Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 13 agosto 2026 - 11:16 pm
Categoría: General

David Barbero

-Hoy ha comenzado la temporada teatral de la Aste nagusia de Bilbao. Se ha inaugurado con la representación de la obra ‘La cuisine de ma cousine’ por la veterana compañía teatral catalana La cubana, que no acudía a Bilbao desde hace ocho años, también con ocasión de estas mismas fiestas y en ese mismo Teatro Arriaga.

-He acudido a ese estreno con curiosidad renovada. Deseaba comprobar si habían cambiado o seguían haciendo el mismo tipo de teatro de la misma manera que hace ocho años. También tenía interés en observar cómo reaccionaría el público de ahora, después de ese tiempo.

Recuerdo que esta compañía ha presentado en Bilbao y en ese mismo teatro, obras memorables, que muchos espectadores recuerdan e incluso algunos todavía hablan de ellas.

-Esta veterana compañía catalana presenta, casi en estreno riguroso,  este «melodrama culinario» dirigido por Jordi Milán, que combina, como es habitual en ella, humor, música, canciones y participación del público, para explorar, y también burlarse, de la locura gastronómica contemporánea.

El montaje mantiene un elemento característico de La cubana consistente en procurar que cada espectáculo suyo constituya una auténtica aventura curiosa para el espectador. También cultiva una complicidad característica con el público de cada sitio donde actúan. Incluso se inventan para cada ciudad una conexión cercana con el argumento, con el fin de atraer a los espectadores como si asistieran a una función especialmente preparada para ellos. También trae ingredientes, utensilios o disfraces para fomentar la participación directa en la función. Asimismo utilizan trucos escénicos habituales que añaden color,  y sorpresas. Sin embargo, se podría decir que el humor de la primera no resulta demasiado eficaz, o que el final resulta más una moraleja que un efecto impactante, mientras sigue funcionando la participación del público. 

Para adelantar esos datos sobre los participantes, hay reseñar que el equipo creativo incluye la idea, la dirección y el guion del veterano fundador de la compañía Jordi Milán, junto a Toni Sans y Rubèn Montañá. La música es original de Albert Mora; la escenografía, de Cesc Colomina; el vestuario y creación de personajes, de Leo Quintana y Raúl Herrera, en una labor participativa de todos los miembros de la compañía. La coreografía es de Leo Quintana y el diseño gráfico de Raúl Pascuali. El elenco está formado por Xavi Tena, Alex Gonzàlez, Montse Amat, Toni Sans, Rubèn Montañá, Ariadna Clapés, Álex Rodríguez, Lourdes Doménech y Aina Quiñones.  Todos ellos impregnados del característico e inconfundible estilo propio del conjunto.

La propuesta de ahora se fija en las nuevas formas y maneras de la gastronomía actual.  invita a reflexionar sobre la obsesión por «figurar» y por sorprender que existe en esa llamada cultura del espectáculo gastronómico actual. Lo hacen mediante el humor y la complicidad escénica. 

La obra utiliza el humor y la música para interpelar sobre la obsesión contemporánea por hacer gala de lo que comemos y de dónde lo hacemos, con el deseo de fortalecer nuestra imagen exterior. Destaca irónicamente el gusto general  por dejarse llevar por la afición de colgar, en las redes, imágenes en busca de likes con afán presumir ante amigos y ante desconocidos.

En definitiva, ocho años después, se trata de otra «loca comedia» con un título afrancesado que mantiene el sello inconfundible de La Cubana, que conserva su genio y su figura. Por su parte, el público, que hoy ha llenado el patio de butacas del Teatro Arriaga, ha aplaudido ese tipo de hacer teatro.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 27 junio 2026 - 11:23 pm
Categoría: General

David Barbero

-Reconozco que tengo cierta prevención hacia las versiones teatrales de las obras de Aghata Christie. La verdad es que sus novelas tampoco me han gustado mucho nunca. Pido disculpas porque sé que cuenta con la aceptación muy generalizada.

