Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 21 agosto 2026 - 12:33 am
Categoría: General

David Barbero

-La intención de esta versión del musical ¡Cabaret’, que hoy se ha presentado en Bilbao es llevarlo a otro nivel, donde la irreverencia y el caos no tienen límites. Se pretende que todo sea una fiesta. Se asegura que no hay filtros, ni hay pudor. Existe un torbellino de emociones, porque nada es como lo espera.  Y ¡ah!  Algo destacado. La música suena a todo volumen y todo el sonido está microfonado a tope..

-Esta frase no es mía. Es la manera oficial de anunciar lo que se puede encontrar en el espectáculo musical que esta tarde se ha estrenado en el auditorium del palacio Euskalduna de Bilbao en el arranque de la programación festiva con ocasión de la Aste Nagusia bilbaína.

-Con todo eso, y quizá a pesar de alguno de esos aspectos, al asistir hace un rato a ese estreno, he sacado una notablemente positiva impresión por varias razones. Una de ellas es la novedosa y trabajada puesta en escena. En especial, el colocar a los espectadores en el escenario e ir intercalando entre ellos las diferentes escenas adecuadamente iluminadas y dramatizadas.

Otro aspecto que ha contribuido a esa, en mí, positiva impresión es el siguiente. En la actualidad, los musicales no suelen ser explícitos en el compromiso social de sus contenidos. Sin embargo, es muy significativa la elección del musical ‘Cabaret’ para representarlo en este  momento explicitando las similitudes actuales con los riesgos ideológicos y políticos que se denuncian en el texto, que tuvieron lugar hace ahora un siglo.

Este musical se estrenó hace ya seis décadas. Recoge la magia, la denuncia social, y el espíritu crítico del cabaret alemán del primer tercio del siglo XX, con música de John Kander, letras de Fred Ebb y libreto de Joe Masteroff. Adquiere ahora una especial actualidad un siglo después, cuando la sociedad parece encaminarse por los mismos caminos represivos y totalitarios que entonces.

En los aspectos formales, el resultado es un espectáculo inmersivo incluso desde antes de empezar. Los actores y cantantes ya se hallan activos sobre el escenario. Los miembros de la  orquesta ya están trasladando ese ambiente sonoro y visual hasta el patio de butacas, que  además esta poblado de mesitas iluminadas y sillas en torno a las cuales el público puede comer y beber a la vez que se divierte y escucha tanto el contenido artístico como la denuncia social.

  Es un espectáculo, acústica visualmente  muy potente y audaz, con una acumulación de recursos y efectos escénicos para logra desde el principio la conexión con el público más contagiado por  la actual era de las redes sociales, destinado a una generación que busca participar de una experiencia directamente.

El original montaje, antes señalado, ayuda a que el público se identifique con los intérpretes  como si de un cabaret real se tratase. Así se convierte en una tarde noche para olvidar los problemas, dejarte llevar y unirte al desenfreno intencionado del Kit Kat Club, donde canciones, sensualidad y emociones van desfilando.

Un destacado cuerpo de bailarines y bailarinas, junto a los actores y cantantes, van presentando esta historia junto a la orquesta que ameniza y da alma sonora a la acción. Las luces y las sombras, se entremezclan con las copas y las alegrías del cabaret, para que todos los espectadores puedan tener más opciones de completar esta aventura musical. 

En esta noche de estreno, el público ha respondido, no sólo aplaudiendo en muchas de las escenas y actuaciones musicales, sino también mostrando una actitud muy activa y participativa con el tono festivo en el que está colocada la programación de la Aste Nagusia bilbaína y con la reflexión que este espectáculo oportunamente proporciona.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 13 agosto 2026 - 11:16 pm
Categoría: General

David Barbero

-Hoy ha comenzado la temporada teatral de la Aste nagusia de Bilbao. Se ha inaugurado con la representación de la obra ‘La cuisine de ma cousine’ por la veterana compañía teatral catalana La cubana, que no acudía a Bilbao desde hace ocho años, también con ocasión de estas mismas fiestas y en ese mismo Teatro Arriaga.

