Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 27 febrero 2026 - 11:57 pm
Categoría: General

David Barbero

-Esta tarde he presenciado, en el teatro Arriaga de Bilbao, con gran interés y curiosidad, la pieza titulada ‘El hijo de la cómica’, basado en un texto de memorias del recordado artista Fernando Fernán Gómez. Está interpretada y dirigida por José Sacristán. El texto ha sido una adaptación elaborada también por este actor a partir de los recuerdos escrito por el homenajeado en ‘El tiempo amarillo 1921-1943’.

Según mi valoración, por supuesto subjetiva y muchas veces equivocada, es que el espectáculo ha resultado una demostración, incluso una exhibición memorable, de las grandes cualidades interpretativas, sobre todo aquí en lo referente a la voz por parte del extraordinario actor que es José Sacristán.

Pero, en cuanto al texto, y a su adaptación, creo que es de justicia señalar su inadecuación como base teatral. Se trata de unas memorias, bien escritas y con gracia, además de estilo ágil por parte de Fernando Fernán Gómez. Pero no tiene estructura teatral, ni esquema de intriga o conflicto, ni progresión emocional. El autor, que fue muy destacado intérprete, no lo escribió con la intención de ser representado sobre un escenario. Estoy convencido de que si él lo hubiera utilizado con ese propósito, lo habría cambiado muy profundamente. En esta ocasión, no se ha realizado esa adecuación como texto teatral, aunque en el programa se afirme que la adaptación ha sido responsabilidad de José Sacristán. 

Ese mismo programa de mano, y todos los documentos referidos a la obra y su representación, atribuyen las labores de la dirección escénica también a José Sacristán. De nuevo califico mi opinión de subjetiva y frecuentemente equivocada. Pero con esas salvedades, me ha ha parecido una puesta en escena bastante plana y con muy escaso aprovechamiento de los recursos escénicos, visuales y sonoros.

De todos modos, deseo repetir y destacar que José Sacristán, en su calidad de intérprete, realiza una labor de gran calidad, con más mérito, todavía, al tener que encarnar un texto sin las condiciones exigibles para la representación teatral. Esa maestría la ha demostrado sobre todo en las articulaciones y modulación de la voz, o voces en plural, al interpretar a diversos personajes de características muy diferentes entre sí.

Otro aspecto, favorable a la representación, deseo destacar con toda justicia. El aforo del teatro Arriaga estaba lleno. Supongo que en las representaciones sucesivas sucederá lo mismo. Y el público de hoy, día del estreno aquí, al terminar la representación, se ha levantado para aplaudir con entusiasmo al intérprete en reconocimiento de su labor.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 24 febrero 2026 - 11:26 pm
Categoría: General

David Barbero

-Esta tarde he asistido en el teatro Arriaga a un acontecimiento escénico que no sé cómo calificarlo para definirlo en su totalidad y su intensidad. La dificultad está en incluir sus muchos elementos y matices. Todos ellos positivos. Los escénicos y los emocionales. Ha sido la representación teatral del monólogo de Antón Chejov, ‘Sobre los perjuicios del tabaco’, protagonizada por Ramón Barea.

Hay también connotaciones de admiración y de nostalgia. Incluso hay elementos novedosos o revividos como tales. Ya se interpretó la versión de este monólogo al final de la temporada 2001-2002. Para hacer memoria, he tenido que buscar papeles antiguos. El estreno fue en la emblemática sala La Fundación de Bilbao el día 22 de junio del 2001.  Ya entonces la dirección escénica fue responsabilidad, como hoy, de Jpne Irazabal. 

Por esa actuación, Ramón Barea recibió, creo recordar, el premio de la Unión de Actores del País Vasco al Mejor Actor. Asimismo pienso tener en mi memoria el recuerdo de haber presenciado otra representación con ocasión del día mundial del teatro. Lo sitúo también en el teatro Arriaga. Pero que nadie me pregunte en qué año.  Por lo que se trata de un clásico moderno con variada representación en el tiempo. Además de haber conseguido la categoría de ser un «juguete tragicómico intemporal y absolutamente vigente».

