David Barbero
-Hace ya unas horas que he regresado del teatro Arriaga de Bilbao. Allí me he quitado el sombrero. ‘Chapeau’, en francés. Y todavía no me lo he puesto.
-En el teatro municipal bilbaíno, he estado viendo, con gran expectación e interés, el espectáculo titulado ‘Travi’. Está protagonizado, producido, inspirado, dinamizado, hecho en su totalidad por los miembros de la familia Pla-Solina. Los padres se llaman Quimet y Nuria. Los hijos llevan los nombres de Diana y Oriol.
-Hay quien dice que siguen la tradición de los históricos juglares. En la función también se habla de eso. Incluso alguien se atreve a augurar que con ellos se termina la especie. Entre sus cualidades innatas, se citan la creatividad, la alegría, la inteligencia, la imaginación y el sentido del humor compartidos desde hace ya decenios con el público. Sin descuidar ni mucho menos el trabajo concienzudo y bien hecho, junto al cuidado de todos los detalles.
Son payasos, pero también filósofos, actores, hombres y mujeres integrales del teatro que transitan lo mismo por Shakespeare que por ‘Sibartini’ un artista italiano que acaba de morir y que no conoce muy bien ninguno de ellos y, sin embargo, utilizan como leitmotiv de su imaginativo, lúcido, muy divertido y motivador espectáculo que está preparando. En él, dentro de un caos perfectamente ideado y mejor interpretado, se dan cita elementos del viejo circo de toda la vida con la danza contemporánea, el teatro posdramático y el teórico, a la vez que agudo, enfrentamiento o diálogo entre lo viejo y lo nuevo, entre la concepción tradicional de un espectáculo frente al nerviosismo y desnortamiento intencionado de un director o la rebeldía sistemática y casi adolescente de su hermana frente a cualquier propuesta surgida de sus progenitores. O quizá sea exactamente al revés.
Comienzan hablando en catalán. Prosiguen luego en castellano, pasan a un italiano macarrónico y, para terminar, vuelven de nuevo al catalán. Todo para construir una fábula histérica y cotidiana de ese enfrentamiento, a la vez simbiosis, de padres-hijos, incluso en el ámbito de lo artístico. Y, en medio, dan forma a las ideas, aspiraciones y propuestas escénicas, transitando por el surrealismo, lo tragicómico, y recurriendo a todo tipo de artilugios escénicos o circenses, todas ellas llenas de un sentido del humor muy inteligente y contagioso. Desde cajas de madera a grandes pelotas, o sandías, sobre las que hacer equilibrios, desde una bicicleta más que mini al saxo del clown para intentar montar un pasacalle.
Travy se estrenó en octubre de 2018 en el Teatre Lliure de Barcelona, después ha pasado por otros teatros en gira por Cataluña. También ha triunfado en Madrid y ahora continúa otra exitosa gira. Es una obra en la que vida y teatro se funden y confunden. Una obra metateatral en la que una familia de artistas intenta crear una obra nueva. Es una bellísima, divertida, conmovedora y generosa confesión en familia. Es el testimonio de un legado personal y familiar que vive, respira, rebosa espectáculo y vida; una mirada desde el presente, para plantearle más de una pregunta al futuro. Es sobre todo una exhibición de talento, imaginación, talento, trabajo y cualidades escénicas extraordinarias en los cuatro creadores de la misma familia.
Así que mantengo el chapeau quitado en reconocimiento del gran trabajo hecho por los Pla-Solina, Oriol, Nuria, Diana y Quim.
Esta entrada se escribio el sábado, 21 marzo 21 2026 a las 0:16 am. en la categoría: General. Puedes seguir los comentarios de esta entrada usando RSS 2.0 feed. Puedes dejar una respuesta, o trackback desde tu pagina web.