Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 17 abril 2026 - 11:01 pm
Categoría: General

David Barbero

-Quiero comenzar reconociendo mi debilidad y admiración por Harold Pinter, como autor de teatro y añadir que ambos sentimientos han reverdecido y aumentado esta tarde durante  la representación de su obra ‘Viejos tiempos’ que he visto en el teatro Arriaga de Bilbao.

Viejos tiempos’ es una obra con numerosos recovecos, que se deslizan y fluyen mientras se retienen los recuerdos. Obliga a recomponer la historia que cuenta o insinúa o sugiere prestando mucha atención, echando mano de la imaginación y atando cabos incluso sin tener la seguridad de tener la cuerda en las manos.  El supuestamente apacible, monótono y distante presente del matrimonio formado por Kate y Deeley es alterado con la visita, a su apartada casa, de Anna, una antigua y muy íntima amiga de Kate -su mejor y única amiga-, que hará revivir, quizá recrear, o acaso reconstruir intencionadamente un tiempo pasado, común a los tres.

En él confluyen, o quizá se añaden, deseos callados, mentiras intencionadas, o ilusiones no satisfechas. Se puede interpretar como una terapia, una suerte de catarsis, en la que la identidad y los sentimientos  se cuestionan mientras salen del rincón oscuro donde se esconden. Incluso podría ser un juego psicológico, con connotaciones eróticas y algún premeditado toque surrealista.

La representación de esta tarde en el teatro Arriaga ha significado una oportunidad de volver a acercarse a un clásico añorado de la dramaturgia occidental contemporánea -la obra tiene poco más de cincuenta años-, en uno de sus textos más crípticos e introspectivos y participar en el juego de  no sólo mirar el espectáculo, sino verse impelido a desentrañar el enigma propuesto.

La directora y el adaptador sensibilidad y con respeto al original, ha captado expuesto escénicamente la esencia y la intención de Pinter colocando al espectador al espectador ante la  estratégica pelea en la que los personajes se lanzan acusaciones, reproches y sugerencias sobre un pasado que parece distinto en función de quién lo expone o imagina o lo utiliza intencionadamente.

La traducción y versión de la pieza es obra del reconocido dramaturgo Pablo Remón, quien ya tuvo ocasión dehacer la misma labor con este autor inglés en otra de sus obras titulada ‘Traición’. La dirección ha corrido a cargo de Beatriz Argüello, que ha optado por un , limpio, y sugerente que otorga a la palabra y a la meticulosa interpretación el peso de la gran complejidad de un texto cuya acción y desarrollo  no es precisamente lineal ni evidente a primera vista. Ni tampoco a la segunda. 

La escenografía de Carolina González recrea una ambientación íntima y realista como el vestuario de Rosa García Andújar. También resulta eficaz el tratamiento de la luz -fundamental en la escena mencionada- realizado por Paloma Parra, enfatizado por el espacio sonoro creado por Mariano Marín.

Especial referencia hay que realizar del triángulo formado por Marta Belenguer, Mélida Molina y Ernesto Alterio.  Logran dar cuerpo, expresión y misterio a un texto que desafía la lógica convencional. Cada uno de ellos encarna su nada plano personaje con matices que van de la complicidad a la confrontación, mostrando cómo los recuerdos no son simples evocaciones del pasado, sino piezas vivas para configurar y moldear los ocurrido, lo sentido y lo imaginado en el pasado y en el presente de esta poliédrica historia.

A Harold Pinter le dieron el premio Nobel, textualmente,  “por descubrir en sus obras el precipicio que se esconde tras nuestras charlas cotidianas y las fuerzas que nos oprimen; sin que se noten distinciones entre lo que es real y no lo que no lo es, entre lo que es verdad y lo que es falso’.

Es lo que hoy hemos podido volver a presenciar sobre el escenario del teatro Arriaga de Bilbao,

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 16 abril 2026 - 10:41 pm
Categoría: General

David Barbero

-Esta tarde he acudido a la sala grande del Azkuna Zentroa de Bilbao para confirmar las muy positivas características del curioso espectáculo «La reina del Arga», ya conocido como un pequeño guiñol de carácter cercano y cómplice para los espectadores. Es considerada como una verdadera joyita de las artes escénicas.

