Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 8 noviembre 2026 - 12:42 am
Categoría: General

David Barbero

-Esta tarde he conocido, en el teatro Barakaldo, a dos cómicas descaradas, diferentes,y eficaces. Se llaman Elena Donzel y Mari Marcos. Forman parte del grupo, o de la compañía o del dúo ‘Las couchers’.

-Lo fundaron durante la todavía reciente pandemia en el año 2021. Eso seguramente imprime carácter. Se dedican al descarado género de teatro auto llamado sanador. Trabajan sobre las preocupaciones y problemas cotidianos. Se basan en las técnicas de clown, en el lenguaje corporal, sobre el concepto de juego y con mucha improvisación, además de un evidente criterio circense.

Su espectáculo, titulado ‘Charlas de azucarillo’, tiene el formato, de charla motivacional. Se muestran como personajes excéntricos, vulnerables y divertidos. El objetivo manifiesto es hacer feliz al público. Desarrollan técnicas hilarantes para conseguir la paz mental y el amor, haciendo participes a los asistentes de dichas técnicas.

Esta obra ha recibido, entre otros, el premio a Mejor Intérprete de Circo de las Artes Escénicas Valencianas y ha estado nominada a Mejor Espectáculo de Circo. Saben que el público ha sido afectado por una sucesión de accidentes en la vida, y le aplican su fórmula cómica curativa. Este remedio es una mezcla entre la posmodernidad y la más antigua tradición, en clave de humor desparramado.  

La propuesta juega con personajes excéntricos, vulnerables y divertidos, que hablan de paz mental, amor y felicidad desde un discurso en el que aparecen contradicciones que también resultan curativas además de humorísticas. A través de esa mirada cómica, cuestionan lo agotadora que resulta esa búsqueda de bienestar. Lo hacen desde una puesta en escena que mezcla palabra, presencia física y ritmo teatral acelerado.

  Desde el primer momento, el público se convierte en partícipe de lo que vaya a suceder en escena. Las dos actrices son expertas entrenadoras de lo emocional, acompañadas por  el invisible aunque presente Salvador, van a mostrar la salida a esas crisis que arrastran todos y todas, pero que no se atreven a reconocer.

Con una comicidad disparatada, se va caminando entre la ironía, el chascarrillo y el chiste fácil, la sátira y el humor de todos los colores. Las dos ‘payasas’ van poniendo al descubierto la fragilidad del ser humano, con su grandeza y su miseria, sus contradicciones, sus deseos,  sus sueños y sus fracasos. También van jugando con las exageraciones, las repeticiones, los juegos de palabras, las comparaciones, las metáforas de andar por casa. Desmontan esos universos artificiales de la autoayuda.

Como os decía al principio, éste ha sido el descubrimiento de esta tarde en el Teatro Barakaldo, hasta donde he acudido a presenciar, o participar, en su espectáculo titulado ‘Charlas de azucarillo’. Ha sido un hallazgo gratificante. Y seguramente útil.

¡Ah! Según mis cortos conocimientos de francés, la expresión ‘coucher’ puede tener diversas acepciones. Y no sé con cual quedarme.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 6 noviembre 2026 - 11:13 pm
Categoría: General

David Barbero

-Tengo interés en explicaros la situación. Hace casi dos semanas presencié, en el teatro Arriaga, el estreno de la obra de teatro ‘Bizipoza’, escrita en euskera por Patxo Tellería que también realiza la puesta en escena , e interpretada por Olatz Ganboa, Josu Angulo, Jone Irazabal, Itxaso Gil y Aioa Sedano. Tiene música original de Adrián García de los Ojos, y vestuario de Betitxe Saitua.

-Dada mi falta de conocimiento del euskera, pude lograr un conocimiento muy reducido del contenido y las características formales de esta pieza cómica, aparte de aspectos concretos sobre buen buen ritmo, su cuidada interpretación y otras circunstancias más exteriores.

-Esta tarde, he acudido a Pabellón 6 de Bilbao, donde ahora se sigue representando con el mismo texto también en euskera, con la misma dirección y los mismos intérpretes. Yo estaba en una disposición distinta no sólo porque contaba con mi muy escaso conocimiento previo. Sino sobre todo porque he tenido ocasión de leer el texto en castellano de la obra, lo que me ha permitido tener una compresión total y también un disfrute completo. ¡Ah! Debo añadir otra diferencia. En pabellón 6, la distancia entre el público y el escenario es más reducida, lo que también influye en la percepción, aunque no lo parezca.