-He acudido a ese estreno con curiosidad renovada. Deseaba comprobar si habían cambiado o seguían haciendo el mismo tipo de teatro de la misma manera que hace ocho años. También tenía interés en observar cómo reaccionaría el público de ahora, después de ese tiempo.

Recuerdo que esta compañía ha presentado en Bilbao y en ese mismo teatro, obras memorables, que muchos espectadores recuerdan e incluso algunos todavía hablan de ellas.

-Esta veterana compañía catalana presenta, casi en estreno riguroso,  este «melodrama culinario» dirigido por Jordi Milán, que combina, como es habitual en ella, humor, música, canciones y participación del público, para explorar, y también burlarse, de la locura gastronómica contemporánea.

El montaje mantiene un elemento característico de La cubana consistente en procurar que cada espectáculo suyo constituya una auténtica aventura curiosa para el espectador. También cultiva una complicidad característica con el público de cada sitio donde actúan. Incluso se inventan para cada ciudad una conexión cercana con el argumento, con el fin de atraer a los espectadores como si asistieran a una función especialmente preparada para ellos. También trae ingredientes, utensilios o disfraces para fomentar la participación directa en la función. Asimismo utilizan trucos escénicos habituales que añaden color,  y sorpresas. Sin embargo, se podría decir que el humor de la primera no resulta demasiado eficaz, o que el final resulta más una moraleja que un efecto impactante, mientras sigue funcionando la participación del público. 

Para adelantar esos datos sobre los participantes, hay reseñar que el equipo creativo incluye la idea, la dirección y el guion del veterano fundador de la compañía Jordi Milán, junto a Toni Sans y Rubèn Montañá. La música es original de Albert Mora; la escenografía, de Cesc Colomina; el vestuario y creación de personajes, de Leo Quintana y Raúl Herrera, en una labor participativa de todos los miembros de la compañía. La coreografía es de Leo Quintana y el diseño gráfico de Raúl Pascuali. El elenco está formado por Xavi Tena, Alex Gonzàlez, Montse Amat, Toni Sans, Rubèn Montañá, Ariadna Clapés, Álex Rodríguez, Lourdes Doménech y Aina Quiñones.  Todos ellos impregnados del característico e inconfundible estilo propio del conjunto.

La propuesta de ahora se fija en las nuevas formas y maneras de la gastronomía actual.  invita a reflexionar sobre la obsesión por «figurar» y por sorprender que existe en esa llamada cultura del espectáculo gastronómico actual. Lo hacen mediante el humor y la complicidad escénica. 

La obra utiliza el humor y la música para interpelar sobre la obsesión contemporánea por hacer gala de lo que comemos y de dónde lo hacemos, con el deseo de fortalecer nuestra imagen exterior. Destaca irónicamente el gusto general  por dejarse llevar por la afición de colgar, en las redes, imágenes en busca de likes con afán presumir ante amigos y ante desconocidos.

En definitiva, ocho años después, se trata de otra «loca comedia» con un título afrancesado que mantiene el sello inconfundible de La Cubana, que conserva su genio y su figura. Por su parte, el público, que hoy ha llenado el patio de butacas del Teatro Arriaga, ha aplaudido ese tipo de hacer teatro.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 27 junio 2026 - 11:23 pm
Categoría: General

David Barbero

-Reconozco que tengo cierta prevención hacia las versiones teatrales de las obras de Aghata Christie. La verdad es que sus novelas tampoco me han gustado mucho nunca. Pido disculpas porque sé que cuenta con la aceptación muy generalizada.

-Sin embargo, esta tarde he ido al teatro Campos Elíseos de Bilbao a ver   ‘Asesinato en el Orient Expres’, de Aghata Christie. Lo he hecho al saber que la adaptación había sido escrita por el conocido autor y director de teatro  norteamericano Ken Ludwig. Este dato ha despertado mucho mi curiosidad.