La actriz navarra multidisciplinar Estefanía de Paz Asín es su absoluta responsable: motor creativo, productora, directora y única intérprete. Al conocer que en 2021 se iban a cumplir 100 años de la muerte de otra navarra ilustre aunque la Historia con mayúsculas no había reservado un hueco para ella, como Remigia Echarren, decidió dedicarle un espectáculo en si honor.

Remigia fue, a finales del siglo XIX, una exitosa pionera del funambulismo. Empezó cruzando el río Arga ida y vuelta sobre una cuerda en su Pamplona natal y acabó convertida en admirada estrella de la época, capaz de proezas destacadas. como deambular a muchos metros sobre el suelo con los pies metidos en cestos y un saco cubriéndole la cabeza.

La autora de esta pieza ha tenido que rastrear la biografía de Echarren, sobre la que existen muy pocos datos y recabar documentos de la época para reconstruir su historia. Entre esa labor de historiadora y el brillo de la ficción para rellenar las lagunas, ha construido una ingeniosa dramaturgia sobre Remigia que es, a la vez, una reivindicación de memoria histórica femenina.

En el guiñol que preside la escena, hay teatro de objetos ejecutado con precisión y mimo, también humor, emoción, música y canto, circo, cabaret. A lo que hay que añadir una entusiasta participación del público. La escenografía se va llenando con una creatividad desbordante. Incluye carteles y recortes de prensa reales de la época. Todo, al servicio de una historia contada con maestría y desparpajo en la que el público se sorprende y se divierte.

Ese logro se debe, sobre todo, a la poderosa presencia escénica de Estefanía, protagonista única que se desdobla entre narradora y el propio personaje de Remigia, a lo que añade una eficaz comunicación con los espectadores.

Eficaces también la escenografía y el atrezzo de Zenzerro, Fernando Varela y Mila García. Singular el vestuario, la caracterización y el maquillaje a cargo de Elías Angulo Martínez y la propia Estefanía de Paz Asín, con el traje de funambulista antigua. Todo ejecutado con el refuerzo de la iluminación de Óscar García Valoria y la música y espacio sonoro efectivo de Gorka Pastor.

Divertidísimo trabajo, que además reivindica la necesidad de rescatar del olvido a mujeres que han sido apartadas de las páginas de la historia.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 16 abril 2026 - 12:47 am
Categoría: General

David Barbero

-He tenido, esta tarde – noche, oportunidad de ver el muy interesante, sorprendente e imaginativo espectáculo ‘Kurios, gabinete de curiosidades’ de la nunca suficientemente alabada compañía canadiense Circo del Sol, en la estancia, amplia, que está desarrollando en Vizcaya, dentro de la gira internacional, y larga, que está realizando con gran éxito por todo el mundo.

Este espectáculo, que pone a la música como un personaje más, al acompañar y dar forma a todo lo que sucede dentro y fuera de la carpa,  se desarrolla con un sutil argumento en el que se narra la historia de un científico que busca e investiga en su laboratorio mecánico, convencido de que existe un mundo oculto e invisible, en el que aguardan las ideas más llamativas y los sueños más grandiosos. Cuando abre la puerta a ese maravilloso mundo, el tiempo se detiene y los personajes de otra realidad invaden su gabinete, dando vida a sus creaciones.

A partir de ese planteamiento, los diferentes números demuestran que la imaginación es imparable y paran de aparecer sorpresas. Ese poder mágico se manifiesta y se expande con acrobacias imposibles, proezas que desafían la gravedad en cada pirueta, un humor chispeante, a la vez que inteligente, y sorpresas llenas de música y color. Hay pirámides humanas, con la ayuda de sillas o cuerdas, que se construyen a un ritmo vertiginoso, saltos y bailes que cada vez alcanzan alturas más altas y los números que se burlan de la realidad.

Una de las características que destaca es esa visión de conjunto, esa idea teatral que no sólo da unidad al conjunta variado y multiforme. Facilita también la comunicación de emociones y sorpresas. También ayuda a que el espectáculo haya podido ser desarrollado de modo coordinado. En los párrafos anteriores he utilizado numerosos adjetivos positivos. Deseo añadir que mi impresión destacada es la de un espectáculo muy bien hecho en todos sus detalles, hasta los más pequeños.