-Todo esto me ha llevado a la sensación que he expresado ya en título de este comentario de relacionar esta pieza con el buen arte de la comedia que ya había percibido en otras obras de Patxo Tellería e interpretada por estos actores. 

-En el fondo está un juego inteligente de un autor y unos intérpretes con las percepciones y los datos que se van dando sobre la acción. Se basa en ir sorprendiendo, en hacer creer que la acción por un camino, cuando la realidad es muy otra. En el momento en que el espectador se da cuenta e intenta ir por el camino que cree correcto, se le vuelve a ‘engañar’ escénicamente, sorprendiéndole con otra novedad y haciéndole creer que esta ver ha descubierto la verdad de los hechos, hasta que el siguiente giro de la trama le vuelve a sorprender.

-He utilizado el calificativo de inteligente para este engranaje de elementos escénicos, porque todos deben encajar a la perfección, a un ritmo endiablado, sin que existan errores y sobre todo sin que parezca que los hay. Lo importante es que el espectador se mantenga enganchado constantemente ya que en cada descubrimiento sorpresivo, debe arrancar otro interés que mantenga el interés hasta una nueva sorpresa. Y así sucesivamente hasta el momento final.

-Otro elemento fundamental, también usado con habilidad por Tellería, es el lenguaje. Siempre rápido, intencionado, comprensible a la primera, con frases y parlamentos breves. Sin momentos de relajo, sin riesgo de confusión o motivos para distraerse. En todo este ejercicio, importan los contenidos de las expresiones. Pero también la manera de decirlas, especialmente el ritmo. A veces, enfatizando un silencio anterior, para terminar con la palabra deseada y con el tono adecuado para provocar el efecto cómico.

-Todo esto es lo que he percibido en esta hábil pieza cómica que tiene como fondo la persecución de la felicidad y el deseo encontrar satisfacción en la vida propia y en las de los seres cercanos. Para ello, ha habido una conjunción de calidad y esfuerzo, en la misma dirección, de todos los elementos implicados, todavía más visibles en buena sintonía de la autoría, la dirección y la interpretación. En este último aspecto, ya he señalado arriba el buen trabajo realizado por las cuatro actrices y el actor citados. De justicia es reiterarlo.

-Debo insistir en que no sólo lo he percibido yo, sino que todo el público, tanto en el estreno del teatro Arriaga como el que ha acudido a Pabellón 6, ha respondido de modo unánime con sus sonoros y cálidos aplausos.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 3 noviembre 2026 - 11:38 pm
Categoría: General

David Barbero

-He acudido a ver esta obra pensando precisamente en  doble título que incluye esa, por lo menos aparente, contradicción de un pesimismo que sea a la vez alegre y que termine en suicidio. Son los dos títulos que el propio autor,  Henri Roorda,  puso a su texto original. Además respondía a lo que hizo en su vida real. No se quitó la vida dominado por la tristeza o la desesperación, sino por una decisión meditada y racional, aunque también apasionada y llena de rechazo y protesta, ante el destino irremediablemente materialista que auguraba al ser humano y, por ende, a la sociedad.

Desde su concepción, era un relato testimonial, una epístola cínica, un ensayo crít5ico y hasta sarcástico, un autorretrato poético o quizá un experimento literario vanguardista y macabro, que ahora se traslada al escenario para ser vivido de forma más directa. De la interpretación se responsabiliza Mario Gas, quién también ha participado en la dramaturgia en unión con Vicky Peña y Fernando Bernués, que a su vez se ha responsabilizado de la dirección escénica y la escenografía.

El autor era profesor de matemáticas en Suiza y lo escribió como epitafio antes de cometer la promesa: quitarse la vida. En contra de lo que parece en la superficie,  puede entenderse como un canto a la vida digna, sin cuentas pendientes ni reproches a lo vivido, y también como un lúcido análisis humanista sobre la sociedad en la que seguimos viviendo

El suicidio que propone Roorda es un final ético que la sociedad prohíbe. Abre la puerta a una reflexión moral sobre la ancianidad, el irse antes de la enfermedad insoportable, o de las circunstancias de la sociedad capitalista que limitan la dignidad humana. Habla del trabajo como máquinas, de la educación, de la sensualidad, de la previsión social, de la riqueza, y del amor entendido como ternura, para completar su balance también emocional.

