David Barbero
-La verdad es que he estado esperando, sin noticias pero con gran curiosidad, cuál sería el nuevo espectáculo de la compañía Pont Flotant, dado el extraordinario buen sabor dejado en los anteriores. La sorpresa ha sido colmada por la originalidad, la valentía y la calidad del tratamiento, al presenciar esta tarde su última pieza, ‘Adolescencia infinita’, en la sala BBK de la Gran vía bilbaína.
-También por esa razón, me ha sorprendido que la sala no estuviera completamente llena. No hace todavía tres años que ese mismo escenario se representó su pieza anterior, de extraordinaria calidad, ‘Eclipse total’. Que ha recibido numerosos premios.
El tema de ‘Adolescencia infinita’ es interesante, de importancia, serio, delicado, ocurrente, arriesgado y muchas cosas más. Con el añadido de estar realizado y escenificado con originalidad, calidad, delicadeza, sentido del humor y otras varias cualidades. Los adolescente. La importante etapa de la vida por la que todos hemos pasado. Ahora pasan otros. Y habrá quien la pase más tarde.
La pieza propone un viaje hacia la propia adolescencia y un intento de aproximación a la adolescencia de hijos, nietos, y otros parientes, vecinos o conocidos.
El minucioso, alegre y natural texto de este atractivo y profundo espectáculo lo firman Joan Collado, Jesús Muñoz y Pau Pons. En la interpretación, figuran Joana Alfonso, Yolanda García, Jesús Muñoz y Javi Vega. En todo ello, destaca la naturalidad, la sencillez, a la vez que la profundidad, la multiplicidad de puntos de vista y la cercanía con que son capaces de impresionar, emocionar y sorprender al público.
Las herramientas que los miembros de Pont Flotant utilizan son la ironía, el humor, la delicadeza, la empatía y una mirada llena de comprensión hacia esa etapa convulsa, necesariamente peligrosa e imprescindible para acabar conformando nuestra personalidad a base de aciertos y errores., de esperanzas y contradicciones.
Con una estética de síntesis entre luces y sombras, rodeados de muñecos que representan a otros tantos adolescentes con sus pantalones modernos, deportivas y sudaderas con capucha de tonos grises, tres adultos se juntan inicialmente para recordar sus tiempos de instituto, los motes de los colegas, las aventuras reales o inventadas, terminar tratando de empatizar con los que han venido después.
Milimétricos y muy cuidados los han estado también los trabajos de escenografía y vestuario de Joan Collado; el de iluminación, diseñado por Marc Gonzalo; el espacio sonoro de Adolfo García, autor también de la composición musical junto a Javi Vega r la asesoría artística de Fermín Jiménez.
El montaje puede ser recomendable para disfrutarlo en familia. A ver si así se establece complicidad y mutua comprensión generacional. En ‘Adolescencia infinita’, desde luego, están todas las claves para que así sea.
La obra no se desarrolla con una narrativa lineal, sino que son fragmentos de diferentes historias de distintos adolescentes que pertenecen al mismo universo. La quedada para ir a una discoteca, de nombre intencionado y simbólico, es el eje vertebrador para explicar cuatro historias muy diferentes entre sí.
La pieza plantea una serie de cuestiones que muestran cómo cada nueva generación está conectada con las anteriores y las siguientes. Con una mirada humorística y con tono irónico en algunos momentos, esta propuesta invita pensar en la pubertad actual, pero también en cómo los protagonistas fueron también jóvenes y cómo vivieron esos años empujando emocionalmente al público a la misma reflexión.
La inteligente estrategia del humor sirve para enlazar las historias gracias también a la versátil rapidez de sus polifacéticos actores protagonistas. El resultado es una obra que combina de forma equilibrada la mirada más cercana al entretenimiento con el enfoque reflexivo que lo otorgan las situaciones dramáticas.
La compañía Pont Flotant ha demostrado otra vez ser única a la hora de reflexionar sobre los momentos vitales del ser humano. Quienes han dejado pasar esta ‘Adolescencia infinita’, es posible recuperarla, estando atento a las programaciones. Mas o menos como la vida misma.