-Sin embargo, esta tarde he ido al teatro Campos Elíseos de Bilbao a ver   ‘Asesinato en el Orient Expres’, de Aghata Christie. Lo he hecho al saber que la adaptación había sido escrita por el conocido autor y director de teatro  norteamericano Ken Ludwig. Este dato ha despertado mucho mi curiosidad.

-Tenía la esperanza de que este adaptador que ha demostrado su hábil ejercicio escénico como autor teatral aportaría más agilidad en los planteamientos y más dinamismo en la solución de los casos investigados. Incluso pensaba en la posibilidad  de que diera mayor consistencia a los personajes y también favoreciera a que el conflicto y la intriga funcionaran teatralmente de un modo más eficaz graduando el suspense sobre las diferentes sospechas o tramas.

Sin embargo no ha sucedido así. Esta versión escénica ha mantenido, a mi juicio subjetivo, todos esos fallos encontrados en las anteriores. No ha ganado ni en agilidad, ni en dinamismo escénico ni en consistencia de personajes ni en la claridad del conflicto o en la rapidez de su solución.

La dirección escénica de José Saiz se mueve en esa misma línea, también en mi opinión. Por lo que se refiere a la interpretación actoral, he llegado a la misma valoración. Debo repetir aquí que esto también es subjetivo. Pero tengo que decir que la concepción de la escenografía sí que ofrecía aspectos originales.

Soy consciente de he repetido varias veces esa atribución a la subjetividad. Lo he hecho intencionadamente para resaltar el siguiente dato contradictorio a mi opinión. El aforo del Teatro Campos Elíseos de Bilbao estaba esta tarde completamente lleno. El público ha escuchado la obra con atención. Y al terminar la presentación, los aplausos  han sido unánimes, potentes y calurosos. Incluso gran parte de ese numeroso público se ha puesto de pie para manifestar más claramente su reconocimiento.

Así que, siendo honesto, debo reconocer que el equivocado soy yo.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 25 junio 2026 - 11:19 pm
Categoría: General

David Barbero

-Tengo especial interés en explicaros con la mayor fidelidad que pueda el curioso, inquietante y muy interesante espectáculo ‘La luz de un lago’ de la compañía El conde de Torrefiel que he presenciado esta tarde, con gran curiosidad, en Azkuna Zentroa de Bilbao.

«La luz de un lago» es definido como el nuevo dispositivo escénico de esta singular compañía artística, estructurado a partir de herramientas sonoras y visuales  para investigar y desarrollar las posibilidades de la imagen teatral y poética más allá de lo que se considera habitual en las artes escénicas.

El conde de Peñafiel es una compañía de teatro contemporánea, con sede en Barcelona,fundada  en 2010  por la artista suiza Tanya Beyeber y el valenciano Pablo Gisbert, investigadores inquietos, estudiantes de temas filosóficos y miembros de la compañía de danza La Veronal, además de otras inquietudes y curiosidades artísticas.

Dada la complejidad , para mí, de hacer asequible esta explicación, y utilizando expresiones de su propia presentación, adelantemos que  esta compañía viene trabajando en torno a las preguntas no frecuentes pero inquietantes sobre el futuro y la temporalidad, sobre un presente que parece inmutable y cambiante al mismo tiempo.

La propuesta presentada hoy en Bilbao gira en torno a la realización de una película en la que se entrelazan las historias de una niña, un mendigo y una bailarina, quienes se enfrentan a la pérdida gradual de la visión, y plantea una reflexión, tanto conceptual como plástica, e incluso sociológica, sobre la ceguera simbólica, o metafórica, provocada por la sobreabundancia de estímulos visuales existentes en la actualidad.

El así llamado dispositivo o artefacto, que no obra ni pieza teatral, se desarrolla en dos materialidades propias del tiempo actual: lo orgánico y lo tecnológico. Materiales como el barro, el agua o los metales, además del cuerpo humano conviven con micrófonos, altavoces, luces paneles y pantallas.