Los  2.200 asistentes hemos quedado boquiabiertos mientras misteriosas criaturas submarinas bailaban y rebotaban hasta casi el techo de la Gran Carpa –de 19 metros de altura– como si estuvieran volando, a la acróbata pedaleando en una bicicleta voladora y a las contorsionistas de trajes de vivos colores realizando movimientos increíbles sobre una enorme mano mecánica. Y hasta he imaginado los equilibristas invisibles.

Para llevar a cabo una función de ‘Kurios’, se utilizan muchos elementos de utilería –el mayor número usado en la historia de Cirque du Soleil. Para vestir, y muy bien, a todo el elenco, conformado por 50 artistas, se han creado más de 120 trajes, con más de 8.000 piezas de vestuario, incluyendo accesorios, zapatos y pelucas.

Deseo insistir en que un espectáculo como el de ‘Kurios’ visto hoy en Barakaldo no podría existir sin la química profesional, donde cada miembro es un engranaje dentro de una maquinaria perfectamente sincronizada y formando un conjunto matizado hasta el menor detalle. 

Desde que entras al universo de Kurios, te ves contagiado e impelido a participar en un mundo lleno de imaginación, comedia, malabaristas, baile, contorsionistas, acrobacias y diferentes números con artistas especializados, acompañados de música en vivo que te hará disfrutar, en el espacio y en el tiempo, de una historia fantástica llena de atractivos, sorpresas y buenas vibraciones.

Así que doy por repetidos, para finalizar, todos los adjetivos y valoraciones repetidas más arriba.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 11 abril 2026 - 10:24 pm
Categoría: General

David Barbero

-Comienzo por un detalle accidental, aunque significativo, de lo sucedido esta tarde en el estreno de la producción propia del Teatro Arriaga de Bibao: el concierto escenificado ‘Gesualdo wc station’. Ha habido pocos espectadores.

-Soy consciente de que la fecha puede no ser buena. Estamos todavía en lo que llaman vacaciones de semana santa. Quizá también los conciertos escenificados no tienen buena fama. También sé que el público es muy libre de asistir a los espectáculos que prefiera, sin que nadie se lo reproche. A pesar de todo eso, me voy a permitir opinar sobre esa ausencia y sobre los limites de la curiosidad de los  seguidores habituales del teatro y de los espectáculos musicales.

En primer lugar, Gesualdo es un compositor italiano del final del renacimiento mucho menos conocido y valorado aquí de lo que se merece. Además de sus piezas de música sacra, sus madrigales son especialmente expresivos y de una calidad excepcional para su tiempo. Ya eso debería despertar curiosidad.

Además, los madrigales son interpretados en directo y a cappella por el conjunto vocal Voces Suaves, procedente de Basillea, con notable reconocimiento internacional, gracias a su calidad y a su especialización en este tipo de música, como ha quedado demostrado en el espectáculo de esta tarde.

Al tratarse de un concierto escenificado, va acompañado por una representación teatral, que en esta ocasión ha tenido relación con la vida del compositor Carlo Gesualdo, personaje polémico de la nobleza italiana a caballo entre los siglos XVI y XVII. Se ha elegido el acontecimiento más trágico de su vida, el asesinato de su esposa y del amante de ella, al ser descubiertos en pleno adulterio. Podía haber sido otro motivo de atracción.

Además, Alex Gerediaga, el responsable de la dramaturgia y la dirección escénica, ha tenido la ‘arriesgada irreverencia’ de colocar esta acción violenta, como indica el título, en una ‘Wc statión’ de un centro ferroviario con todos los elementos visuales, sonoros y simbólicos que eso conlleva.

Asimismo, este espectáculo está enmarcado en el experimento estético y narrativo que Gerediaga está llevando a cabo para hacer confluir o sumar los  lenguajes teatral y cinematográfico con el fin de potenciar la comunicación. De esta manera, imágenes rodadas complementan la interpretación de los intérpretes sobre el escenario.

La acción, la escenografía y el vestuario trasladan la acción a tiempos más cercanos con el fin, seguramente, de simbolizar cómo la música y los madrigales de Gesualdo se han considerado siempre como adelantados a su época.