El autor, Chejov,  centra la narración en Ivan Ivanovich Niujin, marido de la dueña de una escuela de señoritas, que se supone que va a dar una conferencia sobre el tabaco. Pero, como suele pasar con Chejov, la cosa se desvía. Con la apariencia de una conferencia y usando esa excusa, aprovecha la ocasión  para ir soltando comentarios aparentemente banales que acaban siendo un análisis profundo de la naturaleza humana y termina como un grito a la libertad y a la vida. Por esa razón en el título he aludido a la maestría del inmenso autor que fue Anton Chejov.

Dicen que hasta ahora se conocían dos versiones de esta obra. Una tiene clave de farsa y está datada en el año 1886. La otra es tragicómica, y fue publicada un poco más tarde en el año 1903. Esta última es la más representada y conocida. Sin embargo, parece ser que hace poco  se  ha conocido la existencia de una tercera versión de Chejov, que no había visto la luz y que fue encontrada entre los textos del Teatro del Arte de Moscú.

En título de este comentario, he aludido, y con especial énfasis en mi intención a la maestría interpretativa de Ramón Barea. Desde luego no lo he descubierto esta tarde. He sido testigo ya de muchas manifestaciones excelentes de su trabajo. Pero en esta pieza, él solo sobre el escenario, lo demuestra de una manera absolutamente destacada en todos los aspectos. A destacar desde el principio, la destacada y meticulosa creación y caracterización del personaje de Ivan Ivanovich en todos sus aspectos y detalles. Por dentro y por fuera. En movimiento y en quietud.

Si hay que ir a los detalles, habría destacar la manera de moverse, las actitudes de estar quieto, o la forma de agacharse. O cómo se sienta y también cómo se levanta. De los gestos, habría detenidamente de cada uno de ellos y de su precisión para definir la expresión justa. La misma atención merecerían los variados tonos de voz, la matización de los paramentos, de las palabras y hasta de cada una de las sílabas.

Así que me permito quitarme el sobrero, aunque no lo haya llevado, en señal de reconocimiento de las maestrías que he indicado al principio.   ¡Chapeau, maestros!

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 19 febrero 2026 - 12:00 am
Categoría: General

David Barbero

-He puesto en el título de este comentario ese grito reivindicativo del tipo de espectáculo que he presenciado esta tarde en el rato del teatro Arriaga de Bilbao. Allí he presenciado el estreno de la obra ‘La Virgen del Rocío se aparece porque se lo ha dicho su psicóloga’. Un título largo. Pero expresivo del contenido y las intenciones de la pieza.

He utilizado el el adjetivo irreverente. Pero a la salida del local, he escuchado otros igualmente laudatorios, a mi juicio, referidos a este espectáculo: lúcido, atrevido, valiente, divertido, rebelde. Los expongo como muestra de que mi opinión ha resultado ser, creo, bastante compartida.

Así que vamos a adelantar, como reconocimiento, los nombres de las personas responsables a quienes van dirigidos esos reconocimientos.  Idea original hay que atribuírsela a Gemma Martinez, que participa también en la dramaturgia y la interpretación. Laura Ortega está en la dirección, la dramaturgia y el diseño de la escenografía. En los textos, han participado también Pedro Rivero, Silvia Delgado y David Caiña. La otra intérprete es Vito Rogado, que ha desarrollado también sus grandes cualidades como cantante. El diseño de la iluminación es de Edu Berja. En la banda sonora han intervenido: Nerea Alberdi y David Sánchez. En la coreografía, Alberto Ferrero. Además de las labores de producción, que también han sido importantes. Otro aspecto de gestión a destacar es que hoy se ha estrenado en el teatro Arriaga. Pero de modo inmediato, pasa a representarse en el nuevo local de Pabellón 6 de Bilbao.

En esta comedia, la Virgen del Rocío, conocida también por otras denominaciones, decide enfrentarse a sus traumas divinos y humanos y revisar su papel en ese gran best seller patriarcal llamado Biblia. Realiza un viaje entre lo místico y lo mundano, donde se descubre que los ángeles tampoco saben gestionar  sus emociones, los santos no entienden de género, las otras vírgenes se pelean por la custodia compartida y Dios tiene varios asuntos pendientes a los que atender. Ella, por su cuenta, lo que desea de verdad es bajarse del pedestal y dedicarse a otros cosas como  bailar.

