Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 8 marzo 2026 - 11:50 pm
Categoría: General

David Barbero

-Lo he querido dejar claro desde el título del comentario. He vinculado las representaciones de la obra ‘Sensación térmica’ estos días en el teatro Arriaga de Bilbao con el recuerdo del admirado compañero y amigo Adolfo Fernández, recientemente fallecido.

Él inició el proceso de adaptación y dirección del  texto, que a su muerte tuvo que terminar Vanessa Espín. Él descubrió en la novela de Mayte López una estructura teatral, aunque la narrativa no era nada lineal sino especialmente compleja. Decidió llevarla a escena, en un trabajo cuidado y minucioso, como eran todos los suyos. Él se enamoró de ese texto, que antes fue una novela y puso en marcha todo el proceso que ahora está culminando con las representaciones en diferentes teatros.

Sensación térmica es una obra que se cuenta y se canta, que alterna música y disonancia para adentrarse en la amistad, el dolor, el abuso, las ilusiones y los sueños de tres mujeres jóvenes que comparten piso y confidencias sobre sus complicadas y en gran parte dramáticas vidas.

Una de ellas ha huido de un hogar violento y trata de empezar de nuevo en una ciudad del norte. Allí vive con otra, serena y luminosa, que la guía en esa nueva vida. Y allí conoce a una tercera, magnética y vulnerable, cuya relación con un profesor veinte años mayor desata una tormenta que hará que afloren heridas que parecían cerradas. En ese pequeño apartamento se cruzan tres maneras distintas de entender y de sufrir el amor, tres vidas llenas de esperanzas y sufrimientos.

Sobre el escenario, Nora Hernández alternando con su hermana, Olivia Hernández; Adriana Ubani y Claudia Galán encarnan a las tres jóvenes y a los otros personajes complementarios, en un trajo lleno de exigencias. Actúan y cantan en un montaje que combina palabra y música para preguntarse qué relatos hemos aprendido a normalizar. Qué confundimos con amor. Y por qué seguimos cantando, generación tras generación, las mismas canciones. La directora, Vanessa Espín, ha recogido su espíritu sobre esta dura y ejemplarizante historia que, habla de amistad, dolor, abuso, ilusiones y sueños. 

Mayte López, la autora, es una escritora y traductora con triple nacionalidad: mexicana, española y estadounidense. Doctorada en Culturas Latinoamericanas, en la actualidad es profesora de Español y Escritura Creativa en la Universidad de Yale.

Como estamos de recuerdos y confidencias sobre el añorado Adolfo Fernández, recojo un párrafo de una carta que le envió Mayte López, la autora de la novela original: «Voy directa al grano: estoy fascinada con tu adaptación. Es una sensación muy extraña
 (en el mejor de los sentidos) la de ver cómo de pronto mis personajes cobran vida y tienen cuerpo: me encanta Juliana corriendo -volando- sobre la caminadora, me encanta el karaoke. Te cuento que mi personaje favorito es Alma: me parece hermoso cómo has sabido darle ese lugar fundamental a pesar de ser un personaje, en apariencia, secundario. Me encanta verla convertida un poco el alma de la puesta en escena.»       
Va en tu memoria, amigo.  

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 8 marzo 2026 - 12:06 am
Categoría: General

David Barbero

-He acudido esta tarde al Teatro Barakaldo para ver la obra ‘Leonora’, con dos curiosidades principales. La primera era conocer más Y disfrutar de la muy destacada escritora, pintora y escultora surrealista  Leonora Carrington, a la que siempre he admirado. Y también para analizar y valorar la escritura dramática y la dirección escénica de Alberto Conejero, a quien respeto.

Me he encontrado también con una extraordinaria interpretación de NataLia Huarte, ella sola sobre el escenario, absolutamente desnudo, apoyada en la poética música de Luis Miguel Cobo, la luz intimista y llena de matices de Leticia L. Karamazana, el adecuado vestuario de Yaiza Pinillos y la asesoría de movimiento de Luz Arcas.