En el aspecto interpretativo, también se ha tenido especial cuidado en eligir a las actrices Arrate Etxebarria, Sandra Fernández Aguirre y al actor Aitor Borobia para encarnar a los tres personajes implicados en el asesinato: el compositor, la esposa y el amante. Supongo que se ha notado que los sexos de los de interpretes y personajes no coinciden, lo que lógicamente, ha sido intencionado. A ellos, se une otro destacado personaje simbólico, encarnado por el virtuoso actor Txubio Fernández de Jauregui.

Se podrían añadir algunos elementos más capaces de haber despertado la curiosidad entre los aficionados a dejarse sorprender o disfrutar o estar en desacuerdo o valorar según el gusto y criterio de cada uno. Pero no ha sido así. Podría decir que más porcentaje de todas esas sensaciones y juicios nos ha tocado a quienes hemos asistido esta tarde al Teatro Arriaga en el estreno de  ‘Gesualdo Wc Station’. 

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 27 marzo 2026 - 11:38 pm
Categoría: General

David Barbero

-He acudido esta tarde con especial interés al estreno en el teatro Arriaga de la pieza de ballet ‘A.I. (AMALUR INDARRA), una creación del ballet de Lucía Lacarra, bajo la dirección escénica de la propia Lucía y de Matthew Golding con planteamiento y características especiales e innovadoras, especialmente relacionada con la sociedad de este momento.

-‘A.I. (Amalur Indarra)’ es la segunda producción del Lucia Lacarra Ballet, tras su espectáculo Lost Letters, cuyo estreno también tuvo lugar en el Teatro Arriaga y supuso el debut de esta compañía. Se trata de una coproducción de varias entidades teatrales vascas: Teatro Arriaga Antzokia, Fundación Baluarte Fundazioa, Kursaal Eszena, Red de Teatros de Vitoria-Gasteiz.

-Si la presentación del nuevo ballet con ‘Lost letters’ causó, hace algo más de dos años, una excelente sensación, esta vez incluso se ha superado en todos sus aspectos. De los directores, hay que emplear los mismos calificativos laudatorios. Y sobre la gran Lucía Lacarra, es obligatorio reconocer que la perfección no pasa por ella. Se ha quedado en su persona y no la abandona,

-Entre las novedades de esta pieza de ballet está la de plantear una reflexión mental y ética sobre el mundo actual. Pone en cuestión la influencia de las altas tecnologías y la influencia que pueden tener en el pensamiento y la libertad de creación humana. Propone la meditación en profundidad sobre esa situación. Incluso ofrece una alternativa que ya se expone en el título de la pieza. Esto introduce una novedad en el planteamiento del ballet, donde han solido primar los valores estéticos sobre los del pensamiento.

  Dirigido por la propia Lucia Lacarra junto a Matthew Golding, el espectáculo cuenta con coreografía de Juanjo Arqués y del propio Golding. La obra se gestó durante ocho semanas en el Komentua Kultur Topagunea de Zumaia, en un proceso creativo intensivo que ha dado lugar a una propuesta de fuerte carga visual y conceptual, con un desarrollo limpio, coordinado, enérgico y casi hipnótico, que no te permite desviar la vista, ni la atención, en ningún momento.

A.I. (Amalur Indarra) sitúa al espectador en un futuro distópico en el que la inteligencia artificial domina todos los aspectos de la vida humana. En ese contexto, cualquier intento de cuestionar el sistema es considerado una amenaza. Frente a este panorama emerge Amalur, como la conexión con la Tierra y la recuperación de la esencia emocional del ser humano.

Otro elemento destacado de la producción es el uso del láser en escena para representar la tecnología, con un impactante diseño de iluminación de Eduardo Chacón. A ello se suma un cuidado diseño de vestuario firmado por Betitxe Saitua y la integración de una significativa pieza audiovisual rodada en las Bardenas Reales, que amplía el universo narrativo y simbólico del espectáculo.

La música, elegida con mucho cuidado, reúne obras de compositores como Max Richter, Jóhann Jóhannsson, Samuel Barber, Hans Zimmer y Kjartan Sveinsson.

Considerada una de las grandes figuras de la danza internacional, Lucia Lacarra lidera esta nueva creación reforzando y ampliando una trayectoria avalada por premios como el Benois de la Danse o el Premio Nacional de Danza, consolidando su apuesta por un lenguaje coreográfico contemporáneo propio.

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