Después de siglos en lo alto de los altares, envuelta en incienso y promesas, rodeada de claveles rojos, la Virgen del Rocío ha decidido cambiar de vida y arreglar sus problemas psicológicos y buscar su felicidad.

Mientras su hijo acapara milagros y su marido se lleva los méritos del silencio, ella queda reducida a un adorno piadoso. Así que ha pedido cita con una  psicóloga y bajo su supervisión comienza a poner en marcha la terapia oportuna.  

Todo este planteamiento ha llevado a disfrutar de una comedia completa y contagiosa. Pero  ha servido también para poner solfa y cuestionar aspectos y creencias, o supersticiones, que se dan por intocables. Lo cual, por otra parte, siempre ha sido misión  del teatro, sobre todo en el género cómico.

También ha servido para evidenciar, una vez más la calidad de las personas citadas más arriba en el campo de la creación teatral, la escritura, la dirección escénica, la interpretación, escenografía y otras actividades de la representación teatral.

Por esa razón, es preciso apuntar que el numeroso público asistente, al final de la representación, ha reconocido las cualidades de ese trabajo con largos aplausos y otras manifestaciones de reconocimiento.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 18 febrero 2026 - 1:08 am
Categoría: General

David Barbero

-He acudido esta tarde al palacio Euskalduna de Bilbao, para ver la opera de Gaetano Donizetti ‘María Stuarda’ con gran curiosidad. Entre los motivos de esa expectación figuraba la excelente composición musical del maestro italiano. El gran atractivo de las interpretes protagonistas. La calidad demostrada de los directores de la orquesta y de las escena. Sin olvidarme de la orquesta de Euskadi y del Coro de ópera de Bilbao.

Pero reconozco que potenciaba esa curiosidad el deseo de presenciar uno de los enfrentamientos dramáticos más potentes, el que aquí se vive entre las reinas María de Escocia, católica,  e Isabel de Inglaterra, anglicana. Incluso me atraía hasta el morbo de los problemas creados por este enfrentamiento en las representaciones de esta ópera, desde el principio, con prohibiciones y peleas entre artistas. 

Hoy tenía lugar la segunda representación de este títuylo en la temporada número 74 de la ABAO Bilbao Opera. Es el segundo título de la trilogía de las soberanas de Gaetano Donizetti.

Se considera un espectáculo ideal para el lucimiento vocal y para la exhibición de las cualidades interpretativas como actrices de las protagonistas. El elenco ha estado encabezado por la soprano Yolanda Auyanet, quien encarna a la compleja y sufrida reina escocesa, uno de los papeles más exigentes del repertorio belcantista. Frente a ella, la mezzosoprano Maria Barakova daba vida a una implacable Elisabetta. Mientras que el tenor Filip Filipović interpreta al apasionado y pacificador Leicester.

La dirección musical ha corrido a cargo del maestro mexicano Iván López-Reynoso, al frente de la Euskadiko Orkestra, con una partitura de gran riqueza orquestal y complejidad expresiva.La dirección de escena  es de Emilio López. El montaje, coproducido por ABAO Bilbao Opera y la Ópera de Oviedo, se ha estrenado en Bilbao.  

Ya he adelantado que la trama  narra el dramático enfrentamiento entre dos reinas rivales: Maria Estuardo, católica y reina de Escocia, y su prima Isabel I, protestante y reina de Inglaterra. Esta disputa dinástica sucedió realmente en la historia de estos países. Pero en este drama, se añaden detalles para que el dramatismo alcance tonos más espectaculares

La reina escocesa, prisionera de la inglesa, se ve envuelta en una tragedia marcada por la lucha de poder, la religión y el amor, con el conde de Leicester como figura clave entre ambas. El célebre enfrentamiento verbal, en la obra, culmina con insultos directos, en el grito de “¡Vil bastarda!”, y por discrepancias de intereses, a pesar de su parentesco, que se convierte en el detonante de la condena final de María por la acusación de traición.