-Tenía la esperanza de que este adaptador que ha demostrado su hábil ejercicio escénico como autor teatral aportaría más agilidad en los planteamientos y más dinamismo en la solución de los casos investigados. Incluso pensaba en la posibilidad  de que diera mayor consistencia a los personajes y también favoreciera a que el conflicto y la intriga funcionaran teatralmente de un modo más eficaz graduando el suspense sobre las diferentes sospechas o tramas.

Sin embargo no ha sucedido así. Esta versión escénica ha mantenido, a mi juicio subjetivo, todos esos fallos encontrados en las anteriores. No ha ganado ni en agilidad, ni en dinamismo escénico ni en consistencia de personajes ni en la claridad del conflicto o en la rapidez de su solución.

La dirección escénica de José Saiz se mueve en esa misma línea, también en mi opinión. Por lo que se refiere a la interpretación actoral, he llegado a la misma valoración. Debo repetir aquí que esto también es subjetivo. Pero tengo que decir que la concepción de la escenografía sí que ofrecía aspectos originales.

Soy consciente de he repetido varias veces esa atribución a la subjetividad. Lo he hecho intencionadamente para resaltar el siguiente dato contradictorio a mi opinión. El aforo del Teatro Campos Elíseos de Bilbao estaba esta tarde completamente lleno. El público ha escuchado la obra con atención. Y al terminar la presentación, los aplausos  han sido unánimes, potentes y calurosos. Incluso gran parte de ese numeroso público se ha puesto de pie para manifestar más claramente su reconocimiento.

Así que, siendo honesto, debo reconocer que el equivocado soy yo.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 25 junio 2026 - 11:19 pm
Categoría: General

David Barbero

-Tengo especial interés en explicaros con la mayor fidelidad que pueda el curioso, inquietante y muy interesante espectáculo ‘La luz de un lago’ de la compañía El conde de Torrefiel que he presenciado esta tarde, con gran curiosidad, en Azkuna Zentroa de Bilbao.

«La luz de un lago» es definido como el nuevo dispositivo escénico de esta singular compañía artística, estructurado a partir de herramientas sonoras y visuales  para investigar y desarrollar las posibilidades de la imagen teatral y poética más allá de lo que se considera habitual en las artes escénicas.

El conde de Peñafiel es una compañía de teatro contemporánea, con sede en Barcelona,fundada  en 2010  por la artista suiza Tanya Beyeber y el valenciano Pablo Gisbert, investigadores inquietos, estudiantes de temas filosóficos y miembros de la compañía de danza La Veronal, además de otras inquietudes y curiosidades artísticas.

Dada la complejidad , para mí, de hacer asequible esta explicación, y utilizando expresiones de su propia presentación, adelantemos que  esta compañía viene trabajando en torno a las preguntas no frecuentes pero inquietantes sobre el futuro y la temporalidad, sobre un presente que parece inmutable y cambiante al mismo tiempo.

La propuesta presentada hoy en Bilbao gira en torno a la realización de una película en la que se entrelazan las historias de una niña, un mendigo y una bailarina, quienes se enfrentan a la pérdida gradual de la visión, y plantea una reflexión, tanto conceptual como plástica, e incluso sociológica, sobre la ceguera simbólica, o metafórica, provocada por la sobreabundancia de estímulos visuales existentes en la actualidad.

El así llamado dispositivo o artefacto, que no obra ni pieza teatral, se desarrolla en dos materialidades propias del tiempo actual: lo orgánico y lo tecnológico. Materiales como el barro, el agua o los metales, además del cuerpo humano conviven con micrófonos, altavoces, luces paneles y pantallas.

En conjunto, «La luz de un lago»propone una experiencia, y también una experimentación, sensorial, además de física, donde las imágenes nacen, paradójicamente, de la ausencia de imagen, y donde el sonido se erige en brújula del tiempo y del espacio. Habla de amor, del trabajo y de violencia en un mundo muy complejo, además de complicado, que impacta visualmente entre espejismos, trampantojos y alucinaciones.

