David Barbero
-Lo he querido dejar claro desde el título del comentario. He vinculado las representaciones de la obra ‘Sensación térmica’ estos días en el teatro Arriaga de Bilbao con el recuerdo del admirado compañero y amigo Adolfo Fernández, recientemente fallecido.
Él inició el proceso de adaptación y dirección del texto, que a su muerte tuvo que terminar Vanessa Espín. Él descubrió en la novela de Mayte López una estructura teatral, aunque la narrativa no era nada lineal sino especialmente compleja. Decidió llevarla a escena, en un trabajo cuidado y minucioso, como eran todos los suyos. Él se enamoró de ese texto, que antes fue una novela y puso en marcha todo el proceso que ahora está culminando con las representaciones en diferentes teatros.
Sensación térmica es una obra que se cuenta y se canta, que alterna música y disonancia para adentrarse en la amistad, el dolor, el abuso, las ilusiones y los sueños de tres mujeres jóvenes que comparten piso y confidencias sobre sus complicadas y en gran parte dramáticas vidas.
Una de ellas ha huido de un hogar violento y trata de empezar de nuevo en una ciudad del norte. Allí vive con otra, serena y luminosa, que la guía en esa nueva vida. Y allí conoce a una tercera, magnética y vulnerable, cuya relación con un profesor veinte años mayor desata una tormenta que hará que afloren heridas que parecían cerradas. En ese pequeño apartamento se cruzan tres maneras distintas de entender y de sufrir el amor, tres vidas llenas de esperanzas y sufrimientos.
Sobre el escenario, Nora Hernández alternando con su hermana, Olivia Hernández; Adriana Ubani y Claudia Galán encarnan a las tres jóvenes y a los otros personajes complementarios, en un trajo lleno de exigencias. Actúan y cantan en un montaje que combina palabra y música para preguntarse qué relatos hemos aprendido a normalizar. Qué confundimos con amor. Y por qué seguimos cantando, generación tras generación, las mismas canciones. La directora, Vanessa Espín, ha recogido su espíritu sobre esta dura y ejemplarizante historia que, habla de amistad, dolor, abuso, ilusiones y sueños.
Mayte López, la autora, es una escritora y traductora con triple nacionalidad: mexicana, española y estadounidense. Doctorada en Culturas Latinoamericanas, en la actualidad es profesora de Español y Escritura Creativa en la Universidad de Yale.
| Como estamos de recuerdos y confidencias sobre el añorado Adolfo Fernández, recojo un párrafo de una carta que le envió Mayte López, la autora de la novela original: «Voy directa al grano: estoy fascinada con tu adaptación. Es una sensación muy extraña (en el mejor de los sentidos) la de ver cómo de pronto mis personajes cobran vida y tienen cuerpo: me encanta Juliana corriendo -volando- sobre la caminadora, me encanta el karaoke. Te cuento que mi personaje favorito es Alma: me parece hermoso cómo has sabido darle ese lugar fundamental a pesar de ser un personaje, en apariencia, secundario. Me encanta verla convertida un poco el alma de la puesta en escena.» Va en tu memoria, amigo. |