Diré, desde el principio, que la primera mitad de la representación ha colmado todas mis curiosidades. E incluso las ha superado. En esa satisfacción incluyo a las intérpretes, las direcciones de música y escena, a la estimulante escenografía con referencias al ajedrez. En todas las escenas, ha habido dinamismo, fuerza, intriga, potencia, atracción, belleza, ritmo, atractivos musicales, visuales e interpretativos. Incluso se pueden añadir referencias positivas.

Pero resulta que el libreto, al comienzo de la segunda parte, coloca el clímax, la resolución del conflicto, la decisión final del argumento. Y a partir de ese momento, ya no sucede nada en lo referente a la acción. Sólo los lamentos y las quejas previas a la ejecución, durante la mitad del espectáculo.

Sigue la música y las arias, con todas sus muy elevadas cualidades. Pero ya no hay acción, ni intriga ni enfrentamientos. Con lo cual se ha reducido, para mí, esa parte correspondiente a la curiosidad inicial. No es necesario aclarar que han continuado los otros muchos atractivos que incluye el elevado arte de la ópera. Deseo insistir especialmente en ello,  para dejar clara mi valoración artística global de lo que he visto y oído.

Debo, además, añadir que los aplausos finales han sido especialmente generosos y expresivos en el reconocimiento de los méritos de todos los participantes.   

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 15 febrero 2026 - 12:37 am
Categoría: General

David Barbero

-Pongámonos en situación antes de empezar. Este espectáculo, que es unipersonal y musical, procede del Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz. Y estamos en carnaval. Pueden ser dos elementos que se retroalimentan. Y además hoy se celebran San Valentín.

En el festival gaditano, conviviendo con otras propuestas más experimentales, y tratando de mostrar la variedad de estilos, se presentan piezas más acordes para regocijo del público. Entre estos últimos estaba éste, calificado como  gamberro, con perfume de chirigota, para transitar con soltura y valentía por otros terrenos diferentes de los calificados como líricos y musicales.

‘El bar nuestro de cada día’ es un homenaje intencionado a todos los parroquianos, sabios y entrañables que frecuentan las tabernas de toda la vida y forman parte de ellas como un elemento de su propia idiosincrasia. La acción se desarrolla en el hipotético velatorio de uno de estos personajes, que se llamaba Malandro y constituía un arquetipo de todos ellos.

El protagonista de la ficción  Antonio Romera ‘Chipi’, artista gaditano muy conocido en Andalucía. En ella, nos cuenta anécdotas del difunto que se van interrumpiendo, o más bien alimentando, con canciones. Con todo ello, expone y defiende la filosofía de vida definida como el ’Sur conceptual’.

Lo mejor y lo más original es la parte humorística de la propuesta, donde ‘el Chipi’, acompañado de tres excelentes intérpretes -Javier Galiana de la Rosa (pianista), Bernardo Parrilla (vientos) y David León (percusión), alcanza verdaderas cotas de comunicación con el público, ya predispuesto, mezclando con estilo muy personal elementos del flamenco, del jazz y del pop.

En la obra, Antonio Romera interpreta a un camarero que debe cumplir  la última voluntad del difunto Malandro. Este cliente habitual ha  preferido dejar una fiesta pagada en el bar en lugar de un entierro  convencional. Por esta razón, ‘Chipi’ improvisa una ceremonia especial.  En lugar de un velorio tradicional, convierte el evento en una  celebración de vida para exponer de modo práctico su propia filosofía.

Con la música como hilo conductor, ‘Chipi’ crea en el escenario una liturgia canalla. La puesta en escena combina elementos de una ceremonia  religiosa con una noche de fiesta en un bar. Además, se mezclan poemas,  canciones y monólogos de humor. También incluye reflexiones críticas y  sonidos de vinilos. Todo esto crea una atmósfera que a veces parece  teatro, otras veces concierto o charla entre amigos.

Después de su paso por el Festival teatral de Cádiz, la obra se ha alzado con tres premios Lorca y  también con los galardones principales  en la Feria de teatro andaluza: mejor espectáculo  teatral, mejor actor y mejor música. Merecido lo tienen.

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