Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 18 febrero 2026 - 1:08 am
Categoría: General

David Barbero

-He acudido esta tarde al palacio Euskalduna de Bilbao, para ver la opera de Gaetano Donizetti ‘María Stuarda’ con gran curiosidad. Entre los motivos de esa expectación figuraba la excelente composición musical del maestro italiano. El gran atractivo de las interpretes protagonistas. La calidad demostrada de los directores de la orquesta y de las escena. Sin olvidarme de la orquesta de Euskadi y del Coro de ópera de Bilbao.

Pero reconozco que potenciaba esa curiosidad el deseo de presenciar uno de los enfrentamientos dramáticos más potentes, el que aquí se vive entre las reinas María de Escocia, católica,  e Isabel de Inglaterra, anglicana. Incluso me atraía hasta el morbo de los problemas creados por este enfrentamiento en las representaciones de esta ópera, desde el principio, con prohibiciones y peleas entre artistas. 

Hoy tenía lugar la segunda representación de este títuylo en la temporada número 74 de la ABAO Bilbao Opera. Es el segundo título de la trilogía de las soberanas de Gaetano Donizetti.

Se considera un espectáculo ideal para el lucimiento vocal y para la exhibición de las cualidades interpretativas como actrices de las protagonistas. El elenco ha estado encabezado por la soprano Yolanda Auyanet, quien encarna a la compleja y sufrida reina escocesa, uno de los papeles más exigentes del repertorio belcantista. Frente a ella, la mezzosoprano Maria Barakova daba vida a una implacable Elisabetta. Mientras que el tenor Filip Filipović interpreta al apasionado y pacificador Leicester.

La dirección musical ha corrido a cargo del maestro mexicano Iván López-Reynoso, al frente de la Euskadiko Orkestra, con una partitura de gran riqueza orquestal y complejidad expresiva.La dirección de escena  es de Emilio López. El montaje, coproducido por ABAO Bilbao Opera y la Ópera de Oviedo, se ha estrenado en Bilbao.  

Ya he adelantado que la trama  narra el dramático enfrentamiento entre dos reinas rivales: Maria Estuardo, católica y reina de Escocia, y su prima Isabel I, protestante y reina de Inglaterra. Esta disputa dinástica sucedió realmente en la historia de estos países. Pero en este drama, se añaden detalles para que el dramatismo alcance tonos más espectaculares

La reina escocesa, prisionera de la inglesa, se ve envuelta en una tragedia marcada por la lucha de poder, la religión y el amor, con el conde de Leicester como figura clave entre ambas. El célebre enfrentamiento verbal, en la obra, culmina con insultos directos, en el grito de “¡Vil bastarda!”, y por discrepancias de intereses, a pesar de su parentesco, que se convierte en el detonante de la condena final de María por la acusación de traición.

Diré, desde el principio, que la primera mitad de la representación ha colmado todas mis curiosidades. E incluso las ha superado. En esa satisfacción incluyo a las intérpretes, las direcciones de música y escena, a la estimulante escenografía con referencias al ajedrez. En todas las escenas, ha habido dinamismo, fuerza, intriga, potencia, atracción, belleza, ritmo, atractivos musicales, visuales e interpretativos. Incluso se pueden añadir referencias positivas.

Pero resulta que el libreto, al comienzo de la segunda parte, coloca el clímax, la resolución del conflicto, la decisión final del argumento. Y a partir de ese momento, ya no sucede nada en lo referente a la acción. Sólo los lamentos y las quejas previas a la ejecución, durante la mitad del espectáculo.

Sigue la música y las arias, con todas sus muy elevadas cualidades. Pero ya no hay acción, ni intriga ni enfrentamientos. Con lo cual se ha reducido, para mí, esa parte correspondiente a la curiosidad inicial. No es necesario aclarar que han continuado los otros muchos atractivos que incluye el elevado arte de la ópera. Deseo insistir especialmente en ello,  para dejar clara mi valoración artística global de lo que he visto y oído.

Debo, además, añadir que los aplausos finales han sido especialmente generosos y expresivos en el reconocimiento de los méritos de todos los participantes.   

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 15 febrero 2026 - 12:37 am
Categoría: General

David Barbero

-Pongámonos en situación antes de empezar. Este espectáculo, que es unipersonal y musical, procede del Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz. Y estamos en carnaval. Pueden ser dos elementos que se retroalimentan. Y además hoy se celebran San Valentín.