Leonora Carrington, nacida en el Reino Unido en 1917 dentro de una familia de clase alta, muy pronto hizo frente al capitalismo y militó activamente como revolucionaria. Su padre la llevó de un internado a otro. Pero nada de lo que buscaba su progenitor pudo hallarlo con esa represión. De hecho, con apenas 17 años se enamoró del pintor alemán Max Ernst y con él se instaló en París. Muy pronto estallaría la Segunda Guerra Mundial – Para protegerse de la persecución nazi, huyó sola a España. Se instaló en Santander, en dónde sufrió un brote psicótico que terminó con un internamiento. Fue tratada con cardiazol, un potentísimo fármaco que provoca serios efectos sobre el cerebro de los pacientes.

El texto no aborda un tema biográfico concreto. No hay un argumento, ni pretende desarrollar una semblanza histórica de la autora. Dice que su objetivo es ‘dibujar’ un retrato colectivo de las mujeres que, como Leonora, han querido ser ellas mismas aún a costa de todo tipo de adversidades, abusos o burlas, pero sin dejar de mirar siempre hacia  la libertad.

La actriz  Natalia Huarte interpreta y encarna el complejo y doloroso viaje emocional de Leonora Carrington, reflejado en algunos episodios relevantes de su experiencia vital y sus vivencias frente a todos los grandes cambios sociológicos, políticos y tecnológicos que jalonaron el siglo XX. Sobre todo, se mueve en el campo más personal y cercano. La persecución que sufrió por parte de su padre con la intención de que ingresase en los sanatorios mentales; las primeras enseñanzas academicistas en el campo del arte y el posterior contacto con el surrealismo; la relación sentimental con el pintor Max Ernst, mucho mayor que ella; la violación grupal que sufrió en Madrid; su matrimonio  interesado con Renato Leduc, y la llegada a México como “destino final”. Estos son los momentos de su vida que Conejero va recorriendo.  

Él mismo asume la dirección escénica  de su monólogo narrativo con elementos poéticos dentro de un espectáculo concebido, desde el punto de vista plástico y escenográfico, en la desnudez absoluta, en consonancia con el personaje y con el texto. Ya en ese escueto título de ‘Leonora’ parece advertirse una decidida voluntad de que todo esté despojado y despejado, limpio, diáfano, con la intención de que el espectador pueda llegar a una mujer de marcada personalidad.

El trabajo de la actriz  Natalia Huarte ha rezumado técnica , dominio escénico y expresión corporal  a partes iguales, junto a la verbalización acelerada y cambiante en los tonos, al componer un personaje complejo, lleno de aristas, contradictorio, descaradamente humano. Probablemente no se hubiese conseguido ese objetivo de no haber contado con una actriz de su versatilidad y entrega.

La representación ha sido agradecida con aplausos entusiastas, pero ha sorprendido negativamente el escaso público que ha sabido apreciar el gran interés de esta propuesta ofrecida por el equipo responsable del teatro Barakaldo.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 27 febrero 2026 - 11:57 pm
Categoría: General

David Barbero

-Esta tarde he presenciado, en el teatro Arriaga de Bilbao, con gran interés y curiosidad, la pieza titulada ‘El hijo de la cómica’, basado en un texto de memorias del recordado artista Fernando Fernán Gómez. Está interpretada y dirigida por José Sacristán. El texto ha sido una adaptación elaborada también por este actor a partir de los recuerdos escrito por el homenajeado en ‘El tiempo amarillo 1921-1943’.

Según mi valoración, por supuesto subjetiva y muchas veces equivocada, es que el espectáculo ha resultado una demostración, incluso una exhibición memorable, de las grandes cualidades interpretativas, sobre todo aquí en lo referente a la voz por parte del extraordinario actor que es José Sacristán.

Pero, en cuanto al texto, y a su adaptación, creo que es de justicia señalar su inadecuación como base teatral. Se trata de unas memorias, bien escritas y con gracia, además de estilo ágil por parte de Fernando Fernán Gómez. Pero no tiene estructura teatral, ni esquema de intriga o conflicto, ni progresión emocional. El autor, que fue muy destacado intérprete, no lo escribió con la intención de ser representado sobre un escenario. Estoy convencido de que si él lo hubiera utilizado con ese propósito, lo habría cambiado muy profundamente. En esta ocasión, no se ha realizado esa adecuación como texto teatral, aunque en el programa se afirme que la adaptación ha sido responsabilidad de José Sacristán. 

