Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 25 junio 2026 - 11:19 pm
Categoría: General

David Barbero

-Tengo especial interés en explicaros con la mayor fidelidad que pueda el curioso, inquietante y muy interesante espectáculo ‘La luz de un lago’ de la compañía El conde de Torrefiel que he presenciado esta tarde, con gran curiosidad, en Azkuna Zentroa de Bilbao.

«La luz de un lago» es definido como el nuevo dispositivo escénico de esta singular compañía artística, estructurado a partir de herramientas sonoras y visuales  para investigar y desarrollar las posibilidades de la imagen teatral y poética más allá de lo que se considera habitual en las artes escénicas.

El conde de Peñafiel es una compañía de teatro contemporánea, con sede en Barcelona,fundada  en 2010  por la artista suiza Tanya Beyeber y el valenciano Pablo Gisbert, investigadores inquietos, estudiantes de temas filosóficos y miembros de la compañía de danza La Veronal, además de otras inquietudes y curiosidades artísticas.

Dada la complejidad , para mí, de hacer asequible esta explicación, y utilizando expresiones de su propia presentación, adelantemos que  esta compañía viene trabajando en torno a las preguntas no frecuentes pero inquietantes sobre el futuro y la temporalidad, sobre un presente que parece inmutable y cambiante al mismo tiempo.

La propuesta presentada hoy en Bilbao gira en torno a la realización de una película en la que se entrelazan las historias de una niña, un mendigo y una bailarina, quienes se enfrentan a la pérdida gradual de la visión, y plantea una reflexión, tanto conceptual como plástica, e incluso sociológica, sobre la ceguera simbólica, o metafórica, provocada por la sobreabundancia de estímulos visuales existentes en la actualidad.

El así llamado dispositivo o artefacto, que no obra ni pieza teatral, se desarrolla en dos materialidades propias del tiempo actual: lo orgánico y lo tecnológico. Materiales como el barro, el agua o los metales, además del cuerpo humano conviven con micrófonos, altavoces, luces paneles y pantallas.

En conjunto, «La luz de un lago»propone una experiencia, y también una experimentación, sensorial, además de física, donde las imágenes nacen, paradójicamente, de la ausencia de imagen, y donde el sonido se erige en brújula del tiempo y del espacio. Habla de amor, del trabajo y de violencia en un mundo muy complejo, además de complicado, que impacta visualmente entre espejismos, trampantojos y alucinaciones.

La puesta en escena es innovadora y  desafía los límites del lenguaje y las convenciones teatrales. La luz lleva al público a una cadena de imágenes utilizando muros escenográficos, texto proyectado, voz en off y una composición sonora inmersiva.

A lo largo de la obra se refleja la lucha por encontrar la claridad en un mundo lleno de claroscuros, inseguridades y enigmas. Como es habitual en las propuestas artísticas de El Conde de Torrefiel, visión y escucha entran en colisión, en una oscilación donde se abre una grieta en el significado que da paso a la posibilidad de un lugar para la imaginación y la reflexión.

Con estos elementos y su innovadora presentación, se ofrece y se estimula una puesta en cuestión del desarrollo de las actuales estructuras y elementos escénicos, la necesidad de su transformación y su significado en este momento.

Soy consciente de la torpeza y la inexactitud de este exposición. Pero la daría por justificada si transmitiera la curiosidad por conocer esta propuesta y por la reflexión, y la inquietud, que estimula y provoca, como a mí me ha sucedido

Esta entrada se escribio el jueves, 25 junio 25 2026 a las 23:19 pm. en la categoría: General. Puedes seguir los comentarios de esta entrada usando RSS 2.0 feed. Puedes dejar una respuesta, o trackback desde tu pagina web.

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