David Barbero
-Esta tarde he decidido correr la aventura de una interesante pieza de teatro amateur de la que inicialmente tenía pocas referencias. Pero de la que he ido descubriendo datos y motivos de interés. Los datos de los que disponía, al principio, eran los siguientes: Su título: ‘De mí cuando muera’. La compañía responsables lleva el nombre de ‘Ambostres teatro’.
Cuando me he ido enterando de que la representaban en la sala Kúpula del teatro Campos Elíseos de Bilbao, he hecho lo posible por no perdérmela, a pesar de saber que duraba más de dos horas, lo que ya en principio parece demasiado.
A todo eso, fui añadiendo más datos como que el autor y productor es Juan Camacho, que el intérprete principal se llama José luis Urrutia, a quién conocía como autor de interesantes novelas históricas. Aquí también asume las labores de dirección de escena. En la interpretación asimismo interviene Ernesto F. Valerio, en otro papel protagonista. Idoia Mielgo Merino es responsable de la iluminación y el sonido, además de tomar parte en el desarrollo de la acción.
Os cuento más cosas. Juan Camacho, el autor y productor, procede de Valdepeñas, pero reside en Euskadi desde crío. Empezó además su andadura poética a mediados de los ochenta. Quienes le conocen aseguran que es un hombre seducido por la palabra y la escritura, siempre afanado con el ritmo y la rima de las estrofas, aspirando a compartir emociones y pensamientos.
La representación cuenta con dos actores en escenario prácticamente todo el tiempo. Las escenas son largas y están separadas por momentos musicales, con divisiones que podían entenderse como actos teatrales. La acción mantiene un ambiente íntimo con fuerte carga emocional. Los diálogos tratan sobre temas transcendentales empleando un lenguaje cuidado, pero quizá no demasiado cotidiano o coloquial.
El personaje protagonista, en parte identificado con el autor, es un docente jubilado que sigue siendo un autor de novelas. Sin embargo, como propósito final de su vida está empeñado, obsesionado, en escribir un poema insuperable que resuma su existencia y le permita alcanzar la posteridad. Cree que el poema es la síntesis, la palabra poderosa, la voz que puede emocionar más que el relato, porque es el culmen de la literatura. O al menos, eso puede deducirse del desarrollo aparente de la acción.
Un antiguo alumno y amigo, le visita y no entiende ese empeño o delirio de su antiguo mentor. Esa disparidad plantea un enfrentamiento que provoca sentimientos como el pesimismo, el ocaso, la soledad, el sedentarismo, la vejez o la enfermedad del uno frente a la vitalidad del otro. Todo esto también dentro de ese desarrollo antes aludido, al que hay que otras connotaciones y elementos dramáticos que no conviene desvelar.
En la representación de esta tarde-noche, se ha dado además la circunstancia de que ha asistido el autor, Juan Camacho, recuperándose de un incidente sanitario, lo que ha proporcionado una situación emotiva todavía mayor.
He indicado antes que la pieza tiene una duración superior a las dos horas, que el texto puede ser quizá en algunos momentos calificado de poco espontáneo, y que la puesta en escena, quizá también, prima los detalles sobre la agilidad del desarrollo. Pero es preciso afirmar que la idea dramática tiene potencia, transmite emociones y hay momentos de fuerte impacto que llevan a destacar el interés del conjunto.
Esta entrada se escribio el lunes, 25 mayo 25 2026 a las 0:08 am. en la categoría: General. Puedes seguir los comentarios de esta entrada usando RSS 2.0 feed. Puedes dejar una respuesta, o trackback desde tu pagina web.