En el festival gaditano, conviviendo con otras propuestas más experimentales, y tratando de mostrar la variedad de estilos, se presentan piezas más acordes para regocijo del público. Entre estos últimos estaba éste, calificado como  gamberro, con perfume de chirigota, para transitar con soltura y valentía por otros terrenos diferentes de los calificados como líricos y musicales.

‘El bar nuestro de cada día’ es un homenaje intencionado a todos los parroquianos, sabios y entrañables que frecuentan las tabernas de toda la vida y forman parte de ellas como un elemento de su propia idiosincrasia. La acción se desarrolla en el hipotético velatorio de uno de estos personajes, que se llamaba Malandro y constituía un arquetipo de todos ellos.

El protagonista de la ficción  Antonio Romera ‘Chipi’, artista gaditano muy conocido en Andalucía. En ella, nos cuenta anécdotas del difunto que se van interrumpiendo, o más bien alimentando, con canciones. Con todo ello, expone y defiende la filosofía de vida definida como el ’Sur conceptual’.

Lo mejor y lo más original es la parte humorística de la propuesta, donde ‘el Chipi’, acompañado de tres excelentes intérpretes -Javier Galiana de la Rosa (pianista), Bernardo Parrilla (vientos) y David León (percusión), alcanza verdaderas cotas de comunicación con el público, ya predispuesto, mezclando con estilo muy personal elementos del flamenco, del jazz y del pop.

En la obra, Antonio Romera interpreta a un camarero que debe cumplir  la última voluntad del difunto Malandro. Este cliente habitual ha  preferido dejar una fiesta pagada en el bar en lugar de un entierro  convencional. Por esta razón, ‘Chipi’ improvisa una ceremonia especial.  En lugar de un velorio tradicional, convierte el evento en una  celebración de vida para exponer de modo práctico su propia filosofía.

Con la música como hilo conductor, ‘Chipi’ crea en el escenario una liturgia canalla. La puesta en escena combina elementos de una ceremonia  religiosa con una noche de fiesta en un bar. Además, se mezclan poemas,  canciones y monólogos de humor. También incluye reflexiones críticas y  sonidos de vinilos. Todo esto crea una atmósfera que a veces parece  teatro, otras veces concierto o charla entre amigos.

Después de su paso por el Festival teatral de Cádiz, la obra se ha alzado con tres premios Lorca y  también con los galardones principales  en la Feria de teatro andaluza: mejor espectáculo  teatral, mejor actor y mejor música. Merecido lo tienen.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 14 febrero 2026 - 12:35 am
Categoría: General

David Barbero

-La verdad es que he estado esperando, sin noticias pero con gran curiosidad, cuál sería el nuevo espectáculo de la compañía Pont Flotant, dado el extraordinario buen sabor dejado en los anteriores. La sorpresa ha sido colmada por la originalidad, la valentía y la calidad del tratamiento, al presenciar esta tarde su última pieza, ‘Adolescencia infinita’, en la sala BBK de la Gran vía bilbaína.

-También por esa razón, me ha sorprendido que la sala no estuviera completamente llena.  No hace todavía tres años que ese mismo escenario se representó su pieza anterior, de extraordinaria calidad, ‘Eclipse total’. Que ha recibido numerosos premios.

El tema  de ‘Adolescencia infinita’ es interesante, de importancia, serio, delicado, ocurrente, arriesgado y muchas cosas más. Con el añadido de estar realizado y escenificado con originalidad, calidad, delicadeza, sentido del humor y otras varias cualidades. Los adolescente. La importante etapa de la vida por la que todos hemos pasado. Ahora pasan otros. Y habrá quien la pase más tarde.

La pieza propone  un viaje hacia la propia adolescencia y un intento de aproximación a la adolescencia de hijos,  nietos,  y otros parientes, vecinos o conocidos.

El minucioso, alegre y natural texto de este atractivo y profundo espectáculo lo firman Joan Collado, Jesús Muñoz y Pau Pons. En la interpretación, figuran Joana Alfonso, Yolanda García, Jesús Muñoz y Javi Vega. En todo ello, destaca la naturalidad, la sencillez, a la vez que la profundidad, la multiplicidad de puntos de vista  y la cercanía con que son capaces de impresionar, emocionar y sorprender al público.