En conjunto, «La luz de un lago»propone una experiencia, y también una experimentación, sensorial, además de física, donde las imágenes nacen, paradójicamente, de la ausencia de imagen, y donde el sonido se erige en brújula del tiempo y del espacio. Habla de amor, del trabajo y de violencia en un mundo muy complejo, además de complicado, que impacta visualmente entre espejismos, trampantojos y alucinaciones.

La puesta en escena es innovadora y  desafía los límites del lenguaje y las convenciones teatrales. La luz lleva al público a una cadena de imágenes utilizando muros escenográficos, texto proyectado, voz en off y una composición sonora inmersiva.

A lo largo de la obra se refleja la lucha por encontrar la claridad en un mundo lleno de claroscuros, inseguridades y enigmas. Como es habitual en las propuestas artísticas de El Conde de Torrefiel, visión y escucha entran en colisión, en una oscilación donde se abre una grieta en el significado que da paso a la posibilidad de un lugar para la imaginación y la reflexión.

Con estos elementos y su innovadora presentación, se ofrece y se estimula una puesta en cuestión del desarrollo de las actuales estructuras y elementos escénicos, la necesidad de su transformación y su significado en este momento.

Soy consciente de la torpeza y la inexactitud de este exposición. Pero la daría por justificada si transmitiera la curiosidad por conocer esta propuesta y por la reflexión, y la inquietud, que estimula y provoca, como a mí me ha sucedido

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 24 junio 2026 - 11:20 pm
Categoría: General

David Barbero

-Hoy ha sido miércoles. Por lo tanto, un día que no suele ser de teatro. Sin embargo, yo me he acercado hasta el teatro Arriaga de Bilbao para ver a Patti Lupone y su espectáculo ‘Songs from a hat’. Puedo decir, como resumen, que ha merecido mucho la pena.

La tres veces ganadora del premio Tony, legendaria cantante, actriz y comediante estadounidense ha interpretado algunas de sus canciones más famosas y también otras joyas musicales que ha interpretado a lo largo de su vida artística. Sobre el escenario, las ha ido seleccionando sacando papelitos aleatoriamente de su sombrero de copa, como anuncia el título del espectáculo.

Por si alguno de vosotros no está situado sobre la importancia de esta veterana intérprete, según The New York Times, Patti Lupone es ese tipo de artista tan particular, quizás la última de su especie, una auténtica estrella de la edad de oro de Broadway, de esas que pueden convertir un teatro en un salón, desprendiendo una energía tan contagiosa que hace que mil personas se sientan como si les hablara y les cantara individualmente. Puedo dar fe de esas palabras, aunque hoy hemos estado bastantes menos espectadores en el patio de butacas bilbaíno. En la realidad, su espectáculo ha sido una reunión especialmente emotivo.

Su sola presencia sobre las tablas ha transformado la técnica en milagro y el escenario en un territorio de libertad. No ha sido un espectáculo al uso, sino el despliegue de una artista que, tras cinco décadas de trayectoria, ha demostrado ser una autoridad escénica, una voz que no necesita artificios y una personalidad magnética.

La decisión de confiar el repertorio a la extracción aleatoria de títulos desde un sombrero de copa elimina cualquier atisbo de rutina preestablecida, dotando a la velada de una frescura eléctrica. Acompañada magníficamente por la precisión y el rigor de su director musical, Joseph Thalken, LuPone ha desgranado con naturalidad los hitos que definieron su carrera, desde las icónicas partituras de ‘Evita’ y ‘Los miserables’ hasta su inabarcable aportación en ‘Sunset Boulevard’ o ‘Company’ y otras muchas más’.

Lo que el espectador puede ver y oír no es una reconstrucción nostálgica, sino la reivindicación de una intérprete que entiende el escenario como un espacio de verdad y comunicación, donde la técnica, perfeccionada durante décadas, desaparece para dejar paso a la emoción. Asistir a esta función ha supuesto una lección de interpretación y una oportunidad de tener frente a frente a una figura cuya influencia ha redefinido el canon de las artes escénicas modernas.
   Así que termino como empecé este comentario, felicitándome por haber conocido hoy en el  teatro Arriaga de Bilbao a la gran intérprete norteamericana de musicales  Patti Lupone.  

