Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 3 octubre 2026 - 11:26 pm
Categoría: General

David Barbero

-Había oído comentarios que indicaban que la obra ‘Caramel’ era muy digna de atención, como representativa del impactante mundo estético de la compañía Les Impuxibles. Así que no he perdido la oportunidad de conocerla y esta tarde he acudido, con gran curiosidad, al centro cultural Muxikebarri de Getxo.

Esta obra, que tiene varios premios, propone una muy curiosa experiencia escénica que combina, de forma original, palabra, danza y música además de proponer  una reflexión sobre las adicciones y el vínculo que diversas personas establecen con esas sustancias. Entra también en los entresijos del sistema social que penaliza unas drogas, pero permite otras. Incluso intenta entender qué lleva a algunos seres humanos al consumo de esas sustancias, tanto si son legales o ilegales,.

 La compañía Les impuxibles, dirigida por las hermanas Ariadna y Clara Peya, se ha aliado en esta ocasión con el dramaturgo Pablo Messiez para tratar este tema. Han dedicado un tiempo a la investigación, encuentros y conversaciones con personas e instituciones vinculadas al tema. Ya habían tratado, de una manera similar temas como el suicidio, la presión social sobre los cuerpos , la salud mental, la violencia sexual o la identidad en anteriores espectáculos,.

El reconocido dramaturgo y director Pablo Messiez ha trabajado con ellas desde el inicio de la creación y ha aceptado sus planteamientos escénicos. Los bailarines e intérpretes Yasser D’Oquendo, Helena Gispert, Pol Guimerà, Mabel Olea, Sandra Pujol y Joan Solé ya están acostumbrados a ellos, por haber participado en anteriores proyectos. 

Caramel nos presenta un texto lleno de variados personajes que explican su vida en relación al consumo de alguna sustancia. El texto que podemos ver en escena intenta reflejar este tema desde toda su complejidad, quitando todo estigma, y planteando las preguntas sin resolverlas ni hacer juicios de valor.  Todo ello ocurre en un bar. un espacio donde la primera droga que todos consumen es algo legal y aceptado socialmente, el alcohol.

Caramel trata todo tipo de adicciones y consumos, incluso el heredado ya que podremos ver como una de los personajes nos habla de su madre, de lo que hacía, de lo que ella veía, y en lo que ella se ha convertido. Los textos de Messiez se entrelazan con las muy destacadas coreografías de Ariadna y la música original de Clara, que interpreta en directo en cada función. 

Caramel se convierte así en un montaje atractivo, sorprendente e impactante, que ayuda además a reflexionar sobre un problema social de destacado interés. Lo mejor de ‘Caramel’ es que no se trata de un alegato en contra de nada, ni ninguna campaña publicitaria advirtiendo de los peligros de las drogas. Es una exposición minuciosa  y teatralizada con muy especial solvencia.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 1 octubre 2026 - 11:32 pm
Categoría: General

David Barbero

-No sé si he acertado con esto de poner minúsculas entre asteriscos en el título. De todos modos, Lo que quiero decir es que las dos actrices, Malena Alterio y Carmen Ruiz que protagonizan la obra ‘La vida extraordinaria’ hacen un trabajo de gran calidad. Esto tiene todavía mayor mérito cuando el texto de la obra no tiene estructura dramática, es discursivo, explicativo y, además, es reiterativo y largo.

-Nos situamos. Esta tarde he acudido al teatro Arriaga de Bilbao para ver la obra ‘Una vida extraordinaria’, que trata sobre la vida ordinaria, en concreto sobre la amistad y relata la vida de dos mujeres, con un paralelismo comparativo con lo que ha pasado con el nacimiento y la evolución del universo.

La premisa de la obra es tan vasta como íntima, tan sencilla como especial, tan extraordinaria como cotidiana. A través de las figuras de Aurora y Blanca, interpretadas por Malena Alterio y Carmen Ruiz, el espectador transita desde su infancia en un pueblo remoto hasta el mismísimo fin del mundo. No se trata de una historia con enfrentamientos dramáticos sino con narraciones y explicaciones, que las intérpretes se ven obligadas a defender con sentido del humor y con un trabajo de comunicación directa con el público.

El argentino autor y director Mariano Tenconi Blanco utiliza una estructura más apropiada para una narración o para una conferencia escenificada y con explicaciones audiovisuales. Desde escenas fragmentadas de sus hilos biográficos hasta la introspección de sus diarios íntimos. La obra culmina en un estallido metafísico donde la caída de asteroides convive con la lectura bajo la luz de una vela.

El éxito de esta puesta en escena descansa, en gran medida, en el magnetismo de sus protagonistas. Malena Alterio construye una Aurora analítica, cuya existencia está mediada por la palabra y una ironía punzante que esconde una profunda vulnerabilidad. Por su parte, Carmen Ruiz dota a Blanca de una carnalidad desbordante, transitando con naturalidad desde  la comedia más desternillante al desgarro. La química entre ambas está apoya por la narración en off de Alicia Borrachero, cuya voz aporta una dimensión épica al relato.

