David Barbero
-Reconozco que la curiosidad que me ha llevado esta tarde al teatro Arriaga de Bilbao para ver la comedia de William Shakespeare ‘Los dos hidalgos de Verona’ ha sido, sobre todo, la presencia de Declan Donnegan, al que considero un muy buen conocedor de este clásico inglés y universal además de un director de escena cuidadoso y atrevido a la vez. Sin desdeñar la posibilidad de comprobar una vez más el extraordinario lenguaje de este autor.
Se trata de una de las primeras comedias del autor. Desde luego, no de las mejores. En el argumento, cruza sus temas preferidos, en las comedias, amor y amistad, celos y traiciones. Dos amigos cuya amistad se ve amenazada por las tensiones del caprichoso amor. El primero está enamorado de Silvia y el segundo, unas veces de Julia y otras tampoco le hace ascos a Silvia. Por medio, la traición aparca la amistad y la relega a un segundo término, y el desvelo de un padre noble por dar a su hija el mejor de los esposos.
Poco hay de original en el argumento. Su mejor cualidad reside en la belleza formal a la hora de hacer que los personajes expresen ese sentimiento amoroso de acuerdo a ese conflicto un tanto estandarizado hasta llevarlo al final armonioso de devolver las piezas a su situación inicial.
Esa es la auténtica virtud que Donnellan ha explotado al máximo, con gran talento y habilidad artística, en una propuesta que es puro juego teatral de principio a fin, y en la que han generado un código escénico original, donde confluyen de manera armoniosa lo sublime y lo consuetudinario, la elevación poética y el prosaísmo ridículo. Hay un homenaje al extraordinariamente bello lenguaje de Shakespeare y a las situaciones que protagonizan con habilidad sus personajes. Para ello, ha impreso un ritmo vertiginoso y ha cuidado cada una de las situaciones, de las reacciones, sacando expresividad de cada movimiento o gesto, dando significado a cada escena de cohesionado, ingenioso y chispeante.
Hay que decir desde el principio que otro de los grandes atractivos es la interpretación, con trajes de actualidad, más que notable de todo el amplio elenco integrado por Jorge Basanta, Prince Ezeanyim, Alberto Gómez Taboada, Rebeca Matellán, Manuel Moya, Alfredo Noval, Carmen Mayordomo, Antonio Prieto e Irene Serrano.
Estamos ante una propuesta minimalista y cuidada en la que sobre el escenario casi no hay escenografía. Esa limpieza permite concentrarse en el lenguaje y en la riqueza de matices con que están caracterizados los personajes. Aspectos, que son intencionadamente destacados en este inteligente puesta en escena.
De esta forma, lo que prima en la representación es el tratamiento escénico, el ritmo, la expresividad y la interpretación que dan lo mejor de sí para destacar las traiciones, engaños, disfraces y malevolencias que se denuncian, todo ello bañado con un ligero sentido del humor que recorre los incesantes vericuetos de la obra.
El teatro Arriaga estaba completamente lleno y los aplausos finales han resultado muy entusiastas como reconocimiento a ese trabajo bien realizado.