David Barbero
-Reconozco que, desde joven, he sentido debilidad por Bertold Brecht, por su actitud personal y su calidad teatral. Así que tendré dificultades para ser objetivo. He acudido esta tarde al teatro Arriaga de Bilbao para ver el nuevo montaje de ‘La ópera de tres centavos’ de Bertold Brecht y Kurt Weill con varias curiosidades y expectaciones.
-Precisaré cuál era mi curiosidad más concreta. Esta obra se estrenó en 1928. Es decir, hace casi un siglo. Eran tiempos complejos, conflictivos y controvertidos. La obra respondía, de forma militante, a esos hechos y a esas circunstancias. Deseaba yo comprobar si ahora la pieza respondía también y con la misma exactitud, a lo que está sucediendo en este momento. Creo que vivimos incluso en tiempos, por lo menos, tan complejos y conflictivos.
Esta versión está protagonizada por el cantante y actor Coque Malla en el papel principal de Mackie Navaja. Bajo la batuta escénica del canario Mario Vega y con dirección musical de Miguel Malla, su hermano. El espectáculo fusiona teatro hablado, de Brecht. con música, De Weill, en directo ejecutada por un octeto sobre el escenario, creando una atmósfera híbrida que mezcla jazz, cabaret y sonidos clásicos con ironía y sátira social.
La escenografía, basada en grandes estructuras modulares de madera se decanta por una estética que oscila entre lo grotesco y el simbólico. Es una apuesta consciente por el distanciamiento brechtiano. Tiene como objetivo obligar al espectador a pensar, reflexionar y, sobre todo, interrogarse por la realidad que tiene ante sus ojos. En esa misma línea van las rupturas constantes de la cuarta pared por parte de los intérpretes.
El montaje mantiene un ritmo dinámico y desafiante, donde el humor negro se entrelaza con una crítica a la sociedad capitalista y a las estrategias oportunistas del poder. Las de entonces y las de ahora, quizá todavía más agudizadas y descarnadas en la desigualdad y la deshumanización social actual.
Soy consciente de que no he respondido a la curiosidad sobre si este montaje de ‘La ópera de tres centavos’, y la obra en sí misma, siguen vigenten, a mi juicio, como denuncia y crítica de la actual deriva del capitalismo galopante. Es que, en realidad, en este momento, yo tampoco lo tengo claro. Debo pensarlo más detenidamente.
Lo mismo me pasa con otra de las curiosidades que llevaba al acudir esta tarde al teatro. Versaba sobre si la técnica teatral de Bertold Brecht, y su famoso distanciamiento, continúan teniendo vigor en la actualidad. Tampoco lo tengo claro. Debo dar unas cuantas vueltas más en mi coco oxidado.
También soy consciente de que posiblemente esto os decepcione a algunos de vosotros. Pero es la realidad. Y no deseo frivolizar. Menos todavía con alguien, que os he presentado como una de mis debilidades.
Añadiré únicamente que el resto del reparto, muy conjuntado, lo completan intérpretes como Omar Calicchio, Andrea Guasch, Paula Iwasaki y Carmen Barrantes. Han realizado un meticuloso trabajo. El público ha llenado el aforo del Teatro Arriaga, y al finalizar el espectáculo lo ha agradecido con amplios aplausos.