Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 25 septiembre 2026 - 11:21 pm
Categoría: General

David Barbero

-Lo voy a confesar directamente desde el principio. Hoy he ido, con gran curiosidad, a ver el teatro que hacen los jóvenes. He acudido esta tarde al local de Pabellón 6 de Bilbao con el fin de observar una sus piezas invitadas en este arranque de temporada. Se trata de ‘Taxidermia de una alondra’, del muy joven creador multifacético Iván López-Ortega, que además, la interpreta y la  codirige junto a Sergio Iglesias.

La obra, que ha estado nominada en las categorías de Mejor espectáculo revelación y Mejor autoría revelación de los Premios Max 2026, convierte el morbo en materia dramática para preguntarse qué dice de nosotros nuestra fascinación por las vidas ajenas y sus tragedias o simples aventuras.

Lejos de adoptar un tono solemne o moralizante, Taxidermia de una alondra convierte esta curiosidad  en el motor de un juego escénico en el que se utilizan elementos ambivalentes entre la realidad y la ficción. Utiliza la complicidad de lo asistentes, alternando la reflexión y el engaño escénico.

Para ello, se apoya en la puesta en escena aparentemente sencilla, que  aprovecha cada uno de sus recursos. El espacio escénico se transforma constantemente gracias a un incesante desfile de objetos  que generan atmósferas y situaciones imaginarios. Quizá una de las claves fundamentales esté en elaborar historias ficticias para implicar a personas aparentemente llegadas desde fuera del artificio escénico.

Los intérpretes, Macarena Sanz y el propio Iván López-Ortega, construyen una pareja escénica compenetrada y hábil en el juego con los espectadores. Demuestran su capacidad para alternar la interpretación de personajes, la narración directa y la conversación con el público. Muestran habilidad en crear atmósferas inquietantes.

Las historias que se presentan dan intencionadamente  la sensación de que suceden en la vida cotidiana y son presentadas sobre un escenario, aunque si se tratara de vivencias  congeladas y expuestas en una vitrina, como si se tratase de un animal preparado por un taxidermista para ser contemplado, estudiado o disfrutado en un museo. Idea que se recoge en el título.

La puesta en escena demuestra la eficaz capacidad de sus creadores. La escenografía se mueve entre las producciones minimalistas y los montajes muy elaborados. El espacio sonoro y musical está muy cuidado, al igual que el uso del audiovisual, que es apoyada con una estrategia muy curiosa el uso de los sobretítulos.

Como he indicado más arriba, he seguido atentamente la representación con el fin de estudiar las características del teatro elaborado por profesionales muy jóvenes que ya están logrando la aceptación y el reconocimiento. Así que será preciso ahora reflexionar sobre lo visto esta tarde en la sala Pabellón 6 de Bilbao.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 25 septiembre 2026 - 12:24 am
Categoría: General

David Barbero

-He presenciado varias representaciones de la zarzuela ‘El caserío’ de Jesús Guridi. La versión estrenada esta tarde en Euskalduna Bilbao, con ocasión de su centenario, ha resultado la más emotiva, entre otras causas por las connotaciones de esa celebración.

A ello, han contribuidos diversos elementos. Entre ellos, lógicamente, figuran los intérpretes elegidos, de los que ha destacado el barítono Juan Jesús Rodríguez, que es referencia en la lírica y resulta un rostro habitual de las temporadas líricas de Bilbao. 

Unos participantes decisivos tanto en la preparación como en el desarrollo del espectáculo de esta tarde han sido los responsables de la dirección musical y escénica, José Luis Egipuz y Yolanda Bustillo. He hecho referencia al desarrollo del espectáculo, porque durante el mismo se han producido determinadas deficiencias de sonido que han ocasionado cambios sobre la marcha.

 Detrás de este destacado propósito de solemnizar el centenario de ‘El

caserío’ está la muy meritoria Masa Coral del Ensanche, una agrupación de aficionados presente en Bilbao desde hace más de un siglo, y que anualmente mantiene la representación profesional de las zarzuelas en la capital vizcaína.

El equipo artístico completo de este espectáculo ha estado integrado, además, por Olaeta Ballet Elkartea, a las órdenes de Jone Goiricelaia, que ha seguido las coreografías de Izaskun Iturri. La producción ha reunido cerca de 60 voces –unas 45 de la Masa y el resto, del Coro Rossini– y una orquesta compacta de  35 instrumentistas.

La escenografía de Goitia ha enfatizado el choque de escalas: jirafas que remolonean por salones palaciegos, animales que irrumpen en arquitecturas clásicas, un «clasicismo rebelde» en diálogo con la iconografía europea.

En cuanto a los cantantes, ha habido la incorporación destacada en la presencia de Juan Jesús Rodríguez, que ya  había actuado hace años bajo la dirección de Juanjo Mena. Regresa ahora en plena madurez, convertido en uno de los barítonos más destacados del panorama. Le acompañan un elenco íntegramente vasco: Javier Tomé, Patricia Sésar, Alberto Núñez, Adhara Martínez y Josu Cámara, como actor.