El acierto de este planteamiento con su sencilla y bonita propuesta es evitar las proclamas facilonas y superficiales para mantenerse fiel al espíritu vitalista y descreído que tiene el texto, dejando que aflore el ingenio del autor y la belleza literaria que hay en muchas de sus reflexiones. Ese “vitalismo” podría resultar inesperado en alguien que planea quitarse la vida; pero que está inequívocamente presente en el texto original.

El autor, y también el personaje escénico, es un profesor suizo de matemáticas. Escribió ese texto como un epitafio antes de cometer la promesa: quitarse la vida. Muy consciente de las difíciles connotaciones del tema, el suicidio, propone un final ético que la sociedad prohíbe. Es una reflexión moral sobre la ancianidad, el irse antes de la enfermedad insoportable, o de las circunstancias imposibles.

Fernando Bernués está a cargo de la dirección de esta producción en la que ya trabajaron juntos él y Gas con Tanttaka Teatroa en el año 2002. Más de veinte años después, vuelven sobre esta obra. 

En la interpretación de Mario Gas, destaca su contención cercana al tono académico, carente de emoción, planteado y ejecutado con innegable corrección, demostrando las cualidades que ha ejercitado en su prolongada carrera con actor, unida a la quizá más reconocida labor como director de escena.

Desde luego no seré yo quien tenga la osadía de discrepar de los planteamientos escénicos de los profesionales tan cualificados y reconocidos como los que intervienen y han preparado este montaje. Pero sí que diré que yo había imaginado a este personaje no tan correcto ni tan contenido sino con más fuerza emotiva, con más pasión y hasta con un punto de rebeldía y de denuncia en la toma de esa decisión tan radical. Sin embargo, acepto aquel dicho de que doctores existen y saben lo que debe hacerse. 

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 1 noviembre 2026 - 1:37 am
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David Barbero

-He querido hacer un juego de palabras en el título de este comentario. Pero me parece que no he expresado todo lo que deseaba. He querido decir que la novedosa y excelente pieza titulada ‘El entusiasmo’, escrita y dirigida por Pablo Remón, ha servido para poner en marcha, de nuevo, el Teatro Barakaldo, después de las reformas realizadas y las incorporaciones técnicas, con un también excelente resultado.

-He calificado de novedosa la pieza, producida por la compañía Kamikaze y presentada inicialmente en el Centro Dramático Nacional de Madrid, porque previamente había leído que requería una atención muy espacial dada su curiosa estructura y su construcción singular. He añadido la valoración de excelente, por su buen planteamiento, su originalidad en el desarrollo, su visión crítica y su acertada simbología, además de cuidada y expresiva interpretación. Por poner una pega, señalaré su alargada duración, por innecesaria y por las alabanzas que siempre se han hecho a lo bueno si breve.

Es un montaje técnicamente complejo, en el que desmenuza cómo varios personajes que están atravesando la cuarentena, buscan casi obsesivamente la forma de recobrar cierto pulso vital a través de la ficción, un entusiasmo perdido a la vez que censura con ironía y eficacia diversos comportamientos generalizados.

El espectáculo, interpretado por unos estupendos Francesco Carril, Natalia Hernández, Raúl Prieto y Marina Sala, está lleno de humor, ironía, imaginación y hasta sarcasmo tanto en su desarrollo escénico como en las referencias de carácter cultural social si sin que falten alusiones reconocibles a la vida cotidiana.

Toni es un profesor universitario que publicó un libro de relatos con poco éxito. Ahora anda empeñado en escribir una novela, con una fuerza simbólica importante, pero pasan los días y no avanza, también como metáfora vital. Se adorna con citas ingeniosas a filósofos o literatos, como eficaz fórmula para fortalecer la comicidad. Otro tanto le sucede a Olivia, su mujer, periodista, madre de 2 hijos cuya vida atraviesa también un importante grado de monotonía y desesperanza y la misma falta de entusiasmo. 

Paralelamente aparece otra pareja formada por una chica catorceañera que se enamora de un chaval de la misma edad.  Junto a ellos, existen otros personajes que son los hijos, los padres, el psicólogo, la florista, la amante o el hermano. Todos ellos protagonizan historias que se entrecruzan para completar el objetivo de simbolizar a toda sociedad.