La propuesta añade una trabajada factura técnica en la escenografía, la iluminación y los audiovisuales. Asimismo, la música original de Ian Shifres, ejecutada en directo por Diana Valencia (violín) y Jorge Naveros (piano),  con una intención de dar cohesión a toda la estructura narrativa.

Creo que eso es lo que deseaba expresar en el título poniendo los asteriscos. Es posible que ahora haya quedado más claro.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 26 septiembre 2026 - 10:23 pm
Categoría: General

David Barbero

-Acabo de llegar a casa desde el teatro Arriaga de Bilbao, donde he disfrutado y me he sorprendido de la gran calidad y la extraordinaria capacidad para comunicar emociones de la compañía china TAO Dance Theater. Reconozco que ha sido una gran sorpresa para mí además del descubrimiento de algo desconocido como era la danza contemporánea china..

Está dirigida por el coreógrafo Tao Ye. Tiene la costumbre de poner números como título a sus piezas. En concreto hoy ha presentado en Bilbao sus piezas  13 y 14, un doble programa perteneciente a su reconocida Numerical Series.

Fundada en Pekín en 2008 por Tao Ye, Duan Ni y Wang Hao, TAO Dance Theater se ha consolidado en los principales escenarios internacionales, gracias a una propuesta artística basada en la investigación del movimiento y en una técnica corporal propia, denominada Sistema de Movimiento Circular y logrando unos espectáculos visualmente muy diferentes.

Entre los reconocimientos obtenidos por la compañía, figura el León de Plata de la Bienal de Venecia de 2023. Su trayectoria incluye actuaciones en espacios como el Lincoln Center de Nueva York, Sadler’s Wells de Londres, la Ópera de Sídney o el Théâtre de la Ville de París, y ahora hay que añadir el Teatro Arriaga de Bilbao..

Las dos piezas integran un programa en el que este original conjunto coreográfico profundiza en una estética minimalista y sitúa el cuerpo y el trabajo colectivo en el centro de la creación. Los números 13 y 14 tienen en chino una pronunciación que recuerda fonéticamente a un modismo relacionado con el deseo de que algo perdure toda la vida.

En la pieza 13, trece bailarines exploran los complejos patrones de interacción del sistema de movimiento circular, vestidos en una gama de tonos que va del blanco al gris azulado. La pieza muestra el proceso de búsqueda y exploración de este lenguaje corporal. Todos bailan con ojos cerrados lo que da un tono muy característico que se nota en las expresividad por la colocación del cuerpo y la concentración interior.

La pieza titulada 14, por su parte, representa la culminación de ese recorrido y propone una celebración de la danza en estado puro, con un vestuario colorido y una sucesión de variaciones entre la quietud y el movimiento marcadas por el ritmo de un metrónomo. Los catorce intérpretes van vestidos con vestidos todos de diferentes colores, excluyendo el blanco y el negro. Se desarrolla con un ritmo mucho más vivo que la pieza anterior.

Este trabajo parte de una concepción de la danza estrechamente vinculada al cuerpo. Para ellos, es la forma de arte suprema porque la materia que se utiliza para bailar es el propio cuerpo. Su propuesta busca mostrar, a través del movimiento, diferentes dimensiones de la experiencia humana.

Con una técnica de movimiento única y una apuesta absoluta por la abstracción, los bailarines y bailarinas exploran el cuerpo humano y el movimiento, considerándolos como un elemento visual. No se trata de contar una historia, sino de ofrecer al público experiencias sensoriales a partir del movimiento. Emplean cifras, relacionadas con el número de bailarines, y no palabras en los títulos porque, así se favorece intuir o imaginar. El público llega sin expectativas, preparado para ver la obra con la mente abierta. 

El aforo del teatro municipal ha estado prácticamente lleno. Ha mostrado su satisfacción con aplausos muy prolongados a la terminación de ambas piezas. Asimismo ha habido expresiones muy favorables a que haya sido programado este espectáculo y así haya sido posible conocer esta interesante danza contemporánea procedente de China.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 25 septiembre 2026 - 11:21 pm
Categoría: General

David Barbero

-Lo voy a confesar directamente desde el principio. Hoy he ido, con gran curiosidad, a ver el teatro que hacen los jóvenes. He acudido esta tarde al local de Pabellón 6 de Bilbao con el fin de observar una sus piezas invitadas en este arranque de temporada. Se trata de ‘Taxidermia de una alondra’, del muy joven creador multifacético Iván López-Ortega, que además, la interpreta y la  codirige junto a Sergio Iglesias.

La obra, que ha estado nominada en las categorías de Mejor espectáculo revelación y Mejor autoría revelación de los Premios Max 2026, convierte el morbo en materia dramática para preguntarse qué dice de nosotros nuestra fascinación por las vidas ajenas y sus tragedias o simples aventuras.

Lejos de adoptar un tono solemne o moralizante, Taxidermia de una alondra convierte esta curiosidad  en el motor de un juego escénico en el que se utilizan elementos ambivalentes entre la realidad y la ficción. Utiliza la complicidad de lo asistentes, alternando la reflexión y el engaño escénico.

