Barbero

-Ayer regresé al Teatro Serantes de Santurtzi para ver la obra ‘El mago’, escrita y dirigida por el muy destacado autor Juan Mayorga. Aunque sea mi amigo, el calificativo es absolutamente objetivo.
-En el título de este comentario, he querido hacer un juego de referencias. Desea aludir no solo a esta obra sino también a la calidad de su producción teatral.
-Mientras lo escribía, he dudado si poner cómo título ‘La excusa hipnótica’. Hubiera sido más enigmático. Pero quizá más cercano a la lectura que ayer hice de esta obra.
-No es descubrir ningún secreto decir que el argumento se basa en una mujer que ha estado en una exhibición de magia. Regresa a casa bajo los efectos de una hipnosis. O eso dice. Así que no se sabe si es ella o su ‘fantasma’.
-En mi lectura, esa huida hipnótica es una metáfora de las excusas que todos nos buscamos para salir de la rutina, ocultar frustraciones, disimular fracasos o fantasear deseos no conseguidos.
-De esta manera, vi otro juego más allá del enfrentamiento o complementación de la realidad y la ficción. Me pareció encontrar un profundo análisis de la sociedad, de las derivas personales o de los conflictos familiares que podemos encontrar en el entorno cercano e incluso en nosotros mismos.
-Dentro de esa lectura, hay un elemento importante de comedia fantástica, inteligente, misteriosa, a la vez crítica, aunque elegante, que une la denuncia con la ironía.
-Durante la representación me vinieron a la cabeza nombres de comediógrafos ilustres como Miguel Maura, Jadiel Poncela, Edgar Neville o Eduardo de Fillippo.
-Hay que reconocer que este tipo de humor satírico de altura puede rozar una línea cercana a cierto teatro del absurdo. Lo digo porque quizá a algún espectador le llegaran nombres como Eugene Ionesco.
-En estas obras escritas y dirigidas por Juan Mayorga, se produce una gratificación interna como espectador. Se asiste a una aventura intelectual y emocional interesante. Para lograrla, hay que poner una actitud atenta e incluso estudiosa por descubrir todos sus contenidos e intenciones.
-Juan Mayorga, últimamente, acostumbra a dirigir sus propias obras. Me da la sensación de que lo hace precisamente para que la representación sea fiel a lo que desea exponer.
-Ah! Es muy posible que tú, al ver la obra, hagas otra lectura. Creo que esa posibilidad está en el deseo del autor y director.
-Una confesión para terminar. En los primeros minutos de la representación, tuve la tentación de ‘mirar’ a ver si descubría el truco de ‘El mago’. Rectifiqué pronto. Es una actitud equivocada de ver este tipo de ‘magia’. Creo.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 10 enero 2020 - 1:16 pm
Categoría: General

David Barbero

-Ayer me dijiste que, antes de ir tú hoy al Teatro Arriaga de Bilbao a ver ‘Las cosas que sé que son verdad’, deseabas conocer mi impresión sobre el estreno.
-Con el título de este comentario, he pretendido sintetizar esa impresión mía. Tuve la evidencia de que la pieza ha sido elaborada ‘a fuego muy lento’; con cuidado y meticulosidad; en un ambiente de gran complicidad entre todos los integrantes del grupo; con una manera de afrontar el teatro diferente de la habitual.
-Con esa última frase, quiero referirme a que no se trata de narrar una historia sobre el escenario con sus correspondientes planteamiento, nudo y desenlace. Aunque esto no se desdeñe.
-Se trata de realizar un análisis profundo, quizá a través de un microscopio emocional, de alta intensidad, sobre un instante muy representativo en la vida de unas personas.
-Ese instante puede ser un año o completarse en varios momentos, no siempre previstos pero sí sufridos. Está tan bien elegido y tan minuciosamente analizado que se puede convertir en toda una vida. Sintetizarla en lo esencial. En las cosas que son verdad y las que no lo son. En circunstancias que pueden vivirse como dramas. Y en reacciones que, bien lanzadas, pueden provocar la risa e incluso la carcajada.
-Estas personas, cuyo instante es analizado al microscopio, pertenecen a un grupo familiar. A los lazos de parentesco se les da importancia. Para bien y para mal. La familia es la organización más duradera a lo largo de la historia. Pero se afina más el foco sobre cada uno de los miembros.
-En esta elección de individuos, hay que destacar la variada, profunda y compleja, – en el buen sentido y en el malo -, caracterización de cada uno. Su situación problemática y, sobre todo, la manera de vivirla. Todos son ejemplares. También en los diferentes sentidos de esta palabra.
-A lo largo de la obra, se va acumulando la intriga y el interés en los espectadores. No ya por saber cómo se resuelve el conflicto planteado. Por la evidencia del mismo conflicto personalizado.
-El conflicto no está sólo personalizado en cada uno de los personajes analizados con la lente del teleobjetivo. La introspección se contagia a los ‘voyeurs’del patio de butacas y provoca su propio auto análisis.
-Para completar mi impresión, debo aludir a los efectos emocionales que se logran con los símbolos del jardín, más claustrofóbico que expansivo; del albor colgado, en lugar de estar enraizado en la tierra; de las ropas; de los colores…
-No sé si he logrado comunicarte la intensa vivencia que me produjo ayer esa introspección teatral para descubrir ‘Las cosas que sé que son verdad’.
-Ahora debo decirte que estoy yo también muy interesado en saber cuál es hoy tu impresión. Hay síntomas para pensar que cada espectador lo ‘vive’ de una manera. Como los personajes. Y que la ‘verdad’ no es la misma para todos.
-¡No dejes de descubrirlo!

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 5 enero 2020 - 12:30 pm
Categoría: General

David Barbero

-‘Metrópolis live by Morales’, que se ha presentado en el teatro Campos Elíseos de Bilbao, ha constituido para mí una aventura sorprendente. Distinta. Por definición, irrepetible.
-Resulta difícil de definir en pocas líneas. Y posiblemente en muchas. Se trata de una vivencia emocional. Quizá la plasmación de una actitud. De una sensibilidad. Otra manera de vivir un espectáculo. Una búsqueda de sensaciones diferentes. Quizá un experimento.
-Una característica fundamental es la síntesis y/o acumulación de estímulos artísticos y emocionales. No siempre coincidentes. Ni similares. Sí complementarios. O quizá suplementarios.
-Ya el ambiente era diferente. Gente joven y/o de mediana edad. Algunos subíamos los años de la media. Nada acomodados. Disidentes. Sobre todo, buscadores. La hora, un poco avanzada. Trasgresora quizá.
-El deseo de revivir o revisionar esa maravilla que es la modernísima película ‘Metrópolis’. De Fritz Lang y Thea von Harbou a la vez. Pongo lo de jovencísimo film, unido a las vísperas de cumplir centenario. Con imágenes impactantes. Acumulación de edificios, gigantes e invasores. Su especial manera de mover, y motivar, a los actores y actrices. El arranque de la ciencia ficción todavía vigente. Su filosofía. Los planteamientos ideológicos y/o estéticos. La denuncia de la corrupción. La opresión. La deshumanización. Los motivos para que la Unesco la distinguiese como primera película con visión del mundo.
-Al lado, la música en directo del compositor de sonidos experimentales, pianista, sintetizador de notas y contranotas, Morales. De pie frente a su instrumento cómplice y complejo. Creaba ambiente. Reforzaba intenciones. Imponía ritmos. Provocaba emociones. Sorprendía. Sincronizaba imágenes, sonidos y visiones. Lanzaba ideas.
-En definitiva, ‘Metrópolis live by Morales’ resultó ser una experiencia digna de ser degustada.

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