La escenografía representa un espacio minimalista y móvil formado por bloques, que irá multiplicándose a lo largo de la función.  La iluminación colabora en acentuar el espíritu humorístico, crítico e irónico de la historia.

En su conjunto, ‘El entusiasmo’ es una función donde todo está bien diseñado de modo coherente para que todas las piezas encajen y caminen en la misma dirección. La crisis de los 40, el matrimonio, la maternidad/paternidad, la búsqueda de sentido, la vida misma y compleja a la vez se convierten en territorios sobre lo que aplicar la lupa de un agudo análisis, que, aunque Remón recurra a la narración meta-teatral, su viaje termina incidiendo en la realidad cercana e identificable.

Creo que antes ya ha quedado claro que el trabajo de interpretación de los dos actores y las dos actrices ha sido excelente. Pero es de justicia reiterarlo, dado su indudable mérito. Así lo ha reconocido con sus entusiastas aplausos el numeroso público que ha asistido a esta reinauguración del teatro Barakaldo.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 31 octubre 2026 - 12:40 am
Categoría: General

David Barbero

-Soy consciente de que no he dicho nada original en el título de este comentario. De todos es conocido que la obra ‘Panorama desde el puente’ fue escrita y estrenada por el reconocido autor norteamericano Arthur Miller a mediados del siglo pasado.

-Sin embargo, lo he puesto porque es lo que pensaba al acudir al teatro Arriaga de Bilbao esta tarde para ver esta representación. Me iba preguntando con curiosidad por qué motivo se había hecho esta versión y los criterios para elegirla entre otras muchas obras conocidas o desechando otras piezas de actualidad.

-Antes de entrar en el teatro, me he creado la esperanza subjetiva de que era posible que hubieran realizado algún tipo de adaptación que acercara el texto a los tiempos presentes. Esa misma esperanza se me ha fortalecido, al comprobar que el aforo del teatro estaba completamente lleno como en los destacados acontecimientos escénicos.

La acción se sitúa en Brooklyn, el barrio de Nueva York, que da nombre al famoso puente al que alude el título. Tiene lugar también durante los años 50 del siglo pasado. Presenta a un trío de personajes protagonistas en torno al cual se desata el drama. Se trata de un estibador del puerto, oscuro, y algo bruto, que vive con su esposa y su sobrina. Su vida ordenada se ve alterada con la llegada a la casa de dos inmigrantes ilegales, también italianos, parientes lejanos. Su llegada desata tensiones crecientes sobre todo por el romance con la sobrina de uno de los recién llegados. La denuncia que formula el tío para vengarse, por celos, de quién le ha arrebatarle el corazón de su sobrina, desata la tragedia sentimental, con el conflicto añadido de la situación irregular de los recién llegados sin la documentación exigida.

Expongo así el conocido argumento para señalar que no ha existido ningún de acercar la pieza a los momentos actuales, sino presentarla en su estado original. Eduardo Galán firma esta versión que respeta el original, en su totalidad e intención. Javier Molina, estadounidense nacido en Puerto Rico, y codirector artístico del ‘Actors Studio’, dirige la obra con esa misma orientación, aunque introduce algunas proyecciones, en directo, además de romper la ‘cuarta pared’ en algunas ocasiones. Elisa Sanz diseña una escenografía con distintas alturas que muestra los diversos espacios. También hay que señalar la adecuada aportación de Nicolás Fischtel en iluminación y de Emilio Sosa en vestuario.

Entre las interpretaciones destaca la sobriedad de María Adánez al recrear a la esposa y la entrega de José Luis García-Pérez al mostrar el conflicto interior que vive su personaje. Ana Garcés aporta frescura a su rol como la sobrina.

Por los sinceros, unánimes y sonoros aplausos del numeroso público, es preciso deducir que su objetivo y su preferencia no era ese acercamiento a los tiempos actuales expuesto por mi, sino participar de la perfecta estructura dramática creada por Arthur Miller y la trabajada interpretación desarrollada por el numeroso elenco.

(Añado, entre paréntesis, una referencia colateral referida al sonido. En la actualidad, en casi todas las representaciones teatrales, los intérpretes van ‘microfonados’, con el fin de que su voz llegue a todos los espectadores. Para que ese objetivo se logre y, además, para que no se deformen los diferentes tonos dramáticos, es necesario realizarlo con gran cuidado técnico, lo que no siempre sucede.)

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