David Barbero
-Para que os hagáis una idea cercana a lo que es en realidad esta propuesta, ‘Filosofía mundana’ que esta tarde se ha presentado en el teatro Arriaga de Bilbao, hay que adelantar que no se trata de una obra teatral.
Es una propuesta del reconocido director de escena Luis Luque a partir de microensayos o reflexiones del escritor y filósofo Javier Gomá Lanzón. En ella , participan dos actrices y dos actores: Jorge Calvo, Marta Larralde, Pepe Ocio y Laura Pamplona. Hacen más recitadores de estos textos que de auténticos intérpretes. En este sentido, su labor es muy meritoria, por el cuidado en las expresiones y en los tonos.
Originariamente ‘Filosofía mundana’ es un libro publicado hace una década que reúne estas reflexiones publicadas previamente por separado. Los textos reflejan, con un estilo directo, ligero y ameno, pensamientos sobre cuestiones diversas como el amor, la suerte, la belleza, la dignidad o el sentido de la vida.
Luis Luque ha realizado la adaptación dramatúrgica seleccionando algunos de sus capítulos. Cada fragmento tiene independencia. No forman un conjunto, ni se entrelazan en una progresión con intención dramática. Este vacío de estructura teatral se intenta compensar con la iluminación diseñada para cada micropieza, que ayuda a crear atmósferas diferenciadas.
Lo más teatral de la propuesta han sido los cuatro intérpretes. Desde el primer momento, se han movido con seguridad sobre el escenario, han encarnado el pensamiento y han humanizado la reflexión, bajo la cuidada dirección de Luis Luque.
Uno de los aspectos destacados han sido la integración de estos recitados con la elaboración, en directo, de un jardín oriental ornamental elaborado con delicadeza, y hasta con misterio, por Covadonga Villamir con la colaboración de los intérpretes. Esta poética construcción del jardín ha proporcionado al público una sensación de reposo visual con una estética muy cuidada.
Cono anécdota complementaria, debo añadir que esta tarde también ha acudido el interpelante habitual, del que os he hablado en otras ocasiones y que suele poner en cuestión el carácter teatral de algunos espectáculos. En esta ocasión, no ha lanzado ninguna pregunta agresiva. Ha sentenciado directamente que, para él, lo que había visto no era ni teatro ni filosofía. Nada más decirlo, ha escapado con rapidez sin despedirse. Así que yo no le he podido exponerle mi opinión.