-Es muy posible que los expertos en literatura dramática del siglo XIX me traten de ignorante o de irreverente. Pero de la visión ayer de la obra de teatro ‘La señorita Julia’ de August Strinberg, saqué la conclusión de que a esa obra se le notan mucho los años que han transcurrido desde su estreno allá en el 1888..
-¿Quieres decir que no mantiene su vigencia?
-Ten en cuenta que la culpa puede ser de la representación, del director, de los interpretes…
-Incluso puede depender de tu estado de ánimo.
-Fundamentalmente me pareció una obra confusa. No digo compleja. El término es ‘confusa’.
-Piensa que Strinberg era un esquizofrénico y sufría manía persecutoria.
-Tampoco saques ahora los trapos sucios.
-Lo he dicho como posible explicación de esa confusión de la que habla.
-Se sentía perseguido por las mujeres liberadas que asumían roles sociales que él consideraba exclusivamente masculinos.
-No me refiero a su intento de presentar una Julia responsable de todo lo que le pasa por asumir esos roles.
-La confusión está fundamentalmente en la media hora de representación que va después de que la hija del conde y el criado tienen las relaciones sexuales. Hay una serie de actitudes, sentimientos, emociones, propuestas… sin ninguna justificación, sin estar motivadas, incomprensibles.
-Recurrir a los efectos del vino o a trastornos momentáneos es el reconocimiento de su confusión.
-Además, los planteamientos ideológicos están pasados de actualidad, han perdido vigencia.
-Ese tema del honor, basado en las relaciones sexuales entre diferentes clases, está ya caduco.
-Que se lo digan a la mayoría de las sobras del teatro clásico español.