David Barbero
-Había oído comentarios que indicaban que la obra ‘Caramel’ era muy digna de atención, como representativa del impactante mundo estético de la compañía Les Impuxibles. Así que no he perdido la oportunidad de conocerla y esta tarde he acudido, con gran curiosidad, al centro cultural Muxikebarri de Getxo.
Esta obra, que tiene varios premios, propone una muy curiosa experiencia escénica que combina, de forma original, palabra, danza y música además de proponer una reflexión sobre las adicciones y el vínculo que diversas personas establecen con esas sustancias. Entra también en los entresijos del sistema social que penaliza unas drogas, pero permite otras. Incluso intenta entender qué lleva a algunos seres humanos al consumo de esas sustancias, tanto si son legales o ilegales,.
La compañía Les impuxibles, dirigida por las hermanas Ariadna y Clara Peya, se ha aliado en esta ocasión con el dramaturgo Pablo Messiez para tratar este tema. Han dedicado un tiempo a la investigación, encuentros y conversaciones con personas e instituciones vinculadas al tema. Ya habían tratado, de una manera similar temas como el suicidio, la presión social sobre los cuerpos , la salud mental, la violencia sexual o la identidad en anteriores espectáculos,.
El reconocido dramaturgo y director Pablo Messiez ha trabajado con ellas desde el inicio de la creación y ha aceptado sus planteamientos escénicos. Los bailarines e intérpretes Yasser D’Oquendo, Helena Gispert, Pol Guimerà, Mabel Olea, Sandra Pujol y Joan Solé ya están acostumbrados a ellos, por haber participado en anteriores proyectos.
Caramel nos presenta un texto lleno de variados personajes que explican su vida en relación al consumo de alguna sustancia. El texto que podemos ver en escena intenta reflejar este tema desde toda su complejidad, quitando todo estigma, y planteando las preguntas sin resolverlas ni hacer juicios de valor. Todo ello ocurre en un bar. un espacio donde la primera droga que todos consumen es algo legal y aceptado socialmente, el alcohol.
Caramel trata todo tipo de adicciones y consumos, incluso el heredado ya que podremos ver como una de los personajes nos habla de su madre, de lo que hacía, de lo que ella veía, y en lo que ella se ha convertido. Los textos de Messiez se entrelazan con las muy destacadas coreografías de Ariadna y la música original de Clara, que interpreta en directo en cada función.
Caramel se convierte así en un montaje atractivo, sorprendente e impactante, que ayuda además a reflexionar sobre un problema social de destacado interés. Lo mejor de ‘Caramel’ es que no se trata de un alegato en contra de nada, ni ninguna campaña publicitaria advirtiendo de los peligros de las drogas. Es una exposición minuciosa y teatralizada con muy especial solvencia.