Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 10 junio 2017 - 9:58 am
Categoría: General

David Barbero

-Los responsables confiesan abiertamente que su intención, con el espectáculo escénico ‘Rámper’, es recuperar la figura del gran payaso de la primera mitad del siglo pasado. Es discutible si el verbo recuperar se puede sustituir por ‘resucitar’. Pero resulta indudable, tras verlo y disfrutarlo, que la operación les ha salido redonda.
-Y no era fácil. Había peligros. Se podía caer en el historicismo, en la hagiografía, en la profusión de alabanzas, en la nostalgia lacrimógena y en el discurso laudatorio. Todo eso hubiera constituido un recuerdo de velatorio y un espectáculo aburrido.
-La opción de Imanol Ituiño y de Juan Paños ha consistido en hacer presente a ‘Rámper’, colocarlo encima del escenario y dejarlo suelto como hacía él en sus tiempos.
-Esta puesta en libertad de ‘Rámper’ tuvo lugar ayer en Pabellón 6, del off Bilbao.
-Por lo comprobado allí, había mucha gente que le esperábamos, ya que la sala estuvo llena. También se comprobó que fue muy bien recibido. Los aplausos finales sonaron largos e intensos. Durante la función, la atención, la complicidad, las reacciones positivas y la participación en el juego fueron constantes.
-Imanol Ituiño, autor y director del espectáculo, ha realizado un trabajo interesante, inteligente, hábil. Ingenioso, cuidado y medido. Por algo le han premiado el texto en el concurso del Café Bar Bilbao.
-Juan Paños, al encarnar el papel de Rámper, demuestra tener muchas cualidades como actor, mimo, payaso, mago y comunicador de emociones.
-No sólo a ellos hay que atribuir el mérito de esta recuperación. Los responsables del vestuario, iluminación, efectos sonoros y luthier merecen también su parte.
-En conclusión, el regreso de Rámper a los escenarios es una gratificante noticia para todos.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 7 junio 2017 - 10:29 am
Categoría: General

David Barbero

-Lo primero que hay que decir, de modo muy destacado, es la gran interpretación que hace el muy veterano actor Héctor Alterio en la obra ‘El padre’, escrita por Florian Zeller y dirigida por José Carlos Plaza.
-Comenzaron ayer en el Teatro Arriaga de Bilbao la serie de representaciones de esta obra. A la salida del espectáculo, todos los comentarios, con absoluta unanimidad, iban dirigidos a alabar y exaltar su trabajo.
-También se destacaba el gran mérito y el gran esfuerzo de sacar adelante, con esa lucidez y esa perfección, un papel tan complejo, tan lleno de matices, con tanta profundidad psicológica.
-Había, lógicamente, alusiones a su edad. Se insistía en que, a pesar de sus años, demuestra conservar todas las fuerzas, sobre todo mentales, para realizar esa interpretación.
-No hay que desechar el trabajo del resto de los intérpretes. Pero quedan oscurecidos por la magnitud del protagonista.
-Esa representación tenía otras curiosidades e intereses. Uno de los destacados era su autor Florian Zeller. Un triunfador en la escena francesa y en otros muchos países. Esta vez también hay que aludir a su edad. Pero en sentido contrario, por la rapidez con la que ha conseguido ese triunfo.
-En esta ocasión, está por medio la dificultad del tema tratado: La mente humana, sus trastornos, el alzhéimer, la desconexión de la realidad, el progresivo deterioro de la lucidez. Es un asunto intrincado para reflejar del modo exacto sobre el escenario. Hay que reconocer que lo hace con mucho acierto. La decisión de mostrarlo desde lo que sucede en la cabeza del afectado es estupenda. El manejo de las contradicciones, de las frustraciones, del progresivo deterioro, de las reacciones está adecuadamente marcado.
-Si hubiera que señalar algún pero. Quizá se podría decir que algunas reiteraciones o insistencias no son necesarias, porque todo ha quedado claro.
-Otro de los atractivos está en la adaptación y la dirección del gran José Carlos Plaza. Realiza un trabajo detallista y meticuloso. Se nota su mirada atenta y su mano experta. A su lado, hay que fijarse en la sutileza con que se van haciendo, progresivamente, los cambios en el escenario desde la abundancia inicial hasta la blanca limpieza del final. Es otra imagen de lo que sucede en la mente del protagonista. Quizá, en algunos momentos, la música parezca excesivamente contundente, cuando el deterioro, en su tragedia, es inmisericorde pero callado.
-En consecuencia, volvamos al principio, para reiterar el gran trabajo de un inmenso Héctor Alterio.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 5 junio 2017 - 10:28 am
Categoría: General

