David Barbero
-Esta tarde he conocido, en el teatro Barakaldo, a dos cómicas descaradas, diferentes,y eficaces. Se llaman Elena Donzel y Mari Marcos. Forman parte del grupo, o de la compañía o del dúo ‘Las couchers’.
-Lo fundaron durante la todavía reciente pandemia en el año 2021. Eso seguramente imprime carácter. Se dedican al descarado género de teatro auto llamado sanador. Trabajan sobre las preocupaciones y problemas cotidianos. Se basan en las técnicas de clown, en el lenguaje corporal, sobre el concepto de juego y con mucha improvisación, además de un evidente criterio circense.
Su espectáculo, titulado ‘Charlas de azucarillo’, tiene el formato, de charla motivacional. Se muestran como personajes excéntricos, vulnerables y divertidos. El objetivo manifiesto es hacer feliz al público. Desarrollan técnicas hilarantes para conseguir la paz mental y el amor, haciendo participes a los asistentes de dichas técnicas.
Esta obra ha recibido, entre otros, el premio a Mejor Intérprete de Circo de las Artes Escénicas Valencianas y ha estado nominada a Mejor Espectáculo de Circo. Saben que el público ha sido afectado por una sucesión de accidentes en la vida, y le aplican su fórmula cómica curativa. Este remedio es una mezcla entre la posmodernidad y la más antigua tradición, en clave de humor desparramado.
La propuesta juega con personajes excéntricos, vulnerables y divertidos, que hablan de paz mental, amor y felicidad desde un discurso en el que aparecen contradicciones que también resultan curativas además de humorísticas. A través de esa mirada cómica, cuestionan lo agotadora que resulta esa búsqueda de bienestar. Lo hacen desde una puesta en escena que mezcla palabra, presencia física y ritmo teatral acelerado.
Desde el primer momento, el público se convierte en partícipe de lo que vaya a suceder en escena. Las dos actrices son expertas entrenadoras de lo emocional, acompañadas por el invisible aunque presente Salvador, van a mostrar la salida a esas crisis que arrastran todos y todas, pero que no se atreven a reconocer.
Con una comicidad disparatada, se va caminando entre la ironía, el chascarrillo y el chiste fácil, la sátira y el humor de todos los colores. Las dos ‘payasas’ van poniendo al descubierto la fragilidad del ser humano, con su grandeza y su miseria, sus contradicciones, sus deseos, sus sueños y sus fracasos. También van jugando con las exageraciones, las repeticiones, los juegos de palabras, las comparaciones, las metáforas de andar por casa. Desmontan esos universos artificiales de la autoayuda.
Como os decía al principio, éste ha sido el descubrimiento de esta tarde en el Teatro Barakaldo, hasta donde he acudido a presenciar, o participar, en su espectáculo titulado ‘Charlas de azucarillo’. Ha sido un hallazgo gratificante. Y seguramente útil.
¡Ah! Según mis cortos conocimientos de francés, la expresión ‘coucher’ puede tener diversas acepciones. Y no sé con cual quedarme.