La puesta en escena es innovadora y  desafía los límites del lenguaje y las convenciones teatrales. La luz lleva al público a una cadena de imágenes utilizando muros escenográficos, texto proyectado, voz en off y una composición sonora inmersiva.

A lo largo de la obra se refleja la lucha por encontrar la claridad en un mundo lleno de claroscuros, inseguridades y enigmas. Como es habitual en las propuestas artísticas de El Conde de Torrefiel, visión y escucha entran en colisión, en una oscilación donde se abre una grieta en el significado que da paso a la posibilidad de un lugar para la imaginación y la reflexión.

Con estos elementos y su innovadora presentación, se ofrece y se estimula una puesta en cuestión del desarrollo de las actuales estructuras y elementos escénicos, la necesidad de su transformación y su significado en este momento.

Soy consciente de la torpeza y la inexactitud de este exposición. Pero la daría por justificada si transmitiera la curiosidad por conocer esta propuesta y por la reflexión, y la inquietud, que estimula y provoca, como a mí me ha sucedido

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 24 junio 2026 - 11:20 pm
Categoría: General

David Barbero

-Hoy ha sido miércoles. Por lo tanto, un día que no suele ser de teatro. Sin embargo, yo me he acercado hasta el teatro Arriaga de Bilbao para ver a Patti Lupone y su espectáculo ‘Songs from a hat’. Puedo decir, como resumen, que ha merecido mucho la pena.

La tres veces ganadora del premio Tony, legendaria cantante, actriz y comediante estadounidense ha interpretado algunas de sus canciones más famosas y también otras joyas musicales que ha interpretado a lo largo de su vida artística. Sobre el escenario, las ha ido seleccionando sacando papelitos aleatoriamente de su sombrero de copa, como anuncia el título del espectáculo.

Por si alguno de vosotros no está situado sobre la importancia de esta veterana intérprete, según The New York Times, Patti Lupone es ese tipo de artista tan particular, quizás la última de su especie, una auténtica estrella de la edad de oro de Broadway, de esas que pueden convertir un teatro en un salón, desprendiendo una energía tan contagiosa que hace que mil personas se sientan como si les hablara y les cantara individualmente. Puedo dar fe de esas palabras, aunque hoy hemos estado bastantes menos espectadores en el patio de butacas bilbaíno. En la realidad, su espectáculo ha sido una reunión especialmente emotivo.

Su sola presencia sobre las tablas ha transformado la técnica en milagro y el escenario en un territorio de libertad. No ha sido un espectáculo al uso, sino el despliegue de una artista que, tras cinco décadas de trayectoria, ha demostrado ser una autoridad escénica, una voz que no necesita artificios y una personalidad magnética.

La decisión de confiar el repertorio a la extracción aleatoria de títulos desde un sombrero de copa elimina cualquier atisbo de rutina preestablecida, dotando a la velada de una frescura eléctrica. Acompañada magníficamente por la precisión y el rigor de su director musical, Joseph Thalken, LuPone ha desgranado con naturalidad los hitos que definieron su carrera, desde las icónicas partituras de ‘Evita’ y ‘Los miserables’ hasta su inabarcable aportación en ‘Sunset Boulevard’ o ‘Company’ y otras muchas más’.

Lo que el espectador puede ver y oír no es una reconstrucción nostálgica, sino la reivindicación de una intérprete que entiende el escenario como un espacio de verdad y comunicación, donde la técnica, perfeccionada durante décadas, desaparece para dejar paso a la emoción. Asistir a esta función ha supuesto una lección de interpretación y una oportunidad de tener frente a frente a una figura cuya influencia ha redefinido el canon de las artes escénicas modernas.
   Así que termino como empecé este comentario, felicitándome por haber conocido hoy en el  teatro Arriaga de Bilbao a la gran intérprete norteamericana de musicales  Patti Lupone.  

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