David Barbero
-He acudido esta tarde hasta al teatro de Pabellón 6 en Bilbao para ver, sobre el escenario ‘Hemingway, enviado especial’ motivado por el buen buen recuerdo que conservo de él como escritor y con la curiosidad de ver cómo se encarna ahora su figura en el teatro y se le da vida escénica.
-Se trata de una pieza con texto de Mario Hernández que él mismo dirige y que interpreta José Fernández. Según la referencia oficial, presenta al escritor norteamericano en su último día de vida (2 de julio de 1961), justo una hora antes de que decida pegarse un tiro con su escopeta.
-Sin embargo, lo que la obra ofrece es la narración, por parte de un actor que representa al famoso escritor norteamericano, sus viajes a España, principalmente a Madrid y algo menos a Pamplona. Se expone detalladamente la manera en que él observaba los acontecimientos de la guerra civil y se cuenta la forma en que escribía sus crónicas.
-Pero insisto en que no hay ninguna acción que suceda sobre el escenario, como es la esencia del teatro. Todo es narrado. expuesto y contado.
-No es que el texto escrito por Mario Hernández no esté bien estructurado o no sea interesante. Es correcto en ambos sentidos. Pero es narrativo. No tiene estructura teatral, ni posee dinamismo dramático, ni va progresando su tensión para justificar la decisión final de suicidarse. Incluso esa misma acción del suicidio, poseedora de tanto dramatismo, no sucede en escena. También se narra. La cuenta él mismo.
-Tampoco es que la interpretación de José Fernández sea mala o monocorde o plana. Se puede decir también que es todo lo contrario. Hace un verdadero esfuerzo por expresarse con viveza y variedad en los gestos, los tonos y las expresiones. Pero como la acción no sucede sobre el escenario, se ve obligado a limitarse a narrar, a contar, que noes lo apropiado en el género dramático.
El personaje, y el actor que le representa, deambula sobre el escenario descalzo, mientras nos cuenta su historia, unas veces en camiseta y calzoncillos, otras en pantalón y camiseta con tirantes, siempre con un vaso de whisky en la mano y entre los claroscuros de aquel Madrid asediado. Hay proyecciones de algunas imágenes y también efectos sonoros como impacto.
Con todo, es de justicia señalar que la propuesta está bien documentada. Expone datos atractivos. Tiene un enfoque interesante. Presenta a un ‘Hemingway’ poliédrico, bienintencionado en algunos aspectos, con ambiciones literarias, incapaz de gestionar sus adversidades y con dificultades para adaptarse a no ocupar el primer plano de la actualidad literaria y social.