David Barbero

-Acudí ayer a la sala BBK de la Gran vía bilbaína con la ilusión de reencontrarme con el apasionado autor teatral, el concienzudo analista y el buen amigo Alfonso Sastre. En ese local, se representaba su emblemática obra ‘Escuadra hacia la muerte’.
-Reconoceré que, a esa ilusión por el reencuentro inmaterial, se unió la inquietud o por lo menos la curiosidad por lo que hubieran hecho con esa obra en su adaptación a los nuevos tiempos.
-Esta adaptación ha sido responsabilidad de Paco Azorín, quien también ha asumido la dirección. Ha contado por el respaldo en la producción del Centro Dramático Nacional y la colaboración de un largo y reconocidito elenco de actores.
-Mi inquietud no estaba en la desconfianza de estos profesionales reconocidos. Radicaba más en las características de la obra; O por lo menos en la idea que yo tengo de ella.
-El estreno de ‘Escuadra hacia la muerte’ en el año 1953, creo, significó un acontecimiento más que teatral dentro de aquella dictadora en sus años más duros. La censura la dejó sobrevivir sólo tres días.
-Sin duda, en la intención de Alfonso Sastre estaba el deseo de mostrar el ambiente agobiante y claustrofóbico de ese momento. También había un propósito de trascenderlo, de profundizar tanto ideológicamente como en los aspectos técnicos y artísticos que le han preocupado mucho. Incluso yo veía una filosofía social subyacente.
-Debo decir que la versión que vi ayer, sin ninguna intención de hacer crítica, no es la que yo hubiera imaginado. Reconozco que me desconcertó en bastantes momentos. A mi juicio, no sirvió para acercarla al momento actual, ni para clarificar su significado. Pero eso es una apreciación subjetiva.
-El hecho principal es reencuentro con el gran Alfonso Sastre.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 8 mayo 2017 - 10:56 am
Categoría: General

David Barbero

-Acudí ayer a la sala dos del Teatro Barakaldo a ver ‘Una comedia española’ de Yasmina Reza por la compañía Teatro Estudio de san Sebastián. Lo hice también con dos intenciones.
-Comienzo por la segunda intención. No había visto todavía esta obra. Tampoco la había leído. Me había preocupado sólo de conocer resúmenes, referencias y reseñas de su presentación en el Centro Dramático nacional de Madrid. Sabía que la propia autora tiene en gran estima esta pieza, entre las que ha escrito y con las que ha triunfado mundialmente. Esa opinión particular me inclinaba a superar esa ignorancia casi vergonzante.
-Me pareció un texto muy potente, intenso, complejo en ele buen sentido de la palabra, con muchas capas y con planos entrecruzados. Pesenta varios juegos dialécticos a la vez, deferentes análisis. Como las muñecas rusas, va abriendo sucesivas cajas donde se encuentra un nuevo estimulo. A cada personaje, le coloca en distintas posiciones y antes varios espejos al mismo tiempo.
-En definitiva, es una obra que exige una dirección muy fina y meticulosa. También pide que los intérpretes manejen varios registros. Y al espectador le obliga a mantener una atención múltiple.
-La primera intención que me movía ayer a acudir a la sala dos del teatro Barakaldo era ver cómo seguían los integrantes de la veterana compañía Teatro Estudio de San Sebastián. Había trabajado con ellos en lecturas dramatizadas, presentaciones de libros y en entrevistas televisivas. Ahora están celebrando el cincuentenario de su fundación. Hacía tiempo que no los veía. Pero recordaba su meticulosa forma de hacer, su serio trabajo de preparación y su entusiasmo.
-Ayer me pareció que mantienen todas esas cualidades y que han aumentado su experiencia, su búsqueda del detalle, del gesto, del matiz, de la manera de colocar las frases. También conservan su decisión y su valentía ante el riesgo.
-Haber elegido ‘Una comedia española’ de Yasmina Reza y haberla sacado adelante de esta manera es digno de la más sincera enhorabuena.

Desde la fila tres del patio de butacas
Por David Barbero | 7 mayo 2017 - 12:01 pm
Categoría: General

David Barbero

-Estuve ayer en el Teatro Barakaldo, disfrutando de la extraordinaria interpretación de Luis Bermejo en la obra ‘El minuto del payaso’, escrita por José Ramón Fernández y dirigida por Fernando Soto.
-Como esta obra lleva muchas representaciones y una prolongada gira, uno ha oído ya multitud de opiniones sobre la misma. En todas esas opiniones, hay absoluta unanimidad en las alabanzas y los elogios para el extraordinario trabajo interpretativo de Luis Bermejo. Hay tal identificación, vivencia y virtuosismo en cada uno de los gestos, palabras, gritos o movimientos que es preciso decir que ‘es’ el payaso en lugar de interpretarlo.
-Dentro de ese recital interpretativo, hay tantos matices, tanta sabiduría, tanta perfección que colocan a Luis Bermejo en las máximas categorías de su oficio. Ya lo estaba por otros trabajos. Pero en éste, y al encontrase solo frente al mundo, la perfección es todavía mayor.
-La representación de ayer tiene la característica, señalada antes, de venir precedida de muchas sesiones anteriores y de una larga gira. Eso hace que el intérprete se haya comido, asimilado, identificado y somatizado el personaje y la función entera. Quizá, eso deforme en algo el sentido original. Pero le da otros matices, otra actitud, otra grandeza y otra libertad.
-Estas alabanzas al gran Luis Bermejo pueden tener el riesgo de olvidar las extraordinarias cualidades del texto de José Ramón Fernández, lleno de detalles, ideas, expresiones y sutilizas muy encomiables. Tampoco se puede obviar la importancia de la dirección realizada por Fernando Soto. Asimismo sería injusto no tener en cuenta la labor de otros oficios teatrales como iluminación, vestuario, decorados…
-A veces se piensa que, para hacer un monologo, basta con que un actor se atreva a salir a cuerpo descubierto delante del público. Pero si ese monólogo se hace con un buen texto, con una dirección estudiada y meticulosa, con todos los detalles técnicos cuidados, y lógicamente con un actor extraordinario, cuando todo se toma tan en serio, entonces sale algo parecido a ‘El minuto del payaso’.

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