Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 3 noviembre 2026 - 11:38 pm
Categoría: General

David Barbero

-He acudido a ver esta obra pensando precisamente en  doble título que incluye esa, por lo menos aparente, contradicción de un pesimismo que sea a la vez alegre y que termine en suicidio. Son los dos títulos que el propio autor,  Henri Roorda,  puso a su texto original. Además respondía a lo que hizo en su vida real. No se quitó la vida dominado por la tristeza o la desesperación, sino por una decisión meditada y racional, aunque también apasionada y llena de rechazo y protesta, ante el destino irremediablemente materialista que auguraba al ser humano y, por ende, a la sociedad.

Desde su concepción, era un relato testimonial, una epístola cínica, un ensayo crít5ico y hasta sarcástico, un autorretrato poético o quizá un experimento literario vanguardista y macabro, que ahora se traslada al escenario para ser vivido de forma más directa. De la interpretación se responsabiliza Mario Gas, quién también ha participado en la dramaturgia en unión con Vicky Peña y Fernando Bernués, que a su vez se ha responsabilizado de la dirección escénica y la escenografía.

El autor era profesor de matemáticas en Suiza y lo escribió como epitafio antes de cometer la promesa: quitarse la vida. En contra de lo que parece en la superficie,  puede entenderse como un canto a la vida digna, sin cuentas pendientes ni reproches a lo vivido, y también como un lúcido análisis humanista sobre la sociedad en la que seguimos viviendo

El suicidio que propone Roorda es un final ético que la sociedad prohíbe. Abre la puerta a una reflexión moral sobre la ancianidad, el irse antes de la enfermedad insoportable, o de las circunstancias de la sociedad capitalista que limitan la dignidad humana. Habla del trabajo como máquinas, de la educación, de la sensualidad, de la previsión social, de la riqueza, y del amor entendido como ternura, para completar su balance también emocional.

El acierto de este planteamiento con su sencilla y bonita propuesta es evitar las proclamas facilonas y superficiales para mantenerse fiel al espíritu vitalista y descreído que tiene el texto, dejando que aflore el ingenio del autor y la belleza literaria que hay en muchas de sus reflexiones. Ese “vitalismo” podría resultar inesperado en alguien que planea quitarse la vida; pero que está inequívocamente presente en el texto original.

El autor, y también el personaje escénico, es un profesor suizo de matemáticas. Escribió ese texto como un epitafio antes de cometer la promesa: quitarse la vida. Muy consciente de las difíciles connotaciones del tema, el suicidio, propone un final ético que la sociedad prohíbe. Es una reflexión moral sobre la ancianidad, el irse antes de la enfermedad insoportable, o de las circunstancias imposibles.

Fernando Bernués está a cargo de la dirección de esta producción en la que ya trabajaron juntos él y Gas con Tanttaka Teatroa en el año 2002. Más de veinte años después, vuelven sobre esta obra. 

En la interpretación de Mario Gas, destaca su contención cercana al tono académico, carente de emoción, planteado y ejecutado con innegable corrección, demostrando las cualidades que ha ejercitado en su prolongada carrera con actor, unida a la quizá más reconocida labor como director de escena.

Desde luego no seré yo quien tenga la osadía de discrepar de los planteamientos escénicos de los profesionales tan cualificados y reconocidos como los que intervienen y han preparado este montaje. Pero sí que diré que yo había imaginado a este personaje no tan correcto ni tan contenido sino con más fuerza emotiva, con más pasión y hasta con un punto de rebeldía y de denuncia en la toma de esa decisión tan radical. Sin embargo, acepto aquel dicho de que doctores existen y saben lo que debe hacerse. 

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 1 noviembre 2026 - 1:37 am
Categoría: General

David Barbero

-He querido hacer un juego de palabras en el título de este comentario. Pero me parece que no he expresado todo lo que deseaba. He querido decir que la novedosa y excelente pieza titulada ‘El entusiasmo’, escrita y dirigida por Pablo Remón, ha servido para poner en marcha, de nuevo, el Teatro Barakaldo, después de las reformas realizadas y las incorporaciones técnicas, con un también excelente resultado.