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 19 junio 2026 - 10:44 pm
Categoría: General

David Barbero

-Acabo de llegar a casa desde el teatro Arriaga, en Bilbao. Allí he sido testigo del estreno, hay que decir que absoluto, de la puesta en escena del espectáculo titulado ‘Shostakóvich 14’, con la sensación de haber asistido a un acontecimiento cultural destacado y no frecuente.

-Por esa razón, lo he calificado, en el título del comentario, como todo un espectáculo y he añadido lo de innovador. Habría que destacar su originalidad por la suma o síntesis de géneros. Teóricamente se trata de la sinfonía en sol menor la obra 135 de Dimitri Shostakóvich, compuesta en el año 1969. Ya en su composición interna es original, además de polifacética, al incluir poemas de escritores internacionales muy singulares.

-Además de eso, y aunque ya ha quedado dicho que se trata de una sinfonía, es preciso señalar que se ha realizado una puesta en escena, sin que se haya llegado a considerarla una pieza teatral al uso. También se ha cuidado la escenografía y los cantantes, solistas, han realizado un ejercicio netamente interpretativo, en el sentido actoral del término.

-Un elemento destacado es el trabajo realizado por Shostakóvich con los textos de Federico García Lorca, Guillaume Apollinaire, Wilhelm Küchelbecker y Rainer Maria Rilke. Todos están vinculados con la temática de la muerte, en muy diferentes versiones y circunstancias. Tienen miradas tan distintas que a veces parecen contrapuestas.

-Shostakóvich compuso esta obra tras sufrir graves problemas de salud. Quizá por eso, reflexiona sobre la mortalidad de forma cruda y sin adornos. Musicalmente, renuncia a la grandilocuencia para utilizar una textura desnuda, tensa y expresiva, donde cada instrumento tiene un papel dramático.

El espectáculo cuenta con la participación añadida del coro Leioa Kantika Korala, que con su juventud y frescura aporta un contrapunto musical y estético destacable. El conjunto vocal dirigido por Basilio Astúlez interpreta algunas piezas ajenas a la Sinfonía de Shostakovich, pero que están integradas en la puesta en escena. Han sido colocadas al comienzo y al final del espectáculo de tal modo que aportan una emotividad complementaria, además de evidenciar su cuidada calidad.

 La presentación de esta nueva producción ha contado con la participación de Calixto Bieito como director de escena. En ella, han estado presentes todos los elementos destacados de su manera de dirigir, con sus simbolismos destacados, su inclinación a colocar a los intérpretes en situaciones comprometidas y sus puntos de provocación. El maestro argentino Alejo Pérez se ha encargado de la dirección musical, evidenciando seguridad, ritmo y precisión. A su cargo, han estado miembros de la Orquesta sinfónica de Bilbao.

Los solistas, la soprano Annette Dasch y el bajo Leigh Melrose han destacado en la labor interpretativa como cantantes y actores. Han sabido moverse en las dificultades  intencionadamente colocadas y han dotado de fuerza a sus diferentes roles. Barbora Horáková Joly, por su parte, ha sido la encargada del diseño de la escenografía, Que ha resultado muy eficaz y expresiva, además de estar llena simbolismos y con toques que destacan la naturaleza. Cabe citar asimismo la presencia de Juana Lor como ayudante de dirección.

Shostakóvich compuso esta pieza, profundamente introspectiva y de carácter fúnebre, seis años antes de morir y estando ya enfermo. Aunque no fue su última obra, se considera, por algunos, como un réquiem, ya que la escribió después de una larga convalecencia en el hospital debido a un ataque al corazón. También se ha considerado como  su «testamento moral» por su persistencia frente a la violencia, la guerra, los suicidios, las ejecuciones y el olvido.  

En definitiva,el estreno, la producción y la presencia de este espectáculo en el teatro municipal de Bilbao se puede considerar como un motivo destacado de su programación y una oportunidad privilegiada, y no frecuente en otros lugares, para los espectadores bilbaínos.

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