Las herramientas que los miembros de Pont Flotant  utilizan son la ironía, el humor, la delicadeza, la empatía y una mirada llena de  comprensión hacia esa etapa convulsa, necesariamente peligrosa e imprescindible para acabar conformando nuestra personalidad a base de aciertos y errores., de esperanzas y contradicciones.

Con una estética de síntesis entre luces y sombras, rodeados de muñecos que representan a otros tantos adolescentes con sus pantalones modernos, deportivas y sudaderas con capucha de tonos grises, tres adultos se juntan inicialmente para recordar sus tiempos de instituto, los motes de los colegas, las aventuras reales o inventadas, terminar tratando de empatizar con los que han venido después.

Milimétricos y muy cuidados los han estado también los trabajos de escenografía y vestuario de Joan Collado; el de iluminación, diseñado por Marc Gonzalo; el espacio sonoro de Adolfo García, autor también de la composición musical junto a Javi Vega r la asesoría artística de Fermín Jiménez.

El montaje puede ser recomendable para disfrutarlo en familia. A ver si así se establece complicidad y mutua comprensión generacional. En ‘Adolescencia infinita’, desde luego, están todas las claves para que así sea.

La obra no se desarrolla con  una narrativa lineal, sino que son fragmentos de diferentes historias de distintos adolescentes que pertenecen al mismo universo. La quedada para ir a una discoteca, de nombre intencionado y simbólico, es el eje vertebrador para explicar cuatro historias muy diferentes entre sí.

La pieza plantea una serie de cuestiones que muestran cómo cada nueva generación está conectada con las anteriores y las siguientes. Con una mirada humorística y con tono irónico en algunos momentos, esta propuesta invita pensar en la pubertad actual, pero también en cómo los protagonistas fueron también jóvenes y cómo vivieron esos años empujando emocionalmente al público a la misma reflexión.

La inteligente estrategia del humor sirve para enlazar las historias gracias también a la versátil rapidez de sus polifacéticos actores protagonistas. El resultado es una obra que combina de forma equilibrada la mirada más cercana al entretenimiento con el enfoque reflexivo que lo otorgan las situaciones dramáticas.

La compañía Pont Flotant ha demostrado otra vez ser única a la hora de reflexionar sobre los momentos vitales del ser humano. Quienes han dejado pasar esta ‘Adolescencia infinita’, es posible recuperarla, estando atento a las programaciones. Mas o menos como la vida misma.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 13 febrero 2026 - 12:59 am
Categoría: General

David Barbero

-Reconozco que, desde joven, he sentido debilidad por Bertold Brecht, por su actitud personal y su calidad teatral. Así que tendré dificultades para ser objetivo. He acudido esta tarde al teatro Arriaga de Bilbao para ver el nuevo montaje de ‘La ópera de tres centavos’ de Bertold Brecht y Kurt Weill con varias curiosidades y expectaciones.

-Precisaré cuál era mi curiosidad más concreta. Esta obra se estrenó en 1928. Es decir, hace casi un siglo. Eran tiempos complejos, conflictivos y controvertidos. La obra respondía, de forma militante, a esos hechos y a esas circunstancias. Deseaba yo comprobar si ahora la pieza respondía también y con la misma exactitud, a lo que está sucediendo en este momento. Creo que vivimos incluso en tiempos, por lo menos, tan complejos y conflictivos. 

Esta versión está protagonizada por el cantante y actor Coque Malla en el papel principal de Mackie Navaja. Bajo la batuta escénica del canario Mario Vega y con dirección musical de Miguel Malla, su hermano. El espectáculo fusiona teatro hablado, de Brecht. con música, De Weill, en directo ejecutada por un octeto sobre el escenario, creando una atmósfera híbrida que mezcla jazz, cabaret y sonidos clásicos con ironía y sátira social.

La escenografía, basada en grandes estructuras modulares de madera se decanta por una estética que oscila entre lo grotesco y el simbólico. Es una apuesta consciente por el distanciamiento brechtiano. Tiene como objetivo obligar al espectador a pensar, reflexionar y, sobre todo, interrogarse por la realidad que tiene ante sus ojos. En esa misma línea van las rupturas constantes de la cuarta pared por parte de los intérpretes.

El montaje mantiene un ritmo dinámico y desafiante, donde el humor negro se entrelaza con una crítica a la sociedad capitalista y a las estrategias oportunistas del poder. Las de entonces y las de ahora, quizá todavía más agudizadas y descarnadas en la desigualdad y la deshumanización social actual.

