David Barbero
-Acabo de venir del Teatro Arriaga de Bilbao donde he completado una interesante vivencia teatral. Allí he asistido al estreno, en euskera, de la obra ‘Kandida’, escrita y dirigida por el infatigable Patxo Tellería. Y he experimentado otra vez la grandeza del teatro
Voy a dar más nombres de personas intervinientes en este acontecimiento. Los diferentes personajes han estado interpretados por dos actrices, Miren Gastañaga y Nerea Mazo, y un actor, Mikel Martínez. Quisiera llamar la atención en que no he precisado el número de personajes que se mueven en la acción.
Otros nombres destacados. Adrián García de los Ojos es el responsable de la música y de todo el mundo sonoro, en unión de Borja Arbaiza. Ikerne Giménez ha diseñado la escenografía como un totem en forma de libro, y el vestuario. Ambos aspectos tienen notable influencia en el desarrollo. Los audiovisuales y las grabaciones, que también la tienen, son obra de Jone Novo.
Ah! Un aspecto decisivo para explicar mi vivencia personal es que, siendo la representación en euskera, había tenido la oportunidad de una lectura previa del texto en castellano, a causa de mis limitaciones lingüísticas.
Para mí, la vivencia ha comenzado con esa lectura atenta y curiosa donde he encontrado un inteligente, hábil y muy trabajado juego de identidades personales. Con abundantes cambios de puntos de vista, matizaciones psicológicas e interpretaciones diferentes de matices decisivos.
Todos esos datos me han provocado giros y han aumentado los puntos de vista,ç. Me han obligado a estar todavía más atento a los detalles a la vez que asumía la visión de una realidad múltiple, cambiante y compleja.
He dedicado adjetivos positivos a ese juego móvil de identidades. Lo mismo debo decir de los límites inseparables entre la ficción y la realidad. Entre la verdad y lo que no es tanto.
Quiero tener un cuidado especial en no hacer ningún spoiler, ya que también he sentido una clara intención de construir una narración de intriga, con sorpresas intermedias y un final inesperado unido a la intención manipuladora por parte de uno de los personajes, en el campo del ejercicio literario y sus estrategias. Sobre todo las comerciales.
Con esa vivencia interiorizada he acudido, esta tarde, al teatro Arriaga para asistir al estreno. Con idéntica atención y curiosidad. Pero con diferente resultado. Resulta que la impresión o la lectura de la astuta manipulación comercial se me ha impuesto por encima del juego de las identidades. Con tal intensidad, que ha resultado como otra interpretación.
Creo que no debo decir nada más, por el peligro de descubrir lo que no se debe. Ah! En toda esta estructura de elementos y matices también ha aparecido una oculta historia de amor. Y una cosa más a tener en cuenta en ambos lados. La dudosa contribución de las redes sociales.
Todas estas cosas dichas o sugeridas puede parecer que se refieren a los aspectos del contenido. Sería un error llegar a esa conclusión. Para sostener este milimétrico ‘tinglado’ de matices, elementos y juegos, hace falta, quizá más en la representación, una maquinaria de relojería en la que todas la piezas encajen a la perfección.
Al comienzo de este comentario he señalado la lista de los principales responsables, sabiendo que es incompleta. A Patxo Tellería, le corresponde una muy buena parte del mérito. Tampoco sorprenderá a quieres le conocen. Junto a la maestría en la escritura teatral y a la carpintería escénica, hay que alabar que, teniendo todo demostrado, mantenga la valentía de afrontar nuevos retos estimulantes.
El trabajo de los tres intérpretes, Miren Gastañaga, Nerea Mazo y Mikel Martínez, es de admirar por el encaje de bolillos que piden esos personajes y esas situaciones. Si hay alguien que no suele dar la importancia merecida a música o a todo el sonido, en esta ocasión no tendrá más remedio que hacerlo. Lo mismo que a la escenografía o al vestuario. Y no te digo nada de la labor que se le pide al espectador.
Por mi parte, añadiré sólo que ya estoy pensando en pasar de Kandida, con K, a Cándida, con C, para revivir la aventura, cuando se represente en castellano.