La dirección escénica de Yolanda Bustillo, y la musical de José Luis Egiluz han asumido la ardua tarea de poner orden artístico en ese grande y variopinto conjunto de participantes y en las diversas actividades artísticas. Su objetivo ha consistido en crear la unidad necesaria para el buen desarrollo de un conjunto numeroso y variado. Además, han prestado una gran atención a potenciar la expresividad de cada uno de los elementos integrantes. To unido, como han quedado dicho, a la eficacia para reorganizar el espectáculo hacia las partes cantadas y bailadas, a causa de los problemas existentes en los recitados.

El caserío se estrenó el 11 de noviembre de 1926 en el Teatro de la Zarzuela de Madrid, con libreto de Federico Romero y Guillermo Fernández-Shaw. La efemérides de su centenario está sirviendo también para reivindicar la trayectoria de una formación estrechamente vinculada a la zarzuela. La Masa Coral del Ensanche comenzó su andadura en un caserío del Ensanche en 1903, y desde entonces ha reunido a generaciones de amantes del canto que han forjado una trayectoria marcada por la calidad y el respeto al género.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 20 septiembre 2026 - 11:04 pm
Categoría: General

David Barbero

-Esta tarde he acudido ,con gran ilusión y curiosidad, a la sala Kúpula del teatro Campos Elíseos de Bilbao con la intención de  volver a ver la obra ‘Pareja abierta’ De Darío Fo y Franca Rame. He puesto el ‘gran’, porque es una mis obras preferidas de unos de mis autores más admirados.

La versión y la dirección escénica, de lo visto y oído hoy, estaban firmadas por Isabel Martí y los nombres de los intérpretes eran Rafa Alarcón y Marta Chiner.

Ya he calificado de grande mi interés previo. Pero ha habido un aspecto que, con antelación, me ha puesto la mosca detrás de la oreja. En las explicaciones previas a la representación, he leído alusiones a que esta adaptación ha sido realizada pensando en que ahora nos encontramos en un momento distinto a cuando se estrenó.

Se hacía una referencia concreta a que ahora estamos en ‘tiempos de poliamor’. Esa alusión me ha despertado todavía más inquietud y dudas. Pero he continuado hasta la sala Kúpula.

Esta obra fue escrita e interpretada por Dario Fo y Franca Rame en 1983. En ella, se plantea ,en tono de sátira directa y profunda, una crítica inteligente y valiente a la doble moral que ha existido y existe alrededor del sexo y el matrimonio en la sociedad.

Relata la vida de una pareja «progre» que piensan que son muy liberales y abiertos, pero el único que disfruta de esa libertad es el hombre. Muestra el machismo que se encierra a veces incluso en las parejas más liberales y progresistas. Es una obra llena de gags cómicos y situaciones delirantes que ayudan a entender esa crítica, sin que esta deje de mostrar con toda su crudeza la realidad. Es un texto que así que pasen los años, sigue teniendo vigencia.

Sin embargo, nada más comenzar la representación de hoy, se comprobar que esta adaptación, con las correspondientes dirección escénica e interpretación, van en otra dirección, con otro tono, sin la profundidad, ni ironía, ni crítica, ni denuncia que tiene el texto y la versión original. Se encamina hacia el tono de los monólogos, un tanto vulgares y burdos, que tratan el tema de las infidelidades matrimoniales con superficialidad, sin ingenio, con lenguaje chabacano, sin sutiliza y sin muchas de las cualidades que pusieron los autores e intérpretes originales.  Además, se exceden en las descaradas y tópicas interpelaciones al público, habituales en este tipo de espectáculos.

Así que debo confesar que el interés, las curiosidades y las esperanzas de disfrutar de la añorada obra de mis autores e intérpretes favoritos han quedado frustradas.

A pesar de este disgusto, dedicaré unas consideraciones positivas hacia Isabel Martí, la escritora de este nuevo texto y la directora de escena. Me ha parecido vislumbrar cualidades en ambos campos dignos, a mi juicio subjetivo, de mejor causa. Y también en el campo de la interpretación, ya que se ha dado la circunstancia de que, en la función de hoy, ha tenido que sustituir, como actriz, a la protagonista. Y quizá se pueda decir lo mismo de Rafa Alarcón, el otro intérprete.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 19 septiembre 2026 - 11:54 pm
Categoría: General

  David Barbero

-Esta tarde-noche he acudido ilusionado, en modo celebración, a la sala teatral La Fundición de Bilbao, con el fin de asistir al comienzo de la temporada numero cuarenta, que ha resultado ser de muy notable calidad, lo que puede-debe ser interpretado como un signo esperanzador e ilusionante.

-Este arranque ha sido realizado con la representación de la pieza ‘Sólo quería bailar’, con texto elaborado  a partir de la novela homónima de Greta García, por el dramaturgo Sergio Martínez Vila, con una meritoria dirección escénica de Alberto Velasco, y en la que su única intérprete, Olalla Hernández realiza un trabajo memorable.