Ese mismo programa de mano, y todos los documentos referidos a la obra y su representación, atribuyen las labores de la dirección escénica también a José Sacristán. De nuevo califico mi opinión de subjetiva y frecuentemente equivocada. Pero con esas salvedades, me ha ha parecido una puesta en escena bastante plana y con muy escaso aprovechamiento de los recursos escénicos, visuales y sonoros.

De todos modos, deseo repetir y destacar que José Sacristán, en su calidad de intérprete, realiza una labor de gran calidad, con más mérito, todavía, al tener que encarnar un texto sin las condiciones exigibles para la representación teatral. Esa maestría la ha demostrado sobre todo en las articulaciones y modulación de la voz, o voces en plural, al interpretar a diversos personajes de características muy diferentes entre sí.

Otro aspecto, favorable a la representación, deseo destacar con toda justicia. El aforo del teatro Arriaga estaba lleno. Supongo que en las representaciones sucesivas sucederá lo mismo. Y el público de hoy, día del estreno aquí, al terminar la representación, se ha levantado para aplaudir con entusiasmo al intérprete en reconocimiento de su labor.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 24 febrero 2026 - 11:26 pm
Categoría: General

David Barbero

-Esta tarde he asistido en el teatro Arriaga a un acontecimiento escénico que no sé cómo calificarlo para definirlo en su totalidad y su intensidad. La dificultad está en incluir sus muchos elementos y matices. Todos ellos positivos. Los escénicos y los emocionales. Ha sido la representación teatral del monólogo de Antón Chejov, ‘Sobre los perjuicios del tabaco’, protagonizada por Ramón Barea.

Hay también connotaciones de admiración y de nostalgia. Incluso hay elementos novedosos o revividos como tales. Ya se interpretó la versión de este monólogo al final de la temporada 2001-2002. Para hacer memoria, he tenido que buscar papeles antiguos. El estreno fue en la emblemática sala La Fundación de Bilbao el día 22 de junio del 2001.  Ya entonces la dirección escénica fue responsabilidad, como hoy, de Jpne Irazabal. 

Por esa actuación, Ramón Barea recibió, creo recordar, el premio de la Unión de Actores del País Vasco al Mejor Actor. Asimismo pienso tener en mi memoria el recuerdo de haber presenciado otra representación con ocasión del día mundial del teatro. Lo sitúo también en el teatro Arriaga. Pero que nadie me pregunte en qué año.  Por lo que se trata de un clásico moderno con variada representación en el tiempo. Además de haber conseguido la categoría de ser un «juguete tragicómico intemporal y absolutamente vigente».

El autor, Chejov,  centra la narración en Ivan Ivanovich Niujin, marido de la dueña de una escuela de señoritas, que se supone que va a dar una conferencia sobre el tabaco. Pero, como suele pasar con Chejov, la cosa se desvía. Con la apariencia de una conferencia y usando esa excusa, aprovecha la ocasión  para ir soltando comentarios aparentemente banales que acaban siendo un análisis profundo de la naturaleza humana y termina como un grito a la libertad y a la vida. Por esa razón en el título he aludido a la maestría del inmenso autor que fue Anton Chejov.

Dicen que hasta ahora se conocían dos versiones de esta obra. Una tiene clave de farsa y está datada en el año 1886. La otra es tragicómica, y fue publicada un poco más tarde en el año 1903. Esta última es la más representada y conocida. Sin embargo, parece ser que hace poco  se  ha conocido la existencia de una tercera versión de Chejov, que no había visto la luz y que fue encontrada entre los textos del Teatro del Arte de Moscú.

En título de este comentario, he aludido, y con especial énfasis en mi intención a la maestría interpretativa de Ramón Barea. Desde luego no lo he descubierto esta tarde. He sido testigo ya de muchas manifestaciones excelentes de su trabajo. Pero en esta pieza, él solo sobre el escenario, lo demuestra de una manera absolutamente destacada en todos los aspectos. A destacar desde el principio, la destacada y meticulosa creación y caracterización del personaje de Ivan Ivanovich en todos sus aspectos y detalles. Por dentro y por fuera. En movimiento y en quietud.