Para ello, se apoya en la puesta en escena aparentemente sencilla, que  aprovecha cada uno de sus recursos. El espacio escénico se transforma constantemente gracias a un incesante desfile de objetos  que generan atmósferas y situaciones imaginarios. Quizá una de las claves fundamentales esté en elaborar historias ficticias para implicar a personas aparentemente llegadas desde fuera del artificio escénico.

Los intérpretes, Macarena Sanz y el propio Iván López-Ortega, construyen una pareja escénica compenetrada y hábil en el juego con los espectadores. Demuestran su capacidad para alternar la interpretación de personajes, la narración directa y la conversación con el público. Muestran habilidad en crear atmósferas inquietantes.

Las historias que se presentan dan intencionadamente  la sensación de que suceden en la vida cotidiana y son presentadas sobre un escenario, aunque si se tratara de vivencias  congeladas y expuestas en una vitrina, como si se tratase de un animal preparado por un taxidermista para ser contemplado, estudiado o disfrutado en un museo. Idea que se recoge en el título.

La puesta en escena demuestra la eficaz capacidad de sus creadores. La escenografía se mueve entre las producciones minimalistas y los montajes muy elaborados. El espacio sonoro y musical está muy cuidado, al igual que el uso del audiovisual, que es apoyada con una estrategia muy curiosa el uso de los sobretítulos.

Como he indicado más arriba, he seguido atentamente la representación con el fin de estudiar las características del teatro elaborado por profesionales muy jóvenes que ya están logrando la aceptación y el reconocimiento. Así que será preciso ahora reflexionar sobre lo visto esta tarde en la sala Pabellón 6 de Bilbao.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 25 septiembre 2026 - 12:24 am
Categoría: General

David Barbero

-He presenciado varias representaciones de la zarzuela ‘El caserío’ de Jesús Guridi. La versión estrenada esta tarde en Euskalduna Bilbao, con ocasión de su centenario, ha resultado la más emotiva, entre otras causas por las connotaciones de esa celebración.

A ello, han contribuidos diversos elementos. Entre ellos, lógicamente, figuran los intérpretes elegidos, de los que ha destacado el barítono Juan Jesús Rodríguez, que es referencia en la lírica y resulta un rostro habitual de las temporadas líricas de Bilbao. 

Unos participantes decisivos tanto en la preparación como en el desarrollo del espectáculo de esta tarde han sido los responsables de la dirección musical y escénica, José Luis Egipuz y Yolanda Bustillo. He hecho referencia al desarrollo del espectáculo, porque durante el mismo se han producido determinadas deficiencias de sonido que han ocasionado cambios sobre la marcha.

 Detrás de este destacado propósito de solemnizar el centenario de ‘El

caserío’ está la muy meritoria Masa Coral del Ensanche, una agrupación de aficionados presente en Bilbao desde hace más de un siglo, y que anualmente mantiene la representación profesional de las zarzuelas en la capital vizcaína.

El equipo artístico completo de este espectáculo ha estado integrado, además, por Olaeta Ballet Elkartea, a las órdenes de Jone Goiricelaia, que ha seguido las coreografías de Izaskun Iturri. La producción ha reunido cerca de 60 voces –unas 45 de la Masa y el resto, del Coro Rossini– y una orquesta compacta de  35 instrumentistas.

La escenografía de Goitia ha enfatizado el choque de escalas: jirafas que remolonean por salones palaciegos, animales que irrumpen en arquitecturas clásicas, un «clasicismo rebelde» en diálogo con la iconografía europea.

En cuanto a los cantantes, ha habido la incorporación destacada en la presencia de Juan Jesús Rodríguez, que ya  había actuado hace años bajo la dirección de Juanjo Mena. Regresa ahora en plena madurez, convertido en uno de los barítonos más destacados del panorama. Le acompañan un elenco íntegramente vasco: Javier Tomé, Patricia Sésar, Alberto Núñez, Adhara Martínez y Josu Cámara, como actor.

La dirección escénica de Yolanda Bustillo, y la musical de José Luis Egiluz han asumido la ardua tarea de poner orden artístico en ese grande y variopinto conjunto de participantes y en las diversas actividades artísticas. Su objetivo ha consistido en crear la unidad necesaria para el buen desarrollo de un conjunto numeroso y variado. Además, han prestado una gran atención a potenciar la expresividad de cada uno de los elementos integrantes. To unido, como han quedado dicho, a la eficacia para reorganizar el espectáculo hacia las partes cantadas y bailadas, a causa de los problemas existentes en los recitados.

El caserío se estrenó el 11 de noviembre de 1926 en el Teatro de la Zarzuela de Madrid, con libreto de Federico Romero y Guillermo Fernández-Shaw. La efemérides de su centenario está sirviendo también para reivindicar la trayectoria de una formación estrechamente vinculada a la zarzuela. La Masa Coral del Ensanche comenzó su andadura en un caserío del Ensanche en 1903, y desde entonces ha reunido a generaciones de amantes del canto que han forjado una trayectoria marcada por la calidad y el respeto al género.

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