Al entrar en la sala, el público se encuentra en el escenario con un cuadrilátero construido a base de muchas zapatillas de ballet y con una silla en su interior. Tan eficaz y elemental espacio escénico sirve para que se desarrolle una representación intensa, absorbente, lúcida y de creciente interés.

En ella, se expone, de un modo original, variado e impactante, la  historia en primera persona de Pili, una joven treintañera, que va contando desde la prisión en la que está encerrada tras su condena a treinta años de reclusión. En esa muy expresiva exposición, el público va reviviendo sus aventuras y desventuras en torno al mundo de la danza y los problemas que surgen alrededor.

Esta bailarina  sevillana, está en la cárcel porque acabó jarta (como ella dice) de las instituciones y de la burocracia, hasta el punto de convertirse en una violenta ‘terrorista’. Pili habla en ‘andalú’ y se expresa corporalmente con tanta perfección que transmite todos sus sentimientos y emociones.  Es divertida, escatológica y tonta, o eso le han dicho una y otra vez, pero sus palabras demuestran todo lo contrario. 

Olalla Hernández se adueña de la atención completa desde el primer minuto, hipnotiza al público y no lo suelta porque muestra una actitud sincera y profunda, además de  rebelde y combativa, para hacer frente a una vida que no parece sonreírle nunca.

La dramaturgia de Martínez Vila provoca la necesidad en el espectador de saber cada vez más. Así el montaje resulta  interesante, y desgarrador, a la vez que divertido, emocionante, amargo, crítico contra el sistema y también realista.

El monólogo posee una extraña y cautivadora forma de vida, en la que su expresividad interpela sin pedir permiso. Por momentos, la convención teatral desaparece y la sensación es que no hay de distancias. Solo existe una habitación cerrada, para asistir a algo que sucede en presente y en directo.

En el mismo sentido, hay que destacar la labor de la dirección del montaje, que va diseccionando escena por escena con una mirada quirúrgica e inquieta. La propuesta permite ver el presente en la cárcel, pero al mismo tiempo abre fisuras para que se cuelen su pasado y su futuro, incluyendo todo su recorrido vital.

Cabe, por lo tanto concluir que la presentación de ‘Sólo quería bailar’ ha constituido un magnífico comienzo de la cuadragésima temporada de la entrañable sala teatral La Fundición de Bilbao.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 17 septiembre 2026 - 11:30 pm
Categoría: General

David Barbero

-Acabo de llegar a casa, después de ver la la obra ‘La pasión infinita’ en el teatro Arriaga de Bilbao, como primera propuesta tras la minitemporada festiva con ocasión de la Aste nagusia. Debo empezar diciendo que he encontrado en ella aspectos y elementos de interés poco habituales, atrevidos, que me llevan a calificarlo positivamente como un cuidado esperpento, en el mejor sentido de este término valleinclanesco.

-Es una pieza, escrita y dirigida, nada menos que,  por José Troncoso. Expone una desmedida idea, o quizá una tesis extendida sobre la esencia, o la posible metáfora del teatro. Parte de una curiosa anécdota de que la pasión profesional no siempre nace temprano, sino que se forja con trabajo,  experiencia, riesgo y constancia. Y lo comunica de una manera original, y también atrevida en la que está presente una buena dosis de comicidad inteligente, unida a un elevado porcentaje de imaginación y otra ración de intención satírica muy saludable.

Uno de los protagonistas, interpretado por el conocido actor Pepón Nieto, está lejos de encarnar el mito del actor famoso y perfeccionista, para exagerar el proceso contrario de cómo desarrolló la vocación artística sobre la base de una obsesión y un trabajo incluso en la carencia de todo talento.

Junto a él, otro personaje protagonista,  en el  papel  de un director de escena apasionado lleva sus ideas de representación hasta las últimas consecuencias. Se da circunstancia, por supuesto premeditada, de que este personaje está interpretado, como actor, por el muy reconocido autor y director latinoamericano de escena Claudio Tolcachir.

Funciona con eficacia e imaginación la síntesis de estas dos historias, cruzando la figura del director obseso de innovación con la del actor carente de todo tipo de cualidades y atractivos. Incluso la figura del director apasionado se contrasta con la de su ayudante, que aspira unicamente a ganar dinero. Mientras el actor sin ningún talento ni atractivo, tiene como réplica a su esposa que oculta otras aspiraciones.

La Pasión Infinita es una nueva producción de MixtoLobo y Pentación Espectáculos. Desarrolla una historia de humor, esperanza y pasión, protagonizada por los citados Pepón y Claudio Tolcachir, junto a Ana Labordeta y Avelino Piedad. También interviene Lola Barroso, que participa en la acción mientras se encarga de la parte musical con su piano. La labor de los cinco es digna de toda alabanza al exponer registros y matices de interés.            Asimismo es de absoluta justicia reconocer el mérito y la maestría de José Troncoso en la autoría y la dirección de escena. Por sus anteriores trabajos, cuenta ya con el reconocimiento generalizado por su trabajo. Pero en esta ocasión, aporta matices y elementos que aumentan esa aceptación.          Así que se puede considerar un buen comienzo de la temporada temporada teatral normalizada en Bilbao.  
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