Si hay que ir a los detalles, habría destacar la manera de moverse, las actitudes de estar quieto, o la forma de agacharse. O cómo se sienta y también cómo se levanta. De los gestos, habría detenidamente de cada uno de ellos y de su precisión para definir la expresión justa. La misma atención merecerían los variados tonos de voz, la matización de los paramentos, de las palabras y hasta de cada una de las sílabas.

Así que me permito quitarme el sobrero, aunque no lo haya llevado, en señal de reconocimiento de las maestrías que he indicado al principio.   ¡Chapeau, maestros!

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 19 febrero 2026 - 12:00 am
Categoría: General

David Barbero

-He puesto en el título de este comentario ese grito reivindicativo del tipo de espectáculo que he presenciado esta tarde en el rato del teatro Arriaga de Bilbao. Allí he presenciado el estreno de la obra ‘La Virgen del Rocío se aparece porque se lo ha dicho su psicóloga’. Un título largo. Pero expresivo del contenido y las intenciones de la pieza.

He utilizado el el adjetivo irreverente. Pero a la salida del local, he escuchado otros igualmente laudatorios, a mi juicio, referidos a este espectáculo: lúcido, atrevido, valiente, divertido, rebelde. Los expongo como muestra de que mi opinión ha resultado ser, creo, bastante compartida.

Así que vamos a adelantar, como reconocimiento, los nombres de las personas responsables a quienes van dirigidos esos reconocimientos.  Idea original hay que atribuírsela a Gemma Martinez, que participa también en la dramaturgia y la interpretación. Laura Ortega está en la dirección, la dramaturgia y el diseño de la escenografía. En los textos, han participado también Pedro Rivero, Silvia Delgado y David Caiña. La otra intérprete es Vito Rogado, que ha desarrollado también sus grandes cualidades como cantante. El diseño de la iluminación es de Edu Berja. En la banda sonora han intervenido: Nerea Alberdi y David Sánchez. En la coreografía, Alberto Ferrero. Además de las labores de producción, que también han sido importantes. Otro aspecto de gestión a destacar es que hoy se ha estrenado en el teatro Arriaga. Pero de modo inmediato, pasa a representarse en el nuevo local de Pabellón 6 de Bilbao.

En esta comedia, la Virgen del Rocío, conocida también por otras denominaciones, decide enfrentarse a sus traumas divinos y humanos y revisar su papel en ese gran best seller patriarcal llamado Biblia. Realiza un viaje entre lo místico y lo mundano, donde se descubre que los ángeles tampoco saben gestionar  sus emociones, los santos no entienden de género, las otras vírgenes se pelean por la custodia compartida y Dios tiene varios asuntos pendientes a los que atender. Ella, por su cuenta, lo que desea de verdad es bajarse del pedestal y dedicarse a otros cosas como  bailar.

Después de siglos en lo alto de los altares, envuelta en incienso y promesas, rodeada de claveles rojos, la Virgen del Rocío ha decidido cambiar de vida y arreglar sus problemas psicológicos y buscar su felicidad.

Mientras su hijo acapara milagros y su marido se lleva los méritos del silencio, ella queda reducida a un adorno piadoso. Así que ha pedido cita con una  psicóloga y bajo su supervisión comienza a poner en marcha la terapia oportuna.  

Todo este planteamiento ha llevado a disfrutar de una comedia completa y contagiosa. Pero  ha servido también para poner solfa y cuestionar aspectos y creencias, o supersticiones, que se dan por intocables. Lo cual, por otra parte, siempre ha sido misión  del teatro, sobre todo en el género cómico.

También ha servido para evidenciar, una vez más la calidad de las personas citadas más arriba en el campo de la creación teatral, la escritura, la dirección escénica, la interpretación, escenografía y otras actividades de la representación teatral.

Por esa razón, es preciso apuntar que el numeroso público asistente, al final de la representación, ha reconocido las cualidades de ese trabajo con largos aplausos y otras manifestaciones de reconocimiento.

Esta página web utiliza cookies para mejorar tu visita adaptando la navegación a tus preferencias.
Para seguir navegando tienes que Aceptar las política de cookies. Más información