Soy consciente de que no he respondido a la curiosidad sobre si este montaje de ‘La ópera de tres centavos’, y la obra en sí misma, siguen vigenten, a mi juicio,  como denuncia y crítica de la actual deriva del capitalismo galopante. Es que, en realidad, en este momento, yo tampoco lo tengo claro. Debo pensarlo más detenidamente.

Lo mismo me pasa con otra de las curiosidades que llevaba al acudir esta tarde al teatro. Versaba sobre si  la técnica teatral de Bertold Brecht, y su famoso distanciamiento, continúan teniendo vigor en la actualidad. Tampoco lo tengo claro. Debo dar unas cuantas vueltas más en mi coco oxidado.

También soy consciente de que posiblemente esto os decepcione a algunos de vosotros. Pero es la realidad. Y no deseo frivolizar. Menos todavía con alguien, que os he presentado como una de mis debilidades.

Añadiré únicamente que el resto del reparto, muy conjuntado, lo completan intérpretes como Omar Calicchio, Andrea Guasch, Paula Iwasaki y Carmen Barrantes. Han realizado un meticuloso trabajo. El público ha llenado el aforo del Teatro Arriaga, y al finalizar el espectáculo lo ha agradecido con amplios aplausos.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 8 febrero 2026 - 11:32 pm
Categoría: General

David Barbero

-Creo que me van dominando las costumbres. Cuando asisto a espectáculos de danza contemporánea o simulares, me propongo estar muy concentrado y atento con el fin de captar su significado, su intención o su trasfondo emocional. Y debo decir que, en ocasiones, no lo logro, a pesar de que, después, suelo reflexionar sobre ellos.

-Esta tarde ha acudido a la sala La Fundición a ver la pieza multidisciplinar titulada ‘ (Des)aparecer’. La creación, la dirección y la interpretación están firmadas por Lucía Marote. Tiene el acompañamiento artístico de  Violeta Gil con la asistencia a la coreografía de Poliana Lima. Entre las colaboraciones se cita al Centro Coreográfico María Pagés, a la Faktoria Choreographic Center y al Colectivo Glovo y MIHL, entre otros. Todos de notable prestigio.

Para mi análisis acostumbrado,  esta vez, he contado con una idea expresada por la autora. ‘Veo imágenes del universo y algo pasa por mi cuerpo. Me atrae el cosmos, no porque quiera ir a sus confines, mucho menos soñar con conquistarlo’.

Me he preocupado de conocer a la impulsora de la pieza en todos los aspectos. Lucía Marote, nacida en Costa Rica,  es bailarina, coreógrafa y docente de danza contemporánea afincada en Madrid. Su trabajo se nutre de investigaciones constantes sobre el cuerpo como vehículo poético, intuitivo y relacional.

Tiene una cuidada trayectoria. Desde su primer solo El Pie (2012), ha desarrollado una obra escénica que incluye piezas como ‘Anatomía del sentimiento’, ‘Ella’, ‘El ojo del huracán’ y la que ahora presenta ‘(des)aparecer’. Su obra ha sido presentada en locales y entidades de prestigio.

En los últimos años, ha desarrollado una línea de investigación en torno al vídeo como herramienta coreográfica y el acto de grabar como práctica corporal y relacional, así como las posibilidades compositivas del montaje, lo que se nota especialmente en esta composición.

He indicado que ha ejercido y ejerce como docente en numerosos centros y festivales. Su enfoque pedagógico combina aspectos técnicos con una escucha activa del cuerpo y del espacio, y un trabajo sobre la atención, la presencia y la relación entre personas. Incluso debo añadir que compagina estas actividades con la práctica y enseñanza del Yoga Iyengar.

La pieza, ‘(Des)aparecer’, en la que destacan las proyecciones y juegos visuales, parte de los conceptos de vulnerabilidad, asombro y entrega en nuestra condición como humanas y se articula como un acercamiento personal y desde el cuerpo al cine, tomando la ciencia ficción como camino o búsqueda para conciliar nuestra convivencia con lo inexplicable.

Esta investigación se apoya en la exploración de las posibilidades de la interacción coreográfica y la plástica entre cuerpo, la cámara у la proyección de vídeos, generando una fusión en la que todos los elementos se relacionan entre sí y dan lugar a una plasticidad que vincula estéticamente la imagen y el movimiento.

Así que ya veis que esta he conseguido un buen ‘material’ para la reflexión que voy a iniciar ahora.

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