David Barbero
-Antes de nada, deseo decir que antes de terminar este comentario, quiero hacer referencia a algo no estrictamente artístico.
. Continúo. Una persona de cuyo criterio me fío dijo, hace ya algún tiempo, que los espectáculos de danza contemporánea de la Hofesh Shechter Company son de visión ‘imprescindible’. Utilizó esa expresión. Me lo dijo con ocasión de la primera, creo, pieza suya que vino por aquí. Se titulaba ‘Gran finale’
-Mi amigo añadió que si quería saber hacia dónde se dirige este arte en los próximos años y hasta décadas, que no me perdiera sus propuestas. Así que he estado atento. Sé que la compañía fue fundada y es todavía dirigida por el coreógrafo y director Hofesh Shechter, nacido en Jerusalén en 1975. Destaca por crear piezas cargadas de emoción, que combinan un movimiento continuo y llamativo, música impactante y un diseño visual muy cuidado. Sus puestas en escena son explosivas e innovadoras en el sentido más pleno. Las actuaciones de sus bailarines y músicos se quedan grabados no sólo en la retina y en el oído, sino en todos los sentidos.
Coincidí con mi amigo, de nuevo en teatro Arriaga de Bilbao, porque en su escenario se interpreto otro de sus espectáculos que llevaba el título de ‘Double Murder’. Incluía dos piezas: ‘Clowns’ y ‘The Fix’. Me lo definió como ese tipo que de espectáculo que te ‘duele’ la caída del telón. Utilizó la palabra doler. Me pareció muy expresiva. Así que la recuerdo,
Con ‘Clowns’, Hofesh exploraba la fragilidad humana y su eterna necesidad de escapar de la realidad. A través de una combinación de movimiento, música y efectos visuales, capturaba las luchas internas de los payasos. Pero cada espectador podía ver mucho más allá. MI amigo dijo que era un compendio armónico de luces, movimiento y música que nos deja llenos de preguntas y pocas respuestas. ‘The Fix’ era un contrapunto. Ofrecía la sanación. Nos hacia verdaderamente humanos. Son también expresiones de mi amigo.
Esta tarde, en el teatro Arriaga, he visto ‘Theatre of dreams’. Hoy no he encontrado a ese amigo. Lo siento porque yo no soy tan expresivo como él. Pero imagino que os diría que nos hemos adentrado en el mundo de la fantasía y el subconsciente como una inmersión salvaje. Que ha sido como un viaje hipnótico, sin poder apartar ni la mirada ni la atención de las muchas escenas impactantes, separadas artísticamente por el inimaginable juego de cortinas y luces, arrastrados por una música de las que no te podías desprender.
Interpretada por unos inimitables, infatigables, fantásticos, inmejorables bailarines, esta pieza nos llena de imaginación, revelando miedos, esperanzas y deseos. Provoca emociones que penetran no solo en nuestros sueños, sino también en nuestros pensamientos despiertos. Sus cuerpos comunican una interacción entre poesía y realidad.
Están acompañados por una pequeña banda de músicos que tocan en vivo con la emblemática banda sonora cinematográfica de Shechter como telón de fondo. Junto al diseñador de la iluminación Tom Visser y la diseñadora del vestuario Osnat Kelner, crean una atmósfera propicia para este viaje onírico. Eso es, creo lo que me hubiera dicho y yo ratifico.
Vamos con lo que he indicado al principio. Esta representación ha estado acompañada, en la plaza del teatro Arriaga, por una manifestación de protesta por el genocidio que está cometiendo el estado de Israel contra sus pueblos vecinos siendo culpable de muchos miles de asesinatos. También se ha repartido una nota en la que se afirma que ‘el coreógrafo y director de la compañía que ha actuado esta tarde sirvió durante dos años en las fuerzas de ocupación en el mismo ejército que bombardea hospitales, escuela y hogares’.
Creo que es mi obligación decirlo todo.