-He calificado de novedosa la pieza, producida por la compañía Kamikaze y presentada inicialmente en el Centro Dramático Nacional de Madrid, porque previamente había leído que requería una atención muy espacial dada su curiosa estructura y su construcción singular. He añadido la valoración de excelente, por su buen planteamiento, su originalidad en el desarrollo, su visión crítica y su acertada simbología, además de cuidada y expresiva interpretación. Por poner una pega, señalaré su alargada duración, por innecesaria y por las alabanzas que siempre se han hecho a lo bueno si breve.

Es un montaje técnicamente complejo, en el que desmenuza cómo varios personajes que están atravesando la cuarentena, buscan casi obsesivamente la forma de recobrar cierto pulso vital a través de la ficción, un entusiasmo perdido a la vez que censura con ironía y eficacia diversos comportamientos generalizados.

El espectáculo, interpretado por unos estupendos Francesco Carril, Natalia Hernández, Raúl Prieto y Marina Sala, está lleno de humor, ironía, imaginación y hasta sarcasmo tanto en su desarrollo escénico como en las referencias de carácter cultural social si sin que falten alusiones reconocibles a la vida cotidiana.

Toni es un profesor universitario que publicó un libro de relatos con poco éxito. Ahora anda empeñado en escribir una novela, con una fuerza simbólica importante, pero pasan los días y no avanza, también como metáfora vital. Se adorna con citas ingeniosas a filósofos o literatos, como eficaz fórmula para fortalecer la comicidad. Otro tanto le sucede a Olivia, su mujer, periodista, madre de 2 hijos cuya vida atraviesa también un importante grado de monotonía y desesperanza y la misma falta de entusiasmo. 

Paralelamente aparece otra pareja formada por una chica catorceañera que se enamora de un chaval de la misma edad.  Junto a ellos, existen otros personajes que son los hijos, los padres, el psicólogo, la florista, la amante o el hermano. Todos ellos protagonizan historias que se entrecruzan para completar el objetivo de simbolizar a toda sociedad.

La escenografía representa un espacio minimalista y móvil formado por bloques, que irá multiplicándose a lo largo de la función.  La iluminación colabora en acentuar el espíritu humorístico, crítico e irónico de la historia.

En su conjunto, ‘El entusiasmo’ es una función donde todo está bien diseñado de modo coherente para que todas las piezas encajen y caminen en la misma dirección. La crisis de los 40, el matrimonio, la maternidad/paternidad, la búsqueda de sentido, la vida misma y compleja a la vez se convierten en territorios sobre lo que aplicar la lupa de un agudo análisis, que, aunque Remón recurra a la narración meta-teatral, su viaje termina incidiendo en la realidad cercana e identificable.

Creo que antes ya ha quedado claro que el trabajo de interpretación de los dos actores y las dos actrices ha sido excelente. Pero es de justicia reiterarlo, dado su indudable mérito. Así lo ha reconocido con sus entusiastas aplausos el numeroso público que ha asistido a esta reinauguración del teatro Barakaldo.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 31 octubre 2026 - 12:40 am
Categoría: General

David Barbero

-Soy consciente de que no he dicho nada original en el título de este comentario. De todos es conocido que la obra ‘Panorama desde el puente’ fue escrita y estrenada por el reconocido autor norteamericano Arthur Miller a mediados del siglo pasado.

-Sin embargo, lo he puesto porque es lo que pensaba al acudir al teatro Arriaga de Bilbao esta tarde para ver esta representación. Me iba preguntando con curiosidad por qué motivo se había hecho esta versión y los criterios para elegirla entre otras muchas obras conocidas o desechando otras piezas de actualidad.

-Antes de entrar en el teatro, me he creado la esperanza subjetiva de que era posible que hubieran realizado algún tipo de adaptación que acercara el texto a los tiempos presentes. Esa misma esperanza se me ha fortalecido, al comprobar que el aforo del teatro estaba completamente lleno como en los destacados acontecimientos escénicos.

La acción se sitúa en Brooklyn, el barrio de Nueva York, que da nombre al famoso puente al que alude el título. Tiene lugar también durante los años 50 del siglo pasado. Presenta a un trío de personajes protagonistas en torno al cual se desata el drama. Se trata de un estibador del puerto, oscuro, y algo bruto, que vive con su esposa y su sobrina. Su vida ordenada se ve alterada con la llegada a la casa de dos inmigrantes ilegales, también italianos, parientes lejanos. Su llegada desata tensiones crecientes sobre todo por el romance con la sobrina de uno de los recién llegados. La denuncia que formula el tío para vengarse, por celos, de quién le ha arrebatarle el corazón de su sobrina, desata la tragedia sentimental, con el conflicto añadido de la situación irregular de los recién llegados sin la documentación exigida.

Expongo así el conocido argumento para señalar que no ha existido ningún de acercar la pieza a los momentos actuales, sino presentarla en su estado original. Eduardo Galán firma esta versión que respeta el original, en su totalidad e intención. Javier Molina, estadounidense nacido en Puerto Rico, y codirector artístico del ‘Actors Studio’, dirige la obra con esa misma orientación, aunque introduce algunas proyecciones, en directo, además de romper la ‘cuarta pared’ en algunas ocasiones. Elisa Sanz diseña una escenografía con distintas alturas que muestra los diversos espacios. También hay que señalar la adecuada aportación de Nicolás Fischtel en iluminación y de Emilio Sosa en vestuario.

Entre las interpretaciones destaca la sobriedad de María Adánez al recrear a la esposa y la entrega de José Luis García-Pérez al mostrar el conflicto interior que vive su personaje. Ana Garcés aporta frescura a su rol como la sobrina.

Por los sinceros, unánimes y sonoros aplausos del numeroso público, es preciso deducir que su objetivo y su preferencia no era ese acercamiento a los tiempos actuales expuesto por mi, sino participar de la perfecta estructura dramática creada por Arthur Miller y la trabajada interpretación desarrollada por el numeroso elenco.

(Añado, entre paréntesis, una referencia colateral referida al sonido. En la actualidad, en casi todas las representaciones teatrales, los intérpretes van ‘microfonados’, con el fin de que su voz llegue a todos los espectadores. Para que ese objetivo se logre y, además, para que no se deformen los diferentes tonos dramáticos, es necesario realizarlo con gran cuidado técnico, lo que no siempre sucede.)

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 29 octubre 2026 - 12:32 am
Categoría: General

David Barbero

-Tenía una gran curiosidad esta tarde cuando caminaba hacia el teatro Arriaga de Bilbao para ver la obra ‘Herencia’ de la emblemática compañía Kulunka, que tantos buenos e interesantes momentos teatrales me ha hecho pasar con sus espectáculos sin palabras pero llenos de sentimientos, emociones e historias humanas muy atrayentes.

-En esta ocasión, se añadía, además, que se trata de una pieza con texto, hablada, lo que incrementaba la curiosidad, el atractivo y una cierta incógnita en forma de preguntas: ¿Funcionará tan bien este espectáculo como lo han hecho los anteriores con solo expresiones, gestos, muecas o miradas? ¿Merecerá tantos reconocimientos, premios u elogios? ¿Será tan gratificante para los espectadores? Otras preguntas y otras curiosidades: ¿Cambiará su estilo? ¿Dónde estarán los nuevos énfasis para la comunicación con el público?

-Otro motivo de atracción era la unión de tantos y tan buenos profesionales de las artes escénicas juntos para llevar a cabo este proyecto. Iñaki Rikarte está en la escritura, en la interpretación y en la dirección escénica. En esta última labor, le acompaña Rolando San Martín. En la interpretación, también están presentes compañeros tan fiables como Isidoro Fernández, Aizpea Goenaga y Garbiñe Insausti.

-Pero los atractivos no se quedaban ahí. Hay más participantes habituales de los trabajos de Kulunka. La música y el espacio sonoro es obra de Miguel Ángel Cobo. El vestuario ha sido diseñado por Ikerne Gimenez. Y la iluminación por David  Bernués.

-Desde el arranque de la función, las preguntas y la curiosidad se han transformado en expectación, en inquietud, en atención capturada para no perderse ningún detalle, en la confirmación de que se estaba tratando de un interesante, cuidado experimento o una búsqueda poco frecuente de plasmar teatralmente una historia, unas vivencias, un conflicto, o varios, de una manera novedosa, atrevida y también arriesgada.

La anécdota de la pieza está montada como un recorrido lleno de misterios, con narraciones fragmentadas, ocultando intencionadamente elementos de la historia, sin una exposición lineal, con un ritmo onírico, con ruptura de los tiempos y  los espacios. Con intervenciones de todos los miembros de una familia descolocados pero confluyentes. Tiene una estructura de intriga y de suspense. Hay elementos cercanos a un intento de poner a prueba la capacidad del miedo.

Se puede definir como una tragedia contemporánea que gira en torno identidad, al temor a la ‘herencia’ que se anuncia en el título, al deseo de superar  los acontecimientos traumáticos imprevistos ,pero a la vez temidos, que llegan o pueden llegar en la vida. En  instantes en los que confluyen, juntos. los miedos, los deseos, los recuerdos y las obsesiones.

Los protagonistas de la historia es una pareja que acaba de vivir, o creen haber vivido un acontecimiento traumático; un episodio que puede sacudir sus vidas. La acción trascurre durante lo que puede ser última noche que pasen juntos. O quizá no. Hay un intento de ser los mismos y mantener sus principios y sus afectos, en medio de una  sensación de angustia.

Esta producción llega tras el gran éxito de ‘Forever’, la obra con la que Kulunka y su equipo han ganado premios Max a la mejor dirección de escena y a la autoría y otra serie larga de reconocimientos y galardones. Sin embargo, han tenido la valentía de no seguir por caminos conocidos sino abrir nuevas vías de expresión escénica y temática.

Me he referido al comienzo a la curiosidad y expectación con las que he acudido al teatro Arriaga para presenciar esta pieza. Una vez vista con mucha atención y vivida con destacada emoción, puedo decir que he quedado tan interesado que todavía estoy dando vueltas en mi cabeza a lo que he visto, pensado y sentido.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 25 octubre 2026 - 11:49 pm
Categoría: General

David Barbero

-He acudido esta tarde hasta al teatro de Pabellón 6 en Bilbao para ver, sobre el escenario ‘Hemingway, enviado especial’ motivado por el buen buen recuerdo que conservo de él como escritor y con la curiosidad de ver cómo se encarna ahora su figura en el teatro y se le da vida escénica.

-Se trata de una pieza con texto de Mario Hernández que él mismo dirige y que interpreta José Fernández. Según la referencia oficial, presenta al escritor norteamericano en su último día de vida (2 de julio de 1961), justo una hora antes de que decida pegarse un tiro con su escopeta.

-Sin embargo, lo que la obra ofrece es la narración, por parte de un actor que representa al famoso escritor norteamericano, sus viajes a España, principalmente a Madrid y algo menos a Pamplona. Se expone detalladamente la manera en que él observaba los acontecimientos de la guerra civil y se cuenta la forma en que escribía sus crónicas.

-Pero insisto en que no hay ninguna acción que suceda sobre el escenario, como es la esencia del teatro. Todo es narrado. expuesto y contado.

-No es que el texto escrito por Mario Hernández no esté bien estructurado o no sea interesante. Es correcto en ambos sentidos. Pero es narrativo. No tiene estructura teatral, ni posee dinamismo dramático, ni va progresando su tensión para justificar la decisión final de suicidarse. Incluso esa misma acción del suicidio, poseedora de tanto dramatismo, no sucede en escena. También se narra. La cuenta él mismo.

-Tampoco es que la interpretación de José Fernández sea mala o monocorde o plana. Se puede decir también que es todo lo contrario. Hace un verdadero esfuerzo por expresarse con viveza y variedad en los gestos, los tonos y las expresiones. Pero como la acción no sucede sobre el escenario, se ve obligado a limitarse a narrar, a contar, que noes lo apropiado en el género dramático.

 El personaje, y el actor que le representa, deambula sobre el escenario descalzo, mientras nos cuenta su historia, unas veces en camiseta y calzoncillos, otras en pantalón y camiseta con tirantes, siempre con un vaso de whisky en la mano y entre los claroscuros de aquel Madrid asediado. Hay proyecciones de algunas imágenes y también efectos sonoros como impacto.

Con todo, es de justicia señalar que la propuesta está bien documentada. Expone datos atractivos. Tiene un enfoque interesante. Presenta a un ‘Hemingway’ poliédrico, bienintencionado en algunos aspectos, con ambiciones literarias, incapaz de gestionar sus adversidades y con dificultades para adaptarse a no ocupar el primer plano de la actualidad literaria y social.

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