Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 25 octubre 2026 - 11:49 pm
Categoría: General

David Barbero

-He acudido esta tarde hasta al teatro de Pabellón 6 en Bilbao para ver, sobre el escenario ‘Hemingway, enviado especial’ motivado por el buen buen recuerdo que conservo de él como escritor y con la curiosidad de ver cómo se encarna ahora su figura en el teatro y se le da vida escénica.

-Se trata de una pieza con texto de Mario Hernández que él mismo dirige y que interpreta José Fernández. Según la referencia oficial, presenta al escritor norteamericano en su último día de vida (2 de julio de 1961), justo una hora antes de que decida pegarse un tiro con su escopeta.

-Sin embargo, lo que la obra ofrece es la narración, por parte de un actor que representa al famoso escritor norteamericano, sus viajes a España, principalmente a Madrid y algo menos a Pamplona. Se expone detalladamente la manera en que él observaba los acontecimientos de la guerra civil y se cuenta la forma en que escribía sus crónicas.

-Pero insisto en que no hay ninguna acción que suceda sobre el escenario, como es la esencia del teatro. Todo es narrado. expuesto y contado.

-No es que el texto escrito por Mario Hernández no esté bien estructurado o no sea interesante. Es correcto en ambos sentidos. Pero es narrativo. No tiene estructura teatral, ni posee dinamismo dramático, ni va progresando su tensión para justificar la decisión final de suicidarse. Incluso esa misma acción del suicidio, poseedora de tanto dramatismo, no sucede en escena. También se narra. La cuenta él mismo.

-Tampoco es que la interpretación de José Fernández sea mala o monocorde o plana. Se puede decir también que es todo lo contrario. Hace un verdadero esfuerzo por expresarse con viveza y variedad en los gestos, los tonos y las expresiones. Pero como la acción no sucede sobre el escenario, se ve obligado a limitarse a narrar, a contar, que noes lo apropiado en el género dramático.

 El personaje, y el actor que le representa, deambula sobre el escenario descalzo, mientras nos cuenta su historia, unas veces en camiseta y calzoncillos, otras en pantalón y camiseta con tirantes, siempre con un vaso de whisky en la mano y entre los claroscuros de aquel Madrid asediado. Hay proyecciones de algunas imágenes y también efectos sonoros como impacto.

Con todo, es de justicia señalar que la propuesta está bien documentada. Expone datos atractivos. Tiene un enfoque interesante. Presenta a un ‘Hemingway’ poliédrico, bienintencionado en algunos aspectos, con ambiciones literarias, incapaz de gestionar sus adversidades y con dificultades para adaptarse a no ocupar el primer plano de la actualidad literaria y social.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 24 octubre 2026 - 11:45 pm
Categoría: General

David Barbero

-He asistido hoy al Teatro Social de Basauri con un gran abanico de sentimientos, todos positivos, para ver, de nuevo, la representación de ‘El retablo de las maravillas’  de la veterana y muy reconocida compañía Els Joglars para celebrar sus sesenta y cinco años de trayectoria.

Entre todos esos sentimientos estaban el reconocimiento, la nostalgia, el agradecimiento, la satisfacción, los recuerdos de tantas otras obras suyas, también alguna discrepancia, pero sobre todo muchos recuerdos gratos de sus  trabajos memorables y su gran trayectoria artística.

Esta puesta en escena, renovada sobre otra realizada hace dos décadas, es representativa de un estimulante trabajo escénico integral, que la veterana compañía sigue demostrando que su personalísimo lenguaje artístico, que conserva toda la fuerza para poner en evidencia, con humor, ironía y hasta sarcasmo, las contradicciones y las miserias de esta sociedad.

Son  fieles a su estilo y su particular visión crítica sigue teniendo fuerza, con su cada vez más acentuada orientación retro y su visión nihilista de la realidad, siempre impregnada de su característico sentido del humor. Nadie sale ileso de este renovado retablo cervantino-juglaresco. Boadella y Fontserè reparten los golpes sin contemplaciones en todas las direcciones.

Miguel de Cervantes imaginó ‘El retablo de las maravillas’ como un teatrillo para retratar la estulticia reinante entre los ciudadanos del Siglo de Oro, independientemente de su edad, estado y condición. Al engaño que un grupo de embaucadores sucumbían desde el gobernador hasta el escribano, pasando por nobles ambiciosos y toda la cohorte de tiralevitas y pelotilleros.

Els Joglars ha actualizado el texto para mostrar que la sociedad sigue tan torpe e interesada y no menos ambiciosa. Su falta de sentido crítico se ha agudizado por el mal uso de las redes sociales y, en general, por los inventos de todo tipo que  son utilizados para embobar en lugar de aumentar la cultura general.

Las variaciones sobre un texto de Cervantes’ están firmadas por Albert Boadella y Ramón Fontserè. La dirección de escena es del propio Boadella. Los intérpretes son Ramón Fontserè, Pilar Sáenz, Dolors Tuneu, Bruno López-Linares, Javier Villena, Rafa Blanca y Pep Muñoz.

Esta versión de Els Joglars muestra, con su especial y partidaria visión, cómo los farsantes de hoy usan los medios de comunicación y las nuevas tecnologías para crear relatos falsos que son aceptados por los colectivos mayoritarios. Expone la estupidez humana, el conformismo social, los intereses de los gobernantes o poderosos y cómo la mentira compartida sigue siendo una potente herramienta para los que ejercen interesadamente el poder.

Els Joglars forman parte de la historia del teatro reciente y de la memoria estética de muchos aficionados actuales a las artes escénicas. Fundada en Barcelona en 1961 por Albert Boadella, Antoni Font y Carlota Soldevila, la compañía convirtió la sátira y la mirada crítica en una de sus señas de identidad, desde los tiempos oscuros del franquismo hasta hoy mismo.

En los aspectos estrictamente teatrales y escénicos, también persisten las señas de identidad inconfundibles de Els Joglars: la caricatura grotesca, la máscara, la transformación, muy cercanos al espíritu de la Comedia del Arte. Esto no sería posible sin el extraordinario trabajo de sus actores y directores.

Los 65 años que ahora cumple la compañía Els Joglars era hasta hace poco la edad emblemática para jubilarse. Es de esperar que no lo hagan. Sería muy difícil sustituirlos y significaría una muy notable pérdida la desaparición de su visión crítica, irónica y nihilista, incluso con sus toques retro.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 23 octubre 2026 - 10:49 pm
Categoría: General

David Barbero

-Lo advierto desde el principio. Voy a añadir más adjetivos positivos a los que he puesto en el título.

-He asistido hoy a un interesante, atractivo, trabajado, ingenioso estreno teatral en Bilbao. Se trata de la obra ‘Una historia de Bilbao’. Ha sido escrita por Lander Otaola, que también ha participado como intérprete, acompañado por Asier Hormaza, bajo la dirección escénica de Ramón Ibarra. Con música de Iñaki Maruri y espacio sonoro organizado por Oizeder Mayo. Ha tenido lugar en el teatro Arriaga, que colabora en la producción.

-He colocado unos cuantos adjetivos positivos para expresar gráficamente que merece destacarse tanto el conjunto de la representación como cada uno de los aspectos por separado. Desde luego, la brillante interpretación, la muy eficaz dirección, la atractiva parte musical y hasta la austera escenografía que se complementa con la iluminación y los efectos.

-Se nota, ya desde el estreno, una notable seguridad y madurez en el desarrollo de la pieza. Es posible que se deba, también, a venir ya rodada, por un ensayo anterior en forma de versión más breve, donde ya todos ellos experimentaron y limaron las posibles aristas. Además sin que se produzca en ningún momento esa sensación de posible ampliación.

Se trata de la historia de una familia vasca a lo largo de un siglo, o mas exactamente dos medios, ya que se desarrolla caballo entre unas décadas pasadas, otras del presente y algunas de un futuro inmediato. Se presenta como un homenaje nostálgico a unos recuerdos que ya no volverán. Pero tiene la certera mirada puesta tanto en el presente y en futuro como en el pasado cercano. Así que el adjetivo nostálgico deberá ir acompañado por otros como analítico o crítico o irónico y también reafirmativo.

Es posible que algún aficionado al cine haya encontrado parecidos entre el título de esta pieza teatral y el de la película norteamericana ‘Una historia del Bronx’, con la que Robert De Niro debutó como director. Un acertado parecido y no sólo por el título. Quizá también por la intención, por el tono, por la referencia o por el deseo de transcender unos hechos locales y darte una amplitud de miras especial. También se basaba en una narración autobiográfica. Pero eso no quita para que tenga originalidad y carácter muy propio.

En esta pieza, aparecen los distintos miembros de una familia, con encuentros oníricos e ingeniosos entre distintas generaciones y parientes que no coincidieron en vida. Se habla del paso del tiempo y de las personas que ya no están y otras que van naciendo y creciendo en circunstancias históricas distantes.

Tiene sobre todo un tono y una atmósfera de comedia en la que se pasa revista a la sociedad vasca industrial y castiza que existió y en gran parte se ha ido.  También a la que ha venido después y se insinúa la que está por venir. En ninguno de los momentos, falta lo ironía o la frase ocurrente. 

Especial mención hay que realizar a la labor de dirección de Ramón Ibarra, en la que se nota positivamente su calidad de actor, por el cuidado a los pequeños detalles, a las actitudes, los gestos o la manera eficaz de colocar una frase o en una palabra.

Asimismo es preciso destacar la muy bien trabajada interpretación, evidenciando la gran complicidad existente entre Lander Otaola y Asier Hormaza como intérpretes. Ambos ya habían trabajado juntos sobre las tablas. Hay destacar multitud de detalles. Quizá poner el énfasis en la caracterización de cada personaje, atendiendo a cada momento. ¡Qué magnífica encarnación de la madre!

En cuanto a la música creada por  Iñaki Maruri hay que señalar que ha modernizado bilbainadas y hasta ha creado un nuevo género, «la muñeira pop», Todo ello se integra a la perfección en el desarrollo de los hechos narrados o recordados o imaginados o quizá más bien soñados.

El teatro Arriaga ha cosechado un lleno notable para este estreno. El público se ha mostrado gratificado receptor de los estímulos cómicos, irónicos y nostálgicos lanzados desde el escenario. Al finalizar la representación, ha reconocido el buen trabajo realizado con aplausos generosos, repetidos y entusiastas.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 21 octubre 2026 - 12:49 am
Categoría: General

David Barbero

-He acudido esta noche a ver la ópera ‘La traviata’ en el palacio Euskalduna de Bilbao, con la que la ABAO inaugura su temperada número 75. He ido con especial curiosidad, convencido de que es una de las piezas clásicas que puede conectar mejor con el público actual para comunicar las emociones que contiene su música y su libreto.

Es, además, una de las óperas más representadas y más solicitada por los aficionados a este género escénico. Así que el amplio  aforo del auditorium estaba lleno. Esta vez, contaba con un reparto de gran atractivo, lo que ha propiciado esa mayor asistencia de público.

La soprano Jessica Pratt, la protagonista, ha sido muy aplaudida. Ha destacado por su interpretación emocional del personaje además de evidenciar su virtuosismo, el dominio técnico y la facilidad de su registro al encarnar a Violetta, 

Junto a ella, ha intervenido Javier Camarena que ha ido ganando aplomo a medida que avanzaba la función, hasta encontrar en el tercer acto su canto suelto y decidido al que acostumbra. Gabriele Viviani ha gustado también como Giorgio Germont. Sin embargo, ninguno de los dos ha llegado a comunicar tantas emociones como su compañera protagonista.

También ha colaborado en esa comunicación emocional el Coro de Ópera de Bilbao, solvente en una partitura que exige precisión en la dicción, el ritmo y la velocidad. Así como el resto de los cantantes: Marifé Nogales, Olga Revuelta,  Josu Cabrero, José Manuel Díaz, Fernando Latorre y Gexan Etxabe.

Como director musical, Francesco Ivan Ciampa mostró su oficio  y su gran conocimiento de la obra de Verdi, al frente de la Euskadiko Orkestra. Ha cooperado de modo muy especial en esa labor de conjunto. La orquesta, cómplice y dispuesta, ha respondido con una gran sensibilidad.

En el sentido que estoy destacando de la comunicación con los espectadores, ha tenido especial incidencia también la puesta en escena. El responsable ha sido Mario Pontiggia. En su planteamiento, ha trasladado la acción a la Belle Époque y ha logrado la posibilidad de que existiera ese acercamiento con una mayor facilidad. La escenografía de Francesco Zito y Antonella Conte, sobre todo en el primer, ha ayudado  al percibir el contraste entre el lujo de esa alta sociedad y la vulnerabilidad de la protagonista.

Como ya he destacado favorablemente la mayor comunicación lograda con el público, gracias en parte a ese acercamiento cronológico, me atreveré incluso a decir que he pensado, durante la representación, que podría haber sido todavía más completo si se hubiera llegado a una actualización hasta este mismo momento del siglo XXI, de una forma elegante, estética, potente y valiente, aunque soy consciente de que eso va en contra de la opinión de muchos que son mucho más entendidos que yo también en esto.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 10 octubre 2026 - 10:59 pm
Categoría: General

David Barbero

-Recuerdo que leí, por primera vez, la novela ‘La muerte y la primavera de Mercé Rodoreda en mis ya lejanos año de estudiante. La tuve que repasar con el fin de entender sus enigmas, sus simbolismos y sus intenciones ocultas. Buscaba, entre otros, el misterio de porqué la autora decisión no terminarla.

-Así que esta tarde he acudido con expectación al teatro Arriaga de Bilbao por ver el espectáculo que la muy reconocida compañía de danza La Veronal bajo la dirección de Marcos Morau, ha elaborado sobre este relato y con el mismo título,  con música original de Maria Arnal. Mi curiosodad principal estaba en descubrir cómo ha sido pasado a la danza ese relato tan misterioso y tan impactante.

-La propuesta combina danza, teatro físico, composición visual y dramaturgia. Incluso aparecen vehículos y se utilizan mecanismos sofisticados. Se fija, como la narración original aunque de otra manera, en los temas de la identidad, la tradición, la angustia, la muerte y la resistencia. Refleja fragilidad, violencia y desolación. Pero quizá lo que más impacta es su traslación a una etapa y a una atmósfera distópica de gran impacto que desde el principio de convierte en inmersiva y envolvente.

La mezcla de la narración y la danza contemporánea se establece desde el movimiento, los gestos y la composición visual, además de un impactante ambiente sonoro y unas canciones llamativas. Se parte de una escenografía oscura, con un potente y simbólico diseño de iluminación con sombras y luces, que fortalece el carácter ritual de la obra, llevando al espectador a un mundo onírico e inquietante.

En el escenario se encuentran Maria Arnal, responsable de la música y las canciones, junto los bailarives e intérpreyes Lorena Nogal, Marina Rodríguez, Shay Partush, Núria Navarra, Jon López, Valentin Goniot, Ignacio Fizona Camargo y Fabio Calvisi. Todo bajo la dirección artística y coreográfica de Morau, que tiene ya un gran prestigio internacional por los importantes premios y reconocimientos conseguidos.

 Este espectáculo reinterpreta el relato  desde una lectura radicalmente contemporánea, estableciendo una alianza escénica entre música y danza. Crea un mundo distópico en el que se entrelazan los elementos simbólicos para formar una instalación potente y provocadora, que resulta la aportación conceptual más destacada.

Tanto la muerte como la primavera, en esta propuesta, se presentan de manera oscura y mística, como  metáforas entre el fin y el renacimiento, tejiendo un universo ambiguo, donde lo ritual y lo sagrado, lo espiritual y lo animal, se entrelazan. Al final, la primavera volverá, simbolizando la poesía de la vida misma: un regreso, un nuevo comienzo. La muerte es el final y la oscuridad, frente a esa floración y renacimiento.

Predomina una atmósfera opresiva y desoladora. Desde el principio, se apodera del espectador una sensación de caos y desasosiego. Todo parece desmoronarse, evocando una idea de deshumanización.

Técnicamente, es una pieza sombría y dinámica, que no ofrece respiro y mantiene una tensión constante hasta el final. Es un trabajo laberíntico y poético, que refleja la complejidad explorando sus capas más profundas. Elabora un imaginario emotivo de ladridos inquietantes y amenazantes. Los  tambores rompen el silencio con la violencia de una ráfaga de disparos. El final marca el punto de ruptura. La danza se convierte en una experiencia  sensorial, un desbordamiento visceral que arrastra a un ritmo más acelerado.

He aludido, al principio, a mis lectura juvenil de la novela original. Las sensaciones y las imágenes que recuerdo eran bastante diferentes a las recibidas hoy. Complementarias. Seguramente enriquecedoras. Sin duda, muy bien recibidas y hasta agradecidas.

El público ha mostrado durante toda la representación una atención expectante. Al finalizar, ha agradecido a los integrantes de esta reconocida y muy meritoria compañía La veronal, el excelente trabajo realizado con aplausos continuados